¿Ingobernabilidad, o irresponsabilidad?

Vamos a despedir el año, si nadie lo remedia, sin un nuevo gobierno en plena función de sus facultades y responsabilidades. Desde el mes de febrero, fecha en la que se disolvieron las Cortes, estamos con la “interinidad”. Una “interinidad” interesada por las derechas política y los poderes económico-mediáticos… ¡Cómo si no fueran lo mismo!… que se niegan a aceptar el veredicto del electorado que, de forma reiterada ha expresado su deseo de ser gobernados por el Partido Socialista con apoyos de otros grupos. Ese es el veredicto. ¡Y no una vez, sino cinco! Pues no olvidemos que, desde la disolución de las Cortes, mes de febrero, se han celebrado cinco procesos electorales (dos elecciones generales, unas municipales, unas autonómicas y unas europeas) y en todas, el ganador ha sido el PSOE. Pues hay quienes no lo aceptan y trabajan para que todo se vaya al traste.
Si tras el 28-A se hubiese aceptado ese resultado, nos podríamos haber encontrado en dos escenarios posibles. El primero que, en aras de la estabilidad y gobernabilidad, se hubiese acordado un gobierno PSOE-C’s. Ambos sumaban 180 escaños, mayoría suficiente para investidura en primera sesión y gobierno de coalición, o en solitario con un acuerdo de legislatura. Ese escenario quedaba de antemano descartado pues Rivera y sus “mariachis” llevaban tiempo instalados en el “monte”, e intentando el asalto al “castillo” del PP, para hacerse con el “botín” de la derecha. No fueron capaces de ver que el electorado no les había votado para sus “cuitas”, sino para que fueran útiles para la ciudadanía. Un error que han pagado… ¡Y bien pagado!
El segundo escenario, que estuvo a punto de ser realidad, era la formación de un gobierno del PSOE (en coalición o en solitario) con apoyo de U.P. y otros grupos. Y si esto se frustró fue, en gran parte porque ante la certeza de ser imprescindible se sube el precio a “cobrar”.

De las huestes de los “charranes” no era previsible ningún gesto de responsabilidad y cordura. De manera que a la vez que se “rasgaban las vestiduras”, igual que lo hacía Rivera, por la posibilidad de un pacto entre el PSOE y U.P. con apoyo de ERC, empujaban cada día para que eso se produjese, sin caer en la cuenta que con esa actitud se provocaban dos cosas, la primera, que los posibles socios del PSOE en ese acuerdo, elevasen su “precio” y exigiesen más de lo que “valían”. La segunda que ante el “precio a pagar”, el PSOE se viene abocado a no aceptarlo y con ello la repetición automática de las elecciones. Así ocurrió y así llegamos a donde estamos.

Nuevamente el PSOE ganó las elecciones y Pedro Sánchez ha sido designado, por el Jefe del Estado, para que se someta a la sesión de investidura e intente formar gobierno. Los números son los números y la conformación del Congreso es la que es. ¿Cómo quieren entonces que se forme gobierno? Porque si se les presta atención a las fórmulas que algunos/as “lumbreras” de las derechas (en todo su amplio campo, mediático-económico-político) pareciera que, o no acudieron a clase de matemáticas, o bien están instalados en la ignorancia supina en los asuntos de la política.
La aritmética parlamentaria es la que es, y además de forma reiterada. No hay ninguna alternativa para la formación de gobierno que no pase por el PSOE y por Pedro Sánchez como presidente (bueno, si la hay en los deseos de muchos, que quisieran que la derecha asumiera el poder que por derecho “divino” le corresponde. Al fin y al cabo, solo se trataría de volver a acuñar aquello de “por la gracia de Dios”). Esa es la realidad que, le guste o no a las derechas y sus “terminales”, han dictaminado las urnas (en cinco ocasiones, no lo olvidemos) y la misma obliga a todos los partidos a asumir su alícuota parte de responsabilidad. El PSOE ya ha asumido la suya. Pedro Sánchez, al contrario que Rajoy en 2016, no ha “declinado” aceptar el encargo del Jefe del Estado, sino que lo ha asumido y trabaja para que llegue a buen fin. Ha sellado un acuerdo con U.P. y está en conversaciones con otros partidos para ver la posibilidad de llegar a acuerdos. Unos ya le han dado el visto bueno y en estos momentos todo está pendiente de ERC.
Entendiendo que la incorporación de ERC a ese acuerdo puede ser un elemento sustancial para poder hacer frente al problema de Cataluña, no es menos cierto que tal como se están comportando otros actores políticos, ERC puede tener, si no la tiene ya, la tentación de elevar tanto el “precio” de su abstención, que de nuevo el PSOE se vea abocado a decir que “ese precio” es inasumible. ¿No son conscientes de ello “las mentes” de las derechas, o es que están forzando unas nuevas elecciones?
Personalmente creo que es eso, forzar unas nuevas elecciones. Y lo creo porque basta observar el lenguaje (la terminología, al más puro estilo franquista. Hasta han rescatado el “comunismo” como forma de presagiar todos los males) el contenido y el tono de sus mensajes, para llegar a esa conclusión.
Pero lo peor de todo es que ellos, las derechas y sus “sicarios”, saben perfectamente que el gobierno que pudiese formarse ni sería “comunista”, ni “rompería” España. Primero porque se está dejando claro, por si alguien pudiera pensar lo contrario, que ningún gobierno puede saltarse el ordenamiento jurídico ¡Ni, aunque quisiera! Que no es el caso. Segundo, porque si España no se rompió bajo el mandato de Rajoy, que fue una “fábrica” de independentistas, difícilmente se podría romper bajo cualquier otro gobierno. ¿O es que tras visto lo visto, (dos simulacros de referéndum y una Declaración Unilateral de Independencia) quedaría algo más grave por ocurrir para demostrar la fortaleza del Estado de Derecho? Pues esto lo saben perfectamente las derechas y sus “sicarios” y si lo repiten de forma machacona no es por creer que eso podría ocurrir, sino porque con ese argumento excitan las bajas pasiones de una parte del electorado que, ingenuamente se deja engañar.
¿A qué juegan entonces las derechas? Es aquí donde deberíamos pararnos a reflexionar. Porque las derechas están jugando a la desestabilización del país, simple y llanamente a eso. Pensando que, ante un largo periodo de desestabilización, se deteriorará la economía, podría producirse un incremento del paro y ello provocará un desgaste del gobierno en funciones y un hartazgo del electorado, incrementándose la desafección ciudadana hacia la política y, ante unas nuevas elecciones, la abstención crecería de forma alarmante. Y como está demostrado, es justamente el electorado de izquierda el que antes llega al hartazgo y decide no acudir a votar. Porque el electorado de izquierda, en su mayoría, necesita realidades. Esas realidades que le ayuden a resolver sus problemas diarios, que le saquen de la incertidumbre de si un periodo de enfermedad significará el despido de su trabajo, de que existan garantías para poder seguir cobrando su pensión, que esta se actualice de manera adecuada… Por el contrario, el electorado de derechas está más preocupado por la “bandera”, el “España se rompe” y los “inmigrantes nos invaden”… Mensajes estos que, aparte de ser falsos, no nos llevan más que a un incremento de la tensión social, al enfrentamiento territorial y a que los de siempre sigan haciendo sus “negocios” mientras la mayoría entra en estado de desesperación.

Tal vez deberíamos recordarle a Casado aquella frase de su colega Rajoy: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político”que, a pesar de su enrevesado, venía a plantear que hay quienes prefieren el desastre a la asunción de responsabilidades y el PP lleva tiempo instalado en el “cuanto peor, mejor”.

Quisiera ser optimista pero no encuentro motivos para ello. Nuestra clase política adolece de algo consustancial a su “profesión”, el diálogo como método de resolver los conflictos. Hoy se “lleva” más el lucir testosterona ¡y así nos va! Tal vez porque la “testosterona” abunda más en el hombre que en la mujer, sea la causa de que hayamos entrado en un bucle que solo puede conducir al “desastre”. Porque ya me diréis, amigos/as, si no sería un desastre que, de nuevo, el gobierno de España fuese ocupado por una derecha reaccionaria y corrupta, añorante de los años de la dictadura.
¡Pues en esa están unos pocos! Aunque el perjuicio sea para la inmensa mayoría.

Para finalizar recordar una cita de Albert Camus: “El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma” Y en España se lleva mucho tiempo con ese hábito. Así que tengamos cuidado para no llegar a esa otra cita, esta de Dan Brown: “Ante la desesperación, los seres humanos se vuelven animales.” Y terminemos viviendo una auténtica “selva”. ¡Si es que no lo estamos ya!

Rafa Valera 16-12-2019

Algunos datos tras el 10-N

Una semana después de la celebración de las elecciones generales, se han empezado a publicar diferentes estudios sobre el comportamiento del electorado el pasado día 10 de noviembre. Algunos he podido leer, observando que existen importantes diferencias entre ellos, y aunque coinciden en poner el “foco” sobre los resultados de Ciudadanos, es bueno analizar con detalle los datos que afectan a cada uno de los partidos, pues eso nos permite poder hacer una valoración más rigurosa del porqué de unos resultados que, no por esperados, han dejado de sorprender a muchos analistas.
De los varios estudios publicados, con cifras discordantes, como ya he dicho, y con algunos errores de “libro”, como el de modificar los datos de votos obtenidos por algunas formaciones políticas el 28-A, (recordemos que los datos del 28-A son ya definitivos y están publicados de manera oficial por la JEC y por el Ministerio del Interior), tras “desmenuzar las cifras, y las letras”, de los mismos, me permito realizar el análisis que expongo a continuación. Con la esperanza que una vez se publique el, obligado, “Barómetro postelectoral” del CIS, podamos tener una visión muchos más ajustada del “trasiego” de votos entre las distintas formaciones políticas y entre estas y la abstención.

El primer dato a considerar es el nivel de participación, que bajó en casi 6 puntos (dato pendiente de confirmar tras el recuento del voto CERA), con respecto a la que se produjo el 28 de abril. Si bien hay que resaltar que la participación del 28 de abril fue una de las más altas de cuantas elecciones generales se han celebrado desde 1977 (ver cuadro 1).
Al incremento de la abstención, el 10-N con respecto al 28-A, ha contribuido, en gran parte, las sucias campañas que tanto el PP, como muchos medios de comunicación han llevado a cabo. Se ha hecho realidad la profecía auto cumplida”. De tanto invocar a la alta abstención, esta se ha producido. Se presumía que, a menor participación, mayores posibilidades para el triunfo de las derechas y que la suma de las tres permitiera formar gobierno. Lo que seguramente no preveían es el grado de descalabro que sufriría Ciudadanos.

Los datos nos vienen a decir que en realidad lo que se ha producido es un “reajuste” del voto entre las tres derechas. En la competición por ver quiénes eran más de derechas, el electorado ha optado por los “originales”, despreciando la “copia”. Mientras que el campo de la izquierda, ciertamente perjudicada por la menor participación y contar con un “actor” nuevo, se han “salvado los muebles” y en votos absolutos sigue por delante de la derecha.
En este cuadro podemos ver cuál ha sido el grado de participación en cada una de las elecciones generales celebradas desde la restauración de la democracia.

La lectura de estos datos ha de realizarse teniendo en cuenta la incidencia que sobre el porcentaje de participación tiene el voto CERA. A modo de ejemplo decir que el porcentaje de personas que acudieron a las urnas el 28-A, sin tener en cuenta el CERA, superó el 75%, al incluirse este, bajó al 71,76%. En los primeros procesos electorales, este censo de residentes ausentes, no tenía la incidencia que tiene ahora.

10-N_Cuadro 1

Más adelante analizaremos de dónde se nutre la abstención.

La segunda consideración es el trasvase de votos entre las distintas formaciones políticas, cosa que suele ocurrir en todas las citas electorales, pero que en esta ocasión ha de analizarse con mayor atención y detenimiento, pues la importante subida del voto a la ultra derecha, no solo aconseja hacerlo, sino que obliga a ello para determinar las causas.
En el cuadro siguiente (2) podemos ver el movimiento de votos entre las diferentes fuerzas políticas y/o abstencionistas.

10-N_Cuadro 2

Para que la lectura del cuadro pueda ser mejor entendida, elijo como ejemplo la primera línea horizontal y la columna del PSOE, y aclaro su lectura.
El PSOE, de sus votantes el 28-A, (7.513.000) retiene 5.954.000 votos, pierde 80.000 votos en favor del PP, 52.000 en favor de C’s, 310.000 en favor de U.P., 15.000 en favor de Vox, 215 en favor de +País, 30.000 en favor de otros partidos y 850.000 que se van a la abstención. Por el contrario (columna 1), obtiene 60 mil votos de votantes del PP el 28-A, 190.000 de C’s, 320.000 de U.P., 2.000 de Vox, 105.000 de otros partidos y 120.000 de anteriores abstencionistas.

Dentro de este apartado, merece que nos detengamos en ver el trasvase de votos entre bloques y si la abstención viene a perjudicar más a un bloque que a otro.

10-N_Cuadro 3

En la “transferencia” de votos entre bloques, existe un saldo positivo para la izquierda de 128.000 votos

Veamos ahora cómo se nutre el incremento de abstención entre el 28-A y el 10-N

10-N_Cuadro 4

Como puede observarse en los diferentes cuadros, la transferencia de votos entre partidos (algo que se produce en todos los procesos electorales) no es significativa en el campo de la izquierda, pero es determinante en el campo de la derecha, de manera que el hundimiento de Ciudadanos, como consecuencia del trasvase de votos en todas las direcciones, (PP, Vox y PSOE, por ese orden) ha posibilitado un importante ascenso de la extrema derecha y del PP.

Como hemos visto, el trasvase de votos entre bloques es favorable, por escaso margen, a la izquierda.

La abstención, que siempre se ha dicho que es perjudicial para la izquierda, ha venido a perjudicar, en esta ocasión, más a quienes el electorado sitúa en la zona media del tablero ideológico, PSOE en el campo de la izquierda (4,2, en el último barómetro del CIS) y C’s en el campo de la derecha (7,1 en el último barómetro del CIS). Si en el caso del PSOE es importante el déficit entre votos que se le han ido a la abstención y votos recuperados de la misma, en el caso de Ciudadanos, llama la atención que casi un 30% de sus votantes el 28-A, decidieran abstenerse el 10-N.

La irrupción de “Más País” en el tablero político no ha venido a tener la incidencia que desde los analistas políticos y medios de comunicación se le quiso dar. Los algo más de 500.000 votos en el conjunto de las circunscripciones por las que concurría, han salido, en gran parte, de anteriores votantes de U.P. y PSOE, muchos de los cuales pensaban abstenerse.

De todo esto, es la extrema derecha, Vox, quien saca mayor rédito. Por un lado obtiene unos ochocientos mil votos procedentes de PP y Ciudadanos, y por otro, se encuentra con un saldo positivo de más de 250.000 votos entre los perdidos hacia la abstención y recuperados de la misma.

En números redondos, casi dos millones, de los diez millones y medio, de abstencionistas el 28-A, votaron el 10-N. Eso nos lleva a deducir que unos tres millones y medio de personas que votaron el 28-A, se abstuvieron el 10-N.

Hasta aquí los números. Nos falta conocer las razones argumentales de quienes decidieron cambiar el voto y de aquellas personas que decidieron no acudir a las urnas. Muchas de esas razones pueden ser “intuidas”, pero es de esperar que tras el barómetro postelectoral que se publicará en breve, las mismas dejen de ser una intuición y se conviertan en una certeza.

Como conclusión, solo es de esperar que todos hayamos extraídos algunas enseñanzas de todo lo acontecido desde el 28-A. Que la experiencia nos sirva para no caer en los mismos errores y que el tiempo nuevo que se abre, si se llega a conformar el gobierno de coalición, nos permita ir eliminando muchas de las causas que, se intuyen, han provocado la alta abstención del pasado 10-N.

Rafa Valera 21-11-2019

 

 

El CIS, datos, críticas y descalificaciones.

En la noche de ayer, colgué en mi muro de Facebook un post, que enlazo, referente a la publicación del barómetro del CIS. Hoy tras la lectura de múltiples artículos, alguna columna y cientos de comentarios, quiero ampliar el mismo. No lo hago con el ánimo de persuadir a nadie, pues en esto de las encuestas, lo he dicho muchas veces, me declaro ateo, pero como decía un amigo mío (supongo que por haberlo leído u oído) “Yo no creo en ningún dios, ni siquiera en el mío, que es el verdadero”. Pues en mi caso, solo los datos “fríos”, son los que me sirven a la hora de realizar los análisis. De ahí que, sin ánimo de convencer, solo pretenda que el artículo pueda ser pedagógico y con ello ayudar a comprender algo mejor las cosas.
Debo confesar que me gustaría que los politólogos que inundan las tertulias, que disponen de “altavoces” mediáticos a voluntad, fuesen capaces de pararse en el análisis de los datos antes de empezar a soltar “exabruptos” y descalificaciones. Honestamente creo, que lo más adecuado es ver lo que se decía en abril, cotejarlo con lo ocurrido y analizar los datos que nos proporcionan ahora. A partir de ahí, que cada cual extraiga las conclusiones que estime conveniente, las que les satisfagan más, o las que desearía se produjesen. Queda a gusto del “consumidor”, pero que cualquier conclusión a la que llegue, sea producto de los datos reales y no de imaginaciones.

Post publicado el día 29 de octubre a las 22 horas, en el muro de Facebook.

10N_2

Ahora, incorporo algunos datos que nos pueden ayudar a tener una visión más clara de lo que nos dicen, del porqué de unas proyecciones que ha puesto de los nervios a toda la caterva de tertulian@s al servicio de los poderes mediático-económicos.
El los cuadros que a continuación se exponen, se puede observar el grado de acierto, o error, que tuvieron las proyecciones realizadas por el CIS en su barómetro previo a las elecciones del 28-A.

El primero de estos cuadros recoge la proyección que hacía el CIS y los resultados del 28-A.

Comparativa_Abril_2019

A la hora de analizar los datos se ha de tener en cuenta el nivel de participación, pues ello tiene especial incidencia en los cálculos sobre porcentajes de votos que obtendría cada partido. Creo que con el siguiente ejemplo se aclara bastante.

Cuando se le pregunta a los encuestados sobre a qué partido votará (es una respuesta espontánea, sin que por parte del encuestador se le relacionen los partidos), un porcentaje de ellos se inclinan por el partido A, pongamos que lo hace un 20% de los encuestados. Si todos los encuestados acuden a votar, el partido A, obtendría el 20% de los votos. Pero no todos los encuestados acuden a votar. Una parte de ellos ya manifiestan su intención de no hacerlo y otra parte muestra ciertas dudas. Por lo que ese 20% que manifestó su intención de votar al partido A, se convierte en un porcentaje mayor a la hora de depositar el voto en la urna. Si acude a votar el 75% del electorado, ese 20% se convierte en el 26,66% de los electores que sí han depositado su voto. De ahí que a la hora de hacer los cálculos para proyectar el porcentaje de votos que pudiera obtener cada partido, deba tenerse presente la participación estimada. 

El 28 de abril, la participación fue del 75,75% de los electores censados en España y del 71,76% si se tiene en cuanta el CERA (que son los residentes en el extranjero, de los cuales solo llegó a votar el 5,63%. (118.357 de 2.099.463 personas censadas). Es por ello por lo que la estimación realizada, en % de votos, se ve alterada y condicionada por la cantidad total de electores que acuden a votar.

En el segundo cuadro, se recogen los datos de los barómetros de abril y octubre de 2019, observándose cómo incide el voto directo (que recordemos es el que manifiestan de forma espontánea los encuestados) en la proyección de resultados, pues se estima que habrá menos participación.

Comparativa_Abril_octubre

Los cálculos de participación el 10-N, sobre los que se proyectan los resultados estimados de los distintos estudios demoscópicos (también los del CIS), son algo más bajos que los obtenidos el 28-A, oscilan entre 3 y 4 puntos menos. Por lo que si seguimos el ejemplo anterior, el partido A, que obtenía una intención directa de voto del 20%, con un 70% de participación elevaría el porcentaje obtenido hasta el 28,57%  (antes obtenía el 26,66%)

Bueno, pues estas variables no son tenidas en cuenta, o al menos así se deduce de los comentarios, por quienes se dedican a criticar, sin proporción de medida, los datos que aporta el barómetro del CIS.

Yo no digo si las proyecciones son acertadas o no, pero lo que no es admisible es la descalificación de “brocha gorda” que se hace del barómetro. Porque los datos están a disposición de quien quiera estudiarlos, todo el mundo tiene acceso a ellos. ¿Cuál es entonces la causa para no hacer una crítica basada en los mismos y no una descalificación genérica, ignorando además los datos que se aportan?

¿Tanto cuesta hacer una crítica, incluso una “enmienda a la totalidad” que, de acuerdo con los datos expuestos, sea rigurosa y a la vez pedagógica para quienes escuchan o leen a estos profesionales del “micrófono” o de la “pluma”? Creo que no se hace, simplemente, porque si se hiciera se vería que carece de rigor y por ello es más fácil la descalificación. Y, también, porque manteniendo a la gente en el desconocimiento, se les manipula con más facilidad.

Hasta ahora, la descalificación que más abunda es que el CIS “infla los resultados del PSOE”, pero no he visto a nadie que se haya parado a comentar que la intención directa de voto del PSOE, ha subido un punto con respecto al mes de abril. Y ese dato no es discutible, porque es el que se obtiene de la manifestación espontánea de la persona encuestada.

Dejando claro que, las encuestas, por grandes que sean y esta es la mayor que se realiza, no dejan de ser la “fotografía” de un momento, por lo que la única que vale es la del día de la votación, la del 10-N, que será la que realmente exprese con absoluta nitidez el pensamiento de la ciudadanía. Por ello, nadie debe relajarse, confiarse o pensar que el camino está hecho. Nada está conseguido, el día 10 de noviembre, cuando se abran los colegios electorales, todas las formaciones políticas contarán con el mismo número de votos, cero. Será a partir de las 9 de la mañana cuando se irá viendo el trabajo realizado por miles, millones, de personas que tienen depositada su confianza en este partido centenario como la herramienta más eficaz para ir mejorando día a día la vida de la mayoría social. Como el mejor instrumento para luchar contra las desigualdades, por conseguir una sociedad más justa y en libertad.
Ese debe ser el objetivo que nos debe llevar a los socialistas a no decaer en nuestra lucha.

Mientras tanto, seguiremos escuchando y leyendo todo tipo de ataques y descalificaciones hacia todo aquello que tenga que ver con el PSOE. Es el sino de las derechas, pero no debería ser el de quienes se auto proclaman de izquierda. Porque el día 10 no se detiene el mundo, sino que continúa y a no ser que lo que realmente se pretenda sea impedir a toda costa un gobierno del PSOE, habrá que llegar a acuerdos. Y estos serán cada vez más difíciles si se sigue en la dinámica de los insultos y las descalificaciones.

Rafa Valera 30-10-2019

Politólogos, tertulianos y la sociedad unidimensional.

Antes de entrar en “materia” debo aclarar que no soy politólogo, ni siquiera pude cursar estudios universitarios, en mi época estos estudios costaban dinero y las circunstancias de mi familia obligaban al “ingreso” y no al gasto. Por tanto, ciudadano como muchos miles, millones, que nos interesamos por la política, contemplo en muchas ocasiones, he de confesar que con cierto estupor, como se nos quiere “vender” determinadas tesis elaboradas por esos “sabios” politólogos. Tesis que parten, en mi opinión de un error, el de considerar a la sociedad en su conjunto como un elemento unidimensional, sin variantes ni matices.
Parten la mayoría de esos análisis, que desarrollan como “tesis doctorales”, de una interpretación de los resultados electorales más acorde con los deseos que con los datos. A la vez que, con una xenoglosia política, interpretan la voluntad del votante como si este fuese una sola persona y no millones. Intentaré explicarme.

El 28 de abril produjo unos resultados por todos conocidos. En buena lógica esos resultados deberían corresponder y relacionarse con las acciones políticas, el programa electoral y la campaña llevada a cabo por cada formación política. Y entenderse el éxito, o el fracaso, de cada cual, en función del “suelo” desde donde partían y de las expectativas que cada uno tenía. Es por ello que, con los datos en la mano, al margen de otras consideraciones, dos formaciones, PP y U.P. constatan una importante reducción de los apoyos con los que contaban anteriormente. ¿Se han planteado estas dos formaciones alguna autocrítica? ¿Han asumido sus dirigentes alguna responsabilidad por ello? No parece que haya sido así, ni una cosa ni la otra. ¿Han visto ustedes que este asunto se haya puesto a debate por nuestros tertulianos-politólogos? Al menos yo, no lo he visto. Es más, de forma hábil, hay que reconocerlo, los dirigentes de ambas formaciones, desde la misma noche lectoral, hicieron de los posibles pactos su tabla de salvación. Los líderes de ambas formaciones lo explicitaron de forma clara, querían copar los diferentes niveles de gobierno. El PP vio reforzada su estrategia e incrementó sus votos el 26 de mayo. Por el contrario, U.P. perdió más de un millón de votos en 28 días. No debía ser compartida, su estrategia, por sus votantes cuando le abandonaron.

El 26 de mayo se revalida el triunfo del PSOE, recupera apoyos el PP y caen de forma importante, U.P. C’s y la formación neofascista. ¿Se han tenido en cuenta estos resultados a la hora de analizar las posibilidades y las condiciones para la formación del Gobierno de la Nación? Yo creo que no, que nuestros politólogos-tertulianos, tanto monta, han seguido con unas tesis peregrinas para intentar contentar a quienes les pagan. De esta forma pusieron en “escena” una teoría que viene a reducir al electorado a la “unidimensión” (permítaseme el palabro). Esta teoría no es otra que la de interpretar que el elector, cada uno de nosotr@s, cuando votamos lo hacemos, no para que gobierne el partido que elegimos, no, lo hacemos para que gobierne en coalición con otros varios. Curiosa teoría, porque de ser así, a continuación, deberíamos saber si lo hacemos para que gobierne con uno, con dos o con tres y luego, además, determinar cuáles son esos partidos. ¡No, politólogos-tertulianos, no! Cuando una persona vota, lo hace para que gobierne el partido cuya papeleta ha introducido en la urna. Esa es la esperanza. Nadie vota para que su partido pueda ser la parte minoritaria de un gobierno de coalición. En todo caso, y eso ocurre con muchas organizaciones políticas, se les vota para que al menos obtenga una representación, pero no con la idea de que “pille” algo en el gobierno. De manera que esa teoría no deja de ser una más de las muchas que se pueden manejar, pero no se ajusta a la realidad.

Porque si nos abstraemos de nuestra particular visión de las cosas, seguimos esta misma teoría de gobierno de coalición, y nos atenemos a los datos fríos de las elecciones, se tendría que convenir que el gobierno resultante debió ser el formado por PSOE y C’s, pues entre ambos suman mayoría absoluta y no necesitan de otras fuerzas para gobernar. Pero al igual que esta idea queda totalmente descartada, no solo porque las elecciones del 28-A fueron planteadas por Rivera como un referéndum anti gobierno socialista y se ha “tirado al monte” de la radicalidad más reaccionaria; sino también, porque las posiciones que defiende Ciudadanos están muy alejadas de las del PSOE, no es menos cierto que Unidas Podemos hizo de su entrada en un gobierno de coalición uno de los ejes de su campaña y el resultado fue la caída en un millón trescientos mil votos… ¡Que son muchos votos! Que además una parte importante de la coalición se mostró, y se sigue mostrando, en contra de ello. ¿Qué ocurre, que solo se han de tener en cuenta los teórico votos de U.P. que podrían estar a favor de ese gobierno de coalición? ¿Los votos de quienes se muestran en contra no tienen validez? ¿Todos los electores de U.P. están a favor de entrar en un gobierno que ha de contar con el respaldo del PNV y la colaboración de otros partidos? ¿Cómo pueden asegurar que los casi siete millones y medio de votantes del PSOE, estarían de acuerdo con que su voto propiciase un gobierno con U.P., PNV y otros? No, esas teorías no se sostienen. Lo que el electorado ha expresado es que quiere un gobierno del PSOE y que este debe buscar los apoyos para poner en marcha su programa electoral. Negociando, sí, pero sobre la base del programa votado mayoritariamente. Existiendo, además, la imposibilidad política, que no aritmética, de formar un gobierno alternativo.
La insistencia en conformar un gobierno de coalición podría tener sentido para los líderes de U.P. (ya vimos, en vivo y en directo, que la rechazaron) pero cuando esa idea pierde su soporte argumental lógico es cuando pasa a ser defendida por lo más granado de la caverna mediática que, curiosamente, ha venido a coincidir con ese espectro ideológico al que llaman “extrema izquierda radical”. Una izquierda radical a la que la derechona española no parece hacerle ascos.
La insistencia en un gobierno de coalición es una batalla de los dirigentes de U.P. (ni siquiera se podría decir que de todos) que hicieron de ello “casus belli” en la negociación con el PSOE, pero que a la ciudadanía les es algo lejano y no se siente concernida por ello, por muchos que los “ejércitos de troll” podemitas pretenda hacerlo creer en las redes sociales. La ciudadanía estaba, y sigue estando, en los problemas que le afectan. Problemas que, como consecuencia del No de U.P., verán que se prolongan en el tiempo.

Por último, algo sobre lo que deberíamos reflexionar. Gran parte de U.P. ha expresado su rechazo a gobernar con el PSOE, omito las descalificaciones que acompañan a sus análisis argumentales, entendiendo que les era más conveniente llegar a un acuerdo programático y apoyo y control al gobierno desde el Parlamento. El PSOE ha mantenido desde el principio su deseo de gobernar en solitario y cedió a una propuesta rechazada por U.P., pero ¿Si un gobierno de coalición, a Unidas Podemos no le convenía y al PSOE no le gustaba, cual es la causa por la que no se ha llevado a cabo un acuerdo programático y de legislatura? Yo solo encuentro una, el intento de salvar las respectivas “cabezas” del núcleo dirigente de U.P. Eso o repetir las elecciones, no habrá tiempo, ni será el momento adecuado de poner en litigio el liderazgo, ya se manifestó Iglesias: “Seré candidato el 10 de noviembre”. No hay una cosa que aglutine más que el apelar al “ataque exterior” y en Unidas Podemos han “tocado a rebato” ¡Se sienten ofendido! ¡Y el señor Iglesias, reconfortado!

Rafa Valera 19-09-2019

Debatir lo sustancial y el efecto mariposa.

En muchas ocasiones, la inmediatez, las prisas por afrontar los debates que, de forma interesada, nos “proporcionan” los medios y los llamados “comunicadores”, nos hace obviar algunas cuestiones que, en mi opinión, no deberían ignorarse. Ya digo, son los medios y “comunicadores” (conocidos como tertulianos, pero que no son otra cosa que personas que se ganan la vida opinando, aunque muchas de esas opiniones parecen salida de un grave proceso de gastroenteritis) quienes deciden sobre qué temas debatir, sobre el enfoque que hay que darles a esos debates y finalmente cuánto de beneficio económico obtienen sus medios con todo el espectáculo montado alrededor. Así es como se desarrolla nuestro debate público, en función de intereses privados. Los intereses de los propietarios de los medios de comunicación y de los múltiples tertulian@s que hacen su “agosto”, aunque sea en julio, enero o abril. Son los “lobbies” de la opinión que, desde una u otra posición, presionan en defensa de sus intereses. Cada cual con la fuerza que le da el medio-empresarial, el emolumento que recibe o el posicionamiento ideológico propio. Eso es así. Nos guste o no, pero es la cruda realidad y hay que ser conscientes de ello.
Bueno pues a ese “trapo” entramos tod@s, con mayor o menor agrado, pero entramos. Y eso hace que determinadas cuestiones vayan quedando orilladas, como si no existiesen, como si llegado el momento de que las mismas tomen “protagonismo”, ya no tendrán sentido su aplicación o… ya veremos cómo se resuelven… Convendría ni olvidar ni despreciar las mismas. Y sobre todo pensar en el “efecto mariposa”.
Pues como bien desarrolla esta teoría del caos, (aunque la misma se refiera a la predicción meteorológica), “el efecto mariposa” indica que un pequeño cambio puede generar grandes resultados o, hipotéticamente, «el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York». Y todo por tener en cuenta, o no, pequeños detalles, a la hora de realizar las previsiones.
Pues esta teoría debería servir de referencia, para quienes se ganan “los garbanzos” en el “mundillo” de las tertulias o en los escaños del Congreso. Pues en los tiempos políticos que atravesamos, en los que la irresponsabilidad vence con claridad a la sensatez, despreciar “esos pequeños restos decimales”, como demostró el científico estadounidense Edward Norton Lorenz, puede producir que todos los cálculos y resultados extraídos de los mismos, no lleven más que a la “tempestad”, aunque esta vez no sea en Nueva York.
Cualquier ejemplo sería válido; desde la moción de censura, hace algo más de un año; la figura del “relator”, hace seis meses; los Presupuestos Generales del Estado, hace cuatro meses; o el debate para la formación de gobierno en el que estamos inmerso.

Cualquier “espectador” avispado, con una información suficiente, no puede más que calificar a la mayoría de esos “sesudos análisis” como de brocha gorda, para salir del paso, en los que lo mismo se comparan situaciones diferentes, como se obvian elementos fundamentales que inciden y determinan el asunto en cuestión.
Publiqué hace unos días, en mi muro de Facebook, un post titulado: “Una negociación incomprensible”, que no voy a repetir, pero que enlazo por si alguien no lo ha leído o no lo recuerda:

Exponía en el mismo mi extrañeza por el “método de negociación”, así como por las escasas referencias mediáticas a las medidas recogidas en el discurso de investidura de Pedro Sánchez. Bueno, pues ni el “sui generis” método de negociación ni el programa expuesto por el candidato, han merecido la dedicación analítica de nuestros “insignes” comunicadores. Para ninguno de ellos parece ser extraño que se intente formar el Consejo de Ministros antes de saber qué tiene que hacer cada uno de sus componentes. A ninguno parece preocuparle la “fecha de caducidad” de ese hipotético gobierno surgido de esa novedosa teoría negociadora. ¿O tal vez es ese el objetivo, que el gobierno que se forme tenga una corta vida?
Escasos fueron los análisis sobre la descabellada y demagógica consulta de Podemos a sus inscritos. ¿De verdad los sesudos politólogos que llenan las tertulias consideraron normal esa consulta y con esas opciones de respuestas? ¿Qué habrían pensado, o pensarían ahora, si al PSOE se le ocurriese consultar a su militancia en los mismos términos que lo hizo Podemos?
¿Qué análisis realizarían si el resultado de esa consulta diese como resultado que la militancia socialista no quiere que Podemos forme parte del gobierno?
Porque si uno se detiene a leer y escuchar a la mayoría de quienes están exigiendo que se conforme un gobierno de izquierda entre el PSOE y U.P., no puede más que llegar a la conclusión de que la formación de ese tipo de gobierno es un fin y no un medio. Cuando realmente la formación de un determinado tipo de gobierno debería ser el medio para alcanzar unos fines, aplicar un programa acordado, con un calendario legislativo donde se estableciesen las prioridades de la acción política y finalmente discutir sobre las personas que serían las encargadas de llevarlo adelante. No, pues sobre esto la mayoría de nuestros “comunicadores”: No saben/No contestan.

Enfrascados en su estrategia de conseguir a toda costa la formación de un gobierno de coalición, unos para a continuación tener “material” con el que atacar y otros intentando coadyuvar a salvar el liderazgo del tándem de Galapagar, ni siquiera han caído en la cuenta que había “materia” para poder “zurrarle” al PSOE, pues ha sido un error garrafal aceptar la estrategia negociadora de U.P.  En mi opinión, el PSOE debió plantarse y no aceptar hablar de nombres ni “cuotas” hasta no haberse acordado un programa de gobierno.

Me atrevería a decir que el 90% de quienes están debatiendo sobre la conveniencia o no, de la formación de gobierno, ni han leído, ni conocen el contenido del discurso de investidura. Y no es que trate de exigir que todo el mundo se lea las 34 páginas del discurso del candidato, pero si al menos conocer las ideas, las propuestas que como gobierno ofertó a la cámara para obtener la confianza. Porque ese debería ser el verdadero debate, qué propone el candidato a presidir el gobierno. Hablar sobre si, esas medidas, son las adecuadas para afrontar los retos que España tiene por delante. Si se hace frente, y cómo, a los problemas que más preocupan a la ciudadanía. Porque si uno hace caso a los múltiples estudios demoscópicos, la ciudadanía reitera de forma machacona cuáles son los asuntos que les preocupan y desde hace muchos años el paro ocupa el primer lugar en esa preocupación. Pues no. El debate se centró y se sigue centrando en el “quienes”. Para nada importa el qué, el cómo y el cuándo. Y no es culpa de la ciudadanía que, de una manera u otra, ya hemos visto que sigue las pautas de comportamiento que desde los medios deciden, pero ¿Y los teóricos politólogos, intelectuales y “opinadores” de todo? ¿No disponen de tiempo para ello? ¿No consideran que, en esas medidas y propuestas, está el diseño de país? ¿No tienen nada que refutar a las propuestas realizadas?
Tal vez un debate sobre ello, no genere controversias “populares”, no soliviante las “bajas pasiones” del espectador, no eleve mucho el “share” y con él los ingresos publicitarios, en definitiva, el negocio que permite a los propietarios ganar dinero y a los “opinadores” ganarse el “pan de cada día”.
Bueno, pues pasada la investidura fallida, la atención se sigue centrando en lo accesorio y se excluye lo fundamental. ¿Qué tiene que hacer el próximo gobierno? Ya sea de coalición, a la portuguesa o medio pensionista. Porque esta es otra, hay quienes no paran de hablar de gobierno a la “portuguesa”, pero desconocen la génesis, el desarrollo y el resultado del mismo. En Portugal no existe un gobierno de coalición de izquierdas, sino un Gobierno socialista apoyado por otras dos fuerzas, tras un pacto de legislatura. Ni siquiera se hizo un acto “solemne” para su firma, sino que se fue a lo sustancial, a lo fundamental, a los contenidos, se obvió el espectáculo. De manera que las tareas que habría de desarrollar el gobierno quedaron claras. Y es que hay quienes oyen campanas…
De eso no se debate. De las tareas pendientes que tiene España nadie sabe nada. De afrontar un nuevo modelo productivo…ni se habla. De cómo hacer frente al problema del sistema público de pensiones… ¡qué más da! Toda la atención mediática y, por ende, de la ciudadanía esté en saber quién puede ser vicepresidenta, o si en el gobierno debe haber dos, tres o cuatro ministros de tal partido. O si no debe haber ninguno porque no han estado a la altura. Mientras ese sea el debate, mal vamos. Pero ese es el negocio de quienes marcan las pautas.
Yo no soy partidario de repetir las elecciones, pero no por el motivo que muchos expresan, la abstención, sino por respeto a la ciudadanía que ya ha hecho su trabajo. Pero jugar a la teoría de la “profecía autocumplida” adelantando ya los altos niveles de abstención que se produciría de repetirse las elecciones, me parece una falta de respeto hacia el electorado, igual o mayor que decirle que el 28ª no ha servido para nada.

Desde hace tiempo, todos los barómetros del CIS recogen que una de las principales preocupaciones de los españoles es “Los/as políticos/as en general, los partidos y la política”. Sin caer en la “brocha gorda”, pues esta pregunta engloba respuestas muy diferentes, si es verdad que la actuación de nuestra clase política es motivo de preocupación para una gran parte de los españoles. Y esto no debería ignorarse. Por mucho que pensemos que al deterioro de la imagen de los políticos y de la política, no solo contribuyen sus propios componentes, sino también elementos exógenos interesados en que eso ocurra. Pues a pesar de ello, debería preocupar a quienes se dedican a las tareas políticas.

Quizás algún día el CIS, u otros estudios demoscópicos, decida preguntar a los españoles sobre la credibilidad y decencia de los medios de comunicación y sus “pobladores”. Ya veremos lo que se obtiene. De momento nos conformaremos con los estudios que cada cierto tiempo realiza la Universidad de Oxford, y en los que queda de manifiesto la escasa credibilidad que tienen. Se la ganan a pulso diariamente.
Y finalmente, quienes “trabajan” en favor de las tesis de U.P. (curiosamente todo el aparato mediático de la derecha y los controlados por los afines) ignoran algo tan fundamental que quizás esté empezando a tomar cuerpo y solidez. Cualquier acuerdo de gobierno del PSOE con otras fuerzas, ha de pasar por el refrendo de la militancia. Con mesas electorales, urnas, cabinas y papeletas. Con presencia de la persona que vota. Ni inscritos, ni “bots”, ni clicar por miles, ni zarandajas varias, sino presencial y con DNI. ¿Se han preguntado estos sesudos analistas, si llegado el momento, la militancia socialista podría haber llegado a tal grado de hartazgo con los insultos y descalificaciones que “líderes” y papagayos de U.P. infieren a diario y de las presiones mediáticas para que se forme un gobierno de coalición, que su respuesta sea rechazarlo de forma mayoritaria? Pues deberían pensarlo. Porque tal vez ese sea el “efecto mariposa”.

Rafa Valera 31-07-2019

A la fuerza ahorcan.

Hay un viejo refrán que dice: “A la fuerza ahorcan”. Nos viene a decir esta máxima que en muchas ocasiones hay que realizar, o aceptar, determinadas cosas para no agravar las situaciones, para no introducirnos en terrenos de incertidumbres y peligrosos.
Viene a ser, esta, una metáfora apropiada para encuadrar la situación en la que la política, y la gobernabilidad, española lleva instalada varios años. Antes de continuar, advertir, a quienes piensen que esta situación no es muy diferente de la de muchos otros países, que, si bien las situaciones pudieran ser similares, no es menos cierto que l@s español@s somos diferentes. Y no por rescatar ese viejo eslogan de “Spain is different”, atribuido al ministro franquista, luego reconvertido en demócrata, Fraga, sino por constatar que efectivamente en esta materia, España está a bastante distancia del resto de países de nuestro entorno. Nuestra democracia es bastante más joven que la de la mayoría de esos países, nuestra cultura democrática es aún incipiente en materia de entendimiento entre diferentes y aquellos que venían a “regenerar” la democracia solo han aportado espectáculo y crispación.
Es por ello que en ocasiones no queda más remedio que acudir a medidas similares, “a la fuerza ahorcan”. Veamos.
Toda ley lleva aparejado un preámbulo en el que se viene a explicitar los objetivos de la misma. Las leyes electorales no iban a ser menos. Así que tanto el RDL 20/1977, “El sistema electoral para el Congreso se inspira en criterios de representación proporcional con candidaturas completas, bloqueadas y cerradas, cuya presentación se reserva a los partidos y federaciones constituidos de acuerdo con las normas reguladoras del derecho de asociación política, a las coaliciones de estas fuerzas que pueden formarse por mera declaración ante la Junta Electoral Central, y a los propios electores que deseen promover candidaturas determinadas y no de partido. La distribución de escaños se realizará de acuerdo con la regla «d’Hondt», que resume en una sola operación el funcionamiento del cociente electoral y el cómputo de restos de acuerdo con el sistema de la mayor media.
Esta misma regla ya supone un poderoso corrector del excesivo fraccionamiento de las representaciones parlamentarias. A esta misma finalidad, responde la exclusión en la atribución de escaños de aquellas listas de candidatos que no hubieran obtenido, al menos, el tres por ciento de los votos emitidos en la circunscripción.”

Como la LOREG: “El Título II contiene las disposiciones especiales para la elección de Diputados y Senadores. En él se recogen escrupulosamente los principios consagrados en la Constitución: la circunscripción electoral Provincial y su representación mínima inicial, el sistema de representación proporcional y el sistema de inelegibilidades e incompatibilidades de los miembros del Congreso de los Diputados y del Senado. Sobre estas premisas constitucionales, recogidas también en el decreto-Ley de 1977, la Ley trata de introducir mejoras técnicas y correcciones que redunden en un mejor funcionamiento del sistema en su conjunto.”

Nos vienen a decir, y establecer unas normas por las que se han venido rigiendo nuestra participación en las urnas. Normas hechas, y consideradas apropiadas, para una situación política concreta, pero que se están mostrando ineficaces en situaciones políticas cambiantes como la actual. Es decir, lo que nos ha sido útil durante unas décadas, empieza a ser inútil en la actualidad, pero no por exclusiva responsabilidad de las carencias de la norma, sino mayormente por la incapacidad de nuestra clase política para llevar adelante algo, tan consustancial a la misma, como saber interpretar los resultados electorales y en consecuencia llegar a los acuerdos que ese resultado determina. Que permita conseguir algo esencial en el mundo actual, gobiernos estables, con programas de actuación definidos y que sean capaces de hacer frente a los problemas que acucian a la sociedad. Y esto no es una “receta” para una ideología u otra, sino para la gobernabilidad de un país inmerso en un mundo globalizado, donde todos estamos interrelacionados.

No es intención de este post entrar en el análisis de las estrategias negociadoras que cada partido desarrolla, de sus aciertos ni de sus errores (aunque sí recomendar no creer todo lo que se dice sobre los 20 países de Europa en los que existen gobiernos de coalición, porque cada país tiene sus circunstancias específicas y no son un todo homogéneo), sino la de incidir en la necesidad que tenemos, ante esa incapacidad por entender el mensaje de las urnas, de modificar las reglas de juego. Si hasta el futbol ha introducido el “VAR”, que es capaz de revisar las jugadas dudosas y ayudar a que el juego sea algo menos injusto, qué nos impide a la ciudadanía exigir que se introduzca en nuestras normas electorales la “Segunda vuelta”.
Quienes son seguidores de este blog, o de mi muro de Facebook, recordarán que en varias ocasiones he dedicado post a comentar esta materia.
En mayo de 2016:
https://pensaryreflexionarblog.wordpress.com/2016/05/07/737/

En julio de 2017:
https://pensaryreflexionarblog.wordpress.com/2017/07/07/aportacion-a-la-reforma-de-la-ley-electoral/

Y en febrero de 2019:
https://pensaryreflexionarblog.wordpress.com/2019/02/18/una-ley-electoral-vieja-para-una-realidad-politica-nueva/

En ellos he venido exponiendo, por un lado, los diferentes sistemas electorales existentes, y por otro la necesaria modificación, de nuestra norma vigente, ante la demostración de su ineficacia, como ya he dicho, no por culpa exclusiva de la norma, sino, principalmente, por la nueva realidad socio-política. Pero, además, como intentaré desarrollar, por entender que el sistema de “segunda vuelta” no solo permite contribuir a una mejor gobernabilidad, sino que obliga a cada formación política a definir sus pactos antes de que la ciudadanía acuda por segunda vez a las urnas.

Incidiendo, aún más, en la necesaria actualización, habría que aprovechar la modificación de la norma, para establecer el sistema de listas abiertas, de manera que sea el elector quien determine a quién vota, y a quién no, dentro de la papeleta electoral que cada formación política le ofrece. Esto, además, rebaja el poder discriminatorio de los aparatos de los partidos para designar candidat@s y orden de l@s mism@s.

¿Por qué y cómo “Segunda vuelta?
El por qué creo que ya ha sido esbozado, continuemos con las razones. La primera de las razones es la búsqueda en conformar gobiernos estables, pensemos no solo en el gobierno de la nación, sino en la de los gobiernos autónomos y en los de miles de ayuntamientos. Que reflejen el sentir de la ciudadanía de manera fiel, evitando los llamados pactos a la contra”, que suelen traer como consecuencia, no solo periodos de inestabilidad, sino ineficaces en la gestión.

¿Cómo se plasmaría esa propuesta? Pues bajo los siguientes principios:

1.- Desbloqueo de las listas electorales. Es decir, que el elector/a tenga la posibilidad de elegir entre los candidatos que se les proponen en la lista electoral de cada partido. De manera que el resultado de las urnas no tenga, necesariamente, que coincidir con el orden establecido por la formación política.
2.- Sistema electoral de “segunda vuelta” en todos los procesos electorales.
3.- Lista adicional de circunscripción única. Para el Congreso de los Diputados, agregar la elección de 50 diputados por medio de “lista de circunscripción única”. Para las Comunidades Autónomas, que no sean uniprovinciales, esta lista única sería de entre el 10 y el 15% de los diputados a elegir. Y en ayuntamientos proceder tal como se recoge en el punto siguiente, “norma general”.
4.- Norma General. 
Para ello sería necesario:
Modificar la LOREG (toda vez que la modificación de la Constitución hemos visto que parece algo imposible en estos momentos) regulando el desbloqueo de las listas electorales y el Sistema Electoral de “Doble Vuelta”, para aquellas circunscripciones donde el partido ganador no obtenga una “mayoría cualificada” en la primera vuelta.
Con este sistema, en la primera vuelta serían elegidos la totalidad de diputados siempre que algún partido logre superar el 40% de los votos emitidos, o que en votos obtenidos supere, por ejemplo, en más de 10 puntos al segundo partido, (estas cifras son a título de ejemplo, pero podrían ser otras). De no producirse estas circunstancias, pasarían a la segunda vuelta los dos partidos más votados, o todos aquellos que hubiesen superado un determinado porcentaje de votos (ejemplo 20%)
En esa segunda vuelta, el electorado se encontraría con dos opciones, o como máximo 3 partidos que habrían superado el 20% de votos en su provincia, en caso de elecciones generales y autonómicas, o en su localidad, en caso de elecciones municipales.
Se seguiría utilizando el Sistema D’Hont para la asignación de escaños a cada formación política, tanto en la asignación directa como en la distribución de la lista de circunscripción única.
El sistema de doble vuelta, añade una mayor claridad para los electores, de manera que, en aquellos sitios donde se tuvieran que acudir a votar en la segunda vuelta, los electores tendrían conocimiento de cuáles han sido las alianzas electorales y de posibles gobiernos. Porque entre la primera y segunda vuelta habrían de conformarse acuerdos entre partidos para prestarse apoyos y solicitar el voto para cada una de las formaciones que competirían en esa segunda vuelta (así ocurre en todos los países donde está implantado este sistema). Se obligaría a las formaciones políticas a definir no solo sus alianzas, sino también a dejar claro los objetivos programáticos acordados, las exigencias para esos acuerdos, cómo los llevarían adelante y quienes serían las personas para ello.
En mi opinión, esto otorgaría al elector una información mucho más certera y, este, tendría en su mano determinar con su voto qué opción de gobierno prefiere, asumiendo su responsabilidad a la hora de votar a un partido u otro, incluso en los casos en los que tengan que hacerlo por un partido distinto a su preferido.
Volvamos pues al refrán, con esta modificación, quizás nuestra clase política, al igual que el ahorcado, no actuaría de manera voluntaria, sino que se vería obligada a actuar por imposición de la norma. Norma que, creo, la sociedad debería exigir su puesta en vigor y tal vez con ella entremos en un periodo de mayor estabilidad, de gobiernos que se dediquen a gobernar y no a pensar en cuándo se verán obligados a adelantar la convocatoria de elecciones.

Rafael Valera 10-07-2019

Las comparaciones erróneas.

Desde hace bastante tiempo, casi desde la misma noche del 28 de abril, en muchos medios, algún “bloguero”, así como múltiples comentaristas, vienen haciendo comparaciones, en lo que a la formación de gobierno se refiere, entre la situación actual y la vivida a raíz de las elecciones de junio de 2016. Hay quienes, en ese ejercicio comparativo, llegan a plantear que solicitar la abstención de C’s y del PP para que Pedro Sánchez sea investido presidente, es lo mismo que cuando en ese verano del 16, se solicitaba la abstención del PSOE para que gobernara Rajoy.
Visto a “grosso modo” pudiera parecer que las situaciones son iguales o muy parecidas, pero bajando al campo de los detalles ¡Ay, el diablo está en los detalles!, podemos afirmar que las situaciones ni son las mismas, ni guardan mucho parecido. Veamos pues, y analicemos ambas situaciones.
El 28 de julio de 2016, Rajoy aceptó el encargo del Jefe del Estado a “beneficio de inventario”, es decir condicionado a que encontrará apoyos para ello. En 2019, Pedro Sánchez ha aceptado la tarea de someterse a la investidura sin condiciones previas.
El resultado de 2016, admitía distintas posibilidades de gobiernos, no solo porque Rivera había comprometido su palabra a no apoyar a Rajoy, sino porque, aunque a algunos no les gustara, existía otras opciones  de gobierno distinto al que pudieran conformar PP y C’s. Desde el preferido por l@s español@s, según varios estudios demoscópicos, de PSOE+UP+C’s, hasta el formado por PSOE+UP+Nacionalistas.  Es más, se vio en la elección de la Mesa del Congreso, que Rajoy disponía de margen de maniobra para conformar una mayoría que le permitiese salir investido sin necesitar la abstención del PSOE. En 2019, no hay posibilidad alguna de gobierno que no sea el presidido por Pedro Sánchez. No solo porque la aritmética lo dice, sino porque estamos viendo el galimatías que las derechas están demostrando con sus pactos municipales y autonómicos, donde pactan en secreto, pero no saben lo que pactan, que unos entienden una cosa, el otro la contraria y el tercero no se entera, que si la alcaldía es “rotatoria”, o es permanente… Y para abundar más en el asunto, en 2106, desde el PSOE se animaba a Rajoy a buscar sus apoyos en otras fuerzas, que las había, pero Rajoy prefirió que el trabajo se lo hicieran otros, incluso algunos “quintacolumnistas”.
El comportamiento de los medios de comunicación en uno y otro caso en nada es parecido. El tratamiento que los medios están llevando a cabo hoy y el exquisito respeto que mantienen hacia los partidos de derechas, nada tiene que ver con la obscena campaña llevada a cabo en 2016 para forzar al PSOE a facilitar el gobierno de Rajoy.
Pero si las razones antes expuestas no fueran suficiente, habría que recordar cual era la situación de Rajoy y del PP en esas fechas. Un partido, y un gobierno, carcomido por la corrupción, sujeto a un endiablado calvario judicial, como se vería luego en la sentencia del caso Gurtel y los casos que se han venido sucediendo, que por decencia democrática no podía continuar ni un minuto más en el poder. Ningún parecido con el Gobierno surgido, tras la moción de censura, hace algo más de un año.
Y finalmente, en 2016, aún se estaba a tiempo de evitar la “catástrofe” catalana. Cosa que las actuaciones de M. Rajoy y su gobierno no ayudaron a evitarlo.
Como quiera que alguien pudiera pensar que este post fuese algo “ventajista”, enlazo lo que en julio de 2016 escribí al respecto.

https://pensaryreflexionarblog.wordpress.com/2016/07/22/razones-para-el-no/

Por tanto, visto los “detalles”, podríamos convenir que las situaciones ni son iguales, ni tienen mucho parecido. Por ello, resulta extraño que quienes hace tres años pusieron toda la “carne en el asador” en favor del PP y de Rajoy, hoy estén exigiendo la máxima celeridad para que se solvente el trámite de la investidura y se forme gobierno, olvidando, por un lado, que Rajoy logró formar gobierno cuatro meses después de las elecciones, y por otro, algo tan esencial como es el programa que ese gobierno ha de llevar adelante. Enorme paradoja, en 2016 ni había prisas por formar gobierno, ni importaba para qué, solo era “urgente” que lo formase M. Rajoy. Y todo esto, después de una legislatura fallida, en la que M. Rajoy había dado la “espantada”, negándose a aceptar el encargo del Jefe del Estado, y que solo pudo ponerse en marcha “el reloj” cuando Pedro Sánchez aceptó someterse a la investidura fallida.
¿Cuál es la situación hoy? Pues que nadie, excepto el PSOE, está en disposición de formar gobierno, pero esos que no pueden formar gobierno, si tienen la posibilidad de impedirlo. Porque la aritmética dice una cosa y la lógica política dice otra, si no muy distinta, si al menos matizada. Y esas matizaciones son relevantes, y determinantes, para la estabilidad del gobierno que pudiera conformarse, para que este agotase los cuatro años de legislatura o se viese abocado a disolver las Cortes en un tiempo más breve. Y no resultaría muy “decoroso”, que el obstruccionismo nos llevase a tener que repetir elecciones el próximo otoño, independientemente de quién pudiera salir beneficiado, o perjudicado.

Puedo comprender, porque yo mantuve esa posición, que haya militantes en los partidos de las derechas que se resistan a facilitar un gobierno socialista. Lo entiendo. Pero no vale quedarse ahí, a continuación, hay que dar una alternativa, o se opta por un gobierno distinto al socialista, o se dice abiertamente que se repitan las elecciones. Lo que no vale es la obstrucción por la obstrucción.

Quienes siguen este blog, o mi muro de Facebook, conocen bien que en 2016 me manifesté de forma clara por un gobierno distinto al de Rajoy, pero por si falla la memoria, o hay seguidores nuevos, enlazo otro post, de 29 de julio de 2016, donde lo expongo de forma clara.

https://pensaryreflexionarblog.wordpress.com/2016/07/29/echale-valor-pedro/

Por lo que “visto lo visto”, no vendría mal hacerle algún caso al maestro Machado en aquello que sentenciaba: “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”.
No vaya a ocurrir, que por aquello de las prisas de otros, se descuiden esas pequeñas cuestiones que pueden resultar definitivas para que el resultado sea un éxito, o un clamoroso fracaso.

Mahatma Gandhi mantenía: “Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados.” Pues si el gran pensador indio sostenía esta teoría, alguna atención deberíamos prestarle.

 Y de los “ministros”, hablaremos otro día.

Rafael Valera 25-06-2019

Los pactos, el tuerto y el ciego.

La primera fase del “pactismo” ha concluido. Es hora, pues, que cada formación política valore lo conseguido, si el “precio” pagado ha sido el adecuado, si se han traspasado algunas “líneas rojas”, si se han traicionado los principios con los que cada una se define políticamente… En definitiva, si ha valido la pena.
Hora de hacer “balance”, comparar el “debe y el haber” y hacer “inventario”. Porque tras ese “arqueo” cada formación política tendrá una “cuenta de resultados” con la que podrá afrontar, en mejores o peores condiciones, el futuro.
Salvo alguna que otra casuística, se ha cumplido el “guion” previsto. Las derechas han dado muestras de su habitual pragmatismo y han pactado para alcanzar todo el poder posible, pero si esto ha quedado claro de manera conjunta, resulta más discutible lo que cada una de esas derechas gana o pierde en el “trato”.
Porque la valoración, del resultado de los pactos, ha de realizarse, por un lado, a tenor de lo expresado por el electorado el 26 de mayo (más adelante me referiré al 28 de abril), y por otro, de las expectativas y objetivos con los que cada formación partía. Porque nuestra democracia es representativa, en la que la elección de los gobernantes, también de nuestros alcaldes, se produce en segundo grado. Son los concejales formalmente, incluso en los casos de mayorías absolutas, quienes eligen alcalde y solo cuando un candidato no alcanza la mayoría absoluta del voto de los concejales, es cuando tiene valor ser la lista más votada. Se imponen por tanto los acuerdos para conformar gobiernos en mayoría, o al menos con una minoría que permita la gobernabilidad. Porque esto, lo de la gobernabilidad, parece que es ignorado en muchas de las ocasiones y nos encontramos con algunos casos llamativos, en las que el alcalde elegido lo es para gobernar bajo las directrices y programas de otro partido, pues su fuerza propia es tan reducida que le sería imposible hacerlo. El ejemplo más llamativo, pero no el único, puede ser el de Melilla, ciudad en la que el único diputado-concejal de C’s, es investido Alcalde-Presidente de la Ciudad. Por el contrario, nos encontramos ejemplos como el de Conil de la Frontera, donde la candidata socialista, tras ser elegida con los votos del PSOE y, sorpresivamente, con los del PP, no llega a tomar posesión, sino que renuncia de manera inmediata (ver video)

Y es que, de la lectura correcta, del veredicto de las urnas, depende en gran parte el futuro de cada formación política, pero en muchas ocasiones se anteponen los intereses “particulares” a los generales y esto, casi siempre, se termina pagando. Unas veces lo paga quien impone el juego y otras quienes son incapaces de decir que a eso no quieren jugar.

Decía no hace mucho Albert Rivera: “los españoles han preferido un Gobierno de Sánchez con Podemos y los nacionalistas. Los que han votado han sido los españoles, no la CEOE ni los bancos”.

Es una lectura más, de las muchas que pudieran hacerse, del resultado que las urnas arrojaron el 28 de abril, pero desde luego ni esa es la opción preferida por los españoles (solo un 16,6% de los españoles se decantan por esa opción) ni Rivera es coherente con lo que manifiesta. Porque si esa es su lectura de los resultados electorales, solo cabría interrogarse, aunque sea de forma retórica, sobre el por qué entonces de su empeño en no respetar lo dicho por los españoles.
¿Por qué entonces su cruzada para demonizar ese gobierno que han querido los españoles? ¿Por qué su aventurismo pactista con el neofascismo?
La única conclusión lógica a la que se puede llegar no es otra que la pensar que a Rivera le importa un bledo la opinión de los españoles. Que ha sufrido un trastorno obsesivo a raíz del triunfo de la moción de censura contra el gobierno de Rajoy, que le descolocó políticamente.
Que llegó a creerse lo que los sondeos demoscópicos ad hoc le decían, ignorando, cuando no despreciando, la realidad. Esa obsesión le ha llevado a una deriva que parece más empeñada en la “destrucción” que en la construcción” política.
Pareciera que su único objetivo es hacer cuanto más daño mejor. Hacer realidad ese viejo aforismo de: “Que yo me quede tuerto si dejo ciego a otro”.

Rivera y sus adláteres han vendido su pretendida “alma liberal” al diablo del neofascismo. Y lo han hecho de la mano del PP, partido corrupto donde los haya. La compensación recibida es algunas “parcelitas” de poder que pudieran servir para acallar la creciente insatisfacción, que algunos sectores de su partido muestran, tras la deriva tomada por la cúpula de Ciudadanos.

Rivera Inició su errática andadura tras las elecciones autonómicas de Andalucía. Se veía ganador y su “testaferro” Marín accediendo a la presidencia de la Junta como escalón previo a catapultarle a él al palacio de la Moncloa. Pero resultó que no. Que Marín quedó tercero, que las encuestas que decía manejar, en las que Ciudadanos era la fuerza más votada, eran falsas. Y llegó el pacto, primero con “agente interpuesto” y luego a “cara descubierta” con la ultra derecha.
Porque Rivera puede vestir de “lagarterana” sus acuerdos con el neofascismo, pero debajo del “disfraz” quedarán las medidas acordadas. Medidas que no son otras que asumir los postulados más reaccionarios de la extrema derecha. La aceptación del machismo más recalcitrante, de la xenofobia más abominable, de renegar de la encomiable labor que han venido desarrollando las asociaciones memorialistas y de seguir profundizando en el enfrentamiento territorial.

Cualquier persona, votante o no de un partido, debería en algún momento preguntarse qué es lo que realmente aporta a la convivencia social cada formación política, qué papel desempeña cada cual, qué ideas son las que realmente defiende cada uno y para qué de su existencia. Pues si bien los partidos son el vehículo de expresión de las diferentes formas de pensar que existe en una sociedad plural y democrática, no es menos cierto que cada uno de ellos ha de contribuir, tanto de manera individual como colectiva, a la convivencia social.

Y si resultan preocupantes los eufemismos con los que, los partidos, pretenden a veces ocultar algunas actuaciones, es un auténtico insulto a la inteligencia empeñarse en negar lo que está a la vista de todos. Y en esto, Ciudadanos, de la mano de Rivera, está siendo el campeón de la incoherencia y de la mentira. Seguir negando la negociación de Ciudadanos con los neofascistas de Vox, cuando los acuerdos firmados están al alcance de quienes quieran, resulta de un cinismo, de una desvergüenza y de una desfachatez superlativa.

Un partido que se presentó “en sociedad” para contribuir a la regeneración política, solo está sirviendo para incrementar su degeneración. Un partido que ha defendido ayer una cosa y hoy la contraria, pero que mañana es capaz de defender las dos a la vez, no es más que una “asociación de intereses”, aunque quienes le votan ni sepan nada de los “asociados”, ni de los intereses que les unen.

He manifestado en alguna ocasión que Rivera, por sus discursos, resulta una “simbiosis” de Ramiro Ledesma, Onésimo Redondo y José A. Primo de Rivera, pero si nos atenemos a su trayectoria, que no a su inteligencia, habría que compararle con Alejandro Lerrox, que de ser “un político controvertido, conocido por su retórica demagógica. Con un discurso obrerista y diametralmente opuesto al incipiente nacionalismo catalán, que en su primera etapa política se convirtió en un destacado líder político en Barcelona”, paso a mostrar su adhesión a Franco tras el golpe de estado de 1936.
La trayectoria de Rivera empieza a no tener nada que envidiarle a la de Lerroux. De momento permite que el PP, partido sentado estos días en el banquillo de los acusados, mantenga poder en muchos lugares donde la corrupción es más que palpable. A la vez que con su anuencia y complicidad el neofascismo asume poder en las instituciones. Y al igual que Lerroux representó un verdadero peligro para la convivencia en los años de la República, hoy, las formas de hacer política de Rivera y sus correligionarios, son una amenaza para la armonía social de la democracia.

Porque por encima de la capacidad y habilidad negociadora de cada uno para “sacar tajada” de los pactos, está la responsabilidad de no “engordar el huevo de la serpiente”  del fascismo. Y en esto, en “alimentar” al fascismo, al PP ya se le presuponía la sintonía, Ciudadanos tiene una mayor responsabilidad porque han solicitado el apoyo electoral para hacer justo lo contrario de lo que han hecho.
Nos queda aún otras fases del “pactismo”, llega la hora de Gobiernos autónomos y Diputaciones provinciales, luego llegará el turno del Gobierno de la nación. Veremos si del resultado de la primera fase se extraen algunas conclusiones que permitan reconducir los errores, o si por el contrario se persevera en el “sostenella y no enmendalla”. Sea como fuere, nadie debería de olvidar. Ni los políticos que con el voto de la ciudadanía se hacen un “sayo”, ni la ciudadanía a quienes piden su voto para una cosa y hacen justo la contraria.

Es necesario acabar con esa forma de hacer política, fórmulas hay, (en otro post hablaré de ellas), si no para “exterminarla”, al menos para mitigarlas.

Sentenció André Maurois, seudónimo con el que el novelista y ensayista francés Émile Salomon Wilhelm Herzog, firmó alguna de sus obras: “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”. Pues algo así habría que exigirle a quienes nos solicitan la confianza.

Rafael Valera 17-06-2019

Lo que nos dicen, lo que vemos y lo que quieren que veamos.

Resulta ya un clásico que, tras la celebración de unas elecciones, se nos inunde de declaraciones, valoraciones y análisis sobre qué es lo que realmente ha dicho el cuerpo electoral. Aceptando que ningún análisis, ninguna valoración, es “inocente” sino que se pone en valor aquello que más interesa a quien la realiza, no es menos cierto que hay ocasiones en las que difícilmente se pueden “comulgar” con las ruedas de molino que se nos ofrecen.
Y si el pretender “vendernos” la realidad que, a cada responsable político le interesa, es algo ya sabido y hasta lógico, resulta algo más chirriante que también los medios pretendan jugar con las mismas armas. Con las de la manipulación y el engaño. Poniendo el foco en solo una parte de la realidad y pretendiendo que la “parte” se convierta en el “todo”.
Desde el domingo por la noche, incluso antes de tener resultados fiables, se desató la “batalla de Madrid”. Pareciera que solo había sido en Madrid Comunidad y Madrid ciudad donde se hubieran celebrado elecciones. Y sin ignorar la importancia y el valor político que la capital del reino, y la comunidad que la alberga, tienen, no puedo más que pensar que tras esa “batalla” se pretende enmascarar una realidad totalmente diferente a la que nos pretenden vender.
Si nos paramos a reflexionar en profundidad sobre el “bombardeo” de información al que nos vemos sometidos, podríamos convenir que la imagen resultante de lo expresado en las urnas el pasado domingo, no es otra que la de una tremenda igualdad política, donde quienes terminen llevándose el “gato al agua” en Madrid, serán realmente los triunfadores de las elecciones, cuando la verdadera realidad, la que nos ofrecen los datos, vienen a decir algo muy diferente.
Recuerdo, de mi época de estudiante, a un profesor de matemáticas que me dio clases en el bachillerato, que recurría con harta frecuencia, a la manida frases de “peras y manzanas” para explicarnos la suma y resta de monomios. “No es posible sumar, o restar, peras con manzanas, no son cosas semejantes” Esa era la expresión que utilizaba, que un rato después completaba con “si los monomios no son semejantes, se obtiene un polinomio… ¡Y no es eso de lo que hablamos!”
Pues algo similar ocurre con las comparaciones analíticas. Y nadie debería comparar “peras con manzanas”, pero se hace, y en los análisis políticos se recurre con frecuencia a esas comparaciones para enmascarar, o “aliñar” lo que realmente dicen los resultados. Que lo hagan los responsables políticos de los partidos tiene una cierta explicación, “cada cual arrima el ascua a su sardina”, pero que lo hagan tertulianos, y hasta en algún politólogo, no viene más que mostrar un cierto desconocimiento o, lo que es peor, una forma de manipular la información y con ello la opinión de quienes les ven o escuchan. Porque escuchar, a responsables políticos y tertulianos varios, hacer valoraciones en las que mezclan los resultados de los distintos procesos electorales como si de hacer un “gazpacho” se tratara, provoca algo de vergüenza ajena.
Quienes siguen este blog, o mi muro de Facebook, conocen ya mi “manía” por los datos. Como en anteriores ocasiones, pretendo ahora realizar un análisis de los mismos. Y para ello no hay nada mejor que exponerlos, analizarlos y después que cada cual extraiga las conclusiones que le parezca oportuna.

En los cuadros siguientes, se presentan los resultados de las distintas elecciones. En el cuadro 1, al Parlamento Europeo.

Resultados_Eurpeas 2019

En el cuadro nº 2, se presenta el resultado de las elecciones municipales, comparando las celebradas el pasado día 26, con las celebradas en 2015.

Result_Munic

En el cuadro nº 3, se presenta el resultado de las elecciones autonómicas en las 12 Comunidades autónomas donde se celebraron.

Resultado_Autonómicas

En el cuadro nº4, se realiza una comparación entre los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 y 2019, desglosados por CC.AA.

Compar_Europea

Y Finalmente, en el cuadro nº 5, se presenta una comparativa entre las elecciones autonómicas celebradas en 2015 y las de 2019.

Comparativa Autonomica

De estos datos se pueden extraer algunas conclusiones poco rebatibles.

1ª El PSOE gana las elecciones Europeas con 2.850.000 votos más que el segundo partido, el PP.

2ª El PSOE gana en 10 de las 12 CC.AA. donde se han celebrado elecciones. Es decir, en todas excepto en Cantabria, donde las gana el PRC y en Navarra, donde las gana la coalición Navarra+, integrada por UPN, PP y C’s.

3ª El PSOE gana las elecciones municipales, con 1.600.000 votos y 2.300 concejales más que el PP.

4ª El PSOE incrementa su apoyo electoral, en votos y escaños, en todas las CC.AA, exceptuando la ciudad autónoma de Melilla, mientras que el PP retrocede en votos y escaños en todas.

5ª El mayor incremento, en valor absoluto, de diputados autonómicos lo obtiene el PSOE, con 57 escaños más que en 2015.

6ª Que Ciudadanos, partido que pretende aparecer como “triunfador” de las elecciones, se sitúa, no solo en tercer lugar por apoyo electoral, sino que está a más de 4.600.000 votos del primero, el PSOE, tanto en las elecciones europeas como en la municipales.

7ª El PSOE saca una diferencia de 19.541 concejales y 173 diputados autonómicos, al partido de Rivera, sin tener en cuenta los escaños de las cinco restantes comunidades autónomas (Cataluña. País Vasco, Galicia, Andalucía y Comunidad Valenciana). Por lo que pretender ser alternativa de gobierno de la nación, con una escasa implantación territorial y reducida presencia municipal, solo debe estar en la mente de los técnicos de marketing político que asesoran a Rivera y sus adláteres. 

8ª Que el PSOE aventaja en más de cinco millones de votos a Unidas Podemos, tanto en las elecciones al Parlamento europeo como en las elecciones municipales.

9ª Que tanto en elecciones municipales como al Parlamento europeo, Unidas Podemos no supera los resultados que obtenía IU en solitario.

10ª Que tal como se puede observar en el cuadro siguiente, tanto Ciudadanos como Unidas Podemos, retroceden de forma notable en apoyo electoral, desde el 28A al 26M. A pesar de no ser comicios iguales, pero si ambos de ámbito estatal, permite la comparación, y esta nos ofrece una visión global del respaldo que las formaciones obtienen.

Com_28A_26M

Estos son los datos. Sobre ellos se pueden hacer las interpretaciones que cada cual estime oportunas, pero no deberían ignorarse a la hora del análisis. No deberían ignorarlos los responsables políticos de las distintas formaciones, de manera que cuando se dirijan a la ciudadanía piensen que, por mucha “verborrea” con la que nos obsequian, pueden estar escuchándoles personas que se hayan preocupado de conocer el resultado real que nos deparó las urnas el pasado 26 de mayo. Pero, sobre todo, no deberían ignorarlos, si realmente quieren corregir los errores.

Un viejo proverbio alemán dice: “Los ojos se fían de ellos mismos; las orejas, de los demás.” Así que no demos mucha credibilidad a lo que nos cuentan “personajes” interesados y prestemos atención a lo que vemos en los datos. Que además están al alcance de tod@s ¡Y son gratuitos!

Rafael Valera 28-05-2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Impuestos y mentiras.

Sentenciaba Prosper de Mérimée: “Toda mentira de importancia necesita algo de verdad circunstancial para ser creída”. Pues eso es lo que ocurre con el anuncio rimbombante de “bajada masiva de impuestos”, que el Gobierno de la Junta de Andalucía, lleva meses alardeando. Porque ese anuncio,  lleva una dosis de verdad para la minoría y altas dosis de mentira para la mayoría.
Pasemos a desvelar la realidad de esa “masiva bajada de impuestos”, a quienes afecta, quienes son los verdaderos beneficiarios y quienes serán los verdaderos perjudicados.
La primera reducción se realizó sobre el Impuesto de Sucesiones. Que como es bien conocido, en Andalucía ya solo afectaba a quienes heredaban más de un millón de Euros por persona física. Es evidente que solo una selecta minoría, hereda cantidades superiores a un millón de euros.

El segundo anuncio fue la rebaja en el impuesto de Actos Jurídicos documentados, Un impuesto que afecta sobre todo a empresas inmobiliarias, banca y empresas en general. Muy pocas son las veces que, en la vida, una persona física se ve afectada por este impuesto. ¡Y mucho menos los trabajadores!
Y como colofón de ese anuncio rimbombante, se produce la modificación del tramo autonómico del IRPF. (que en una primera fase, la que afectará a la declaración que realicemos en 2020, tiene una incidencia mínima)
Centrémonos en esta última “rebaja”, aprobada por decreto el pasado jueves, y comparemos la situación vigente para la declaración de la Renta correspondiente a 2018, con situación final, en 2023, tal como ha sido aprobado por el gobierno de Andalucía.

Esta es la modificación del tramo autonómico del IRPF, aprobada por decreto por el Gobierno de la Junta de Andalucía.

Tabla nuevos tramos

Veamos ahora sus efectos.

*  El IRPF es un impuesto cedido en un 50% a las CC.AA., estas tienen la posibilidad de grabar el mismo. En Andalucía, el tramo autonómico de la cuota liquida suponía hasta este momento el 50,5% de la misma.

* El salario medio en Andalucía ronda los 19.000€/año (18.887,28 €)

* En las tablas que se muestran, se exponen 6 ejemplos con diferentes tramos de ingresos, el primero de ellos con el salario medio.

Tabla salario medio

Tabla 01

Tabla 02

Tabla 03

Tabla 04

Tabla 05

Tabla resumen

Los diferentes ejemplos, nos vienen a mostrar que la mayoría de los asalariados solo verán aminorada su aportación por IRFP en cantidades mínimas, entre 62 y 108 € al año, mientras que los contribuyentes con más ingresos son beneficiados con rebajas que suponen miles de euros.

En el cuadro “resumen”, se recogen los porcentajes que, en cada uno de los ejemplos, representa la disminución de la cuota por IRPF. De nuevo podemos ver, que los mayores porcentajes también lo son sobre los ingresos más alto. De manera que no solo en euros

Paralelamente a estas medidas de “rebaja de impuestos”, se ha producido un incremento de los sueldos de los altos cargos (primera medida económica llevada a cabo). Ha subido el precio de las guarderías infantiles y está en peligro la bonificación que tiene tod@ estudiante sobre las matrículas universitarias. Pero sin embargo, se anuncia que con dinero público, se pagará la climatización de colegios privados-concertados y el gobierno de la derecha andaluza, adelantan ya la “necesidad” de ampliar contratos de concertación con la sanidad privada.

El retraso en la presentación del Presupuesto de la Comunidad, hasta que pasen las elecciones municipales, viene a indicar que se pretende evitar el conocimiento de las medidas más controvertidas.

Todo esto nos viene a indicar, de forma clara, para quienes gobiernan realmente las derechas, que no son otros que los más pudientes, aunque haya miles de trabajadores que caigan en el engaño. Con el señuelo de unos pocos euros para los más pobres, se reducen muchos miles para los ricos. Luego vendrá el deterioro de los servicios públicos, de manera que se implante la idea de la “inevitable privatización”. Es el conocido método denominado “problema-reacción-solución”. Se crea primero un problema, una “situación”, prevista para suscitar una cierta reacción del público, a fin que este sea el demandante de las mismas medidas que se pretenden implantar.

Los ejemplos conocidos de otras comunidades autónomas ya indican el camino. Sentenciaba, quien fuera embajador de EE.UU. en España, poeta y diplomático James Russell Lowell: “Una espina de experiencia vale todo un desierto de advertencias.”  L@s español@s ya tenemos muchas “espinas de experiencia” de como nos maltrata la derecha cuando gobierna. Deberíamos aprender algo de ello.

He dudado en la publicación de este post, a la espera de que los medios de comunicación dedicaran algo de atención a un asunto como este. La verdad es que muy pocos lo han hecho y además de manera muy superficial. En mi opinión, este asunto debería ser motivo de atención, pues estas son las medidas que desde los partidos de derecha se nos están ofreciendo para las próximas elecciones generales. Bien haríamos tod@s en prestar atención a ello, porque no deja de ser algo así como el timo del “tocomocho”. Las derechas nos ofrecen como “un premio”, lo que no es más que una estafa.

Avisados estamos. La responsabilidad ya es cosa nuestra.

Rafael Valera 16-04-2019