Otro poquito de historia. Un Rey con “contrato eventual”

Se cumple hoy, 16 de noviembre el 147 aniversario de la elección como Rey de España de Amadeo de Saboya. Y recalco elección, porque fue elegido por Las Cortes Españolas para ocupar el trono de España.
La Revolución llevada a cabo en 1868, (conocida como La Gloriosa), provocó la salida de Isabel II, dando lugar a un gobierno provisional presidido por Francisco Serrano y del que formaban parte otros generales sublevados. El nuevo gobierno convocó Cortes Constituyentes, que con una amplia mayoría monárquica, proclamaron la Constitución de 1869, que establecía como forma de gobierno la monarquía constitucional.
Una dificultad inherente al cambio de régimen fue encontrar un rey que aceptase el cargo, ya que España en esos tiempos era un país que había sido llevado al empobrecimiento y a un estado convulso, y se buscaba un candidato que encajara en la forma constitucional de monarquía.
Finalmente las Cortes, encontraron a un posible monarca en la persona del duque de Aosta, Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia, que lo reunía todo para el cargo: procedente de una antigua dinastía (vinculada con la española) progresista, bautizado católico, pero masón.
Fue Amadeo el primer rey de España elegido en un Parlamento, lo que para los monárquicos de siempre suponía una grave afrenta. Ese 16 de noviembre de 1870, el Congreso realizó la votación entre los diputados, produciéndose el siguiente resultado: 191 votos a favor de Amadeo de Saboya, 60 por la República federal, 27 por el duque de Montpensier, 8 por el anciano general Espartero, 2 por la República unitaria, 2 por Alfonso de Borbón, 1 por una República indefinida y 1 por la duquesa de Montpensier, -la infanta María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II – hubo 19 papeletas en blanco.
De este modo el presidente de las Cortes, Manuel Ruiz Zorrilla, declaró: «Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta».
Tras la decisión de las Cortes, una comisión parlamentaria se dirigió a Florencia para dar traslado al duque de lo aprobado. Por fin el 4 de diciembre, Amadeo de Saboya acepta oficialmente esta elección y poco después embarca rumbo a España. Mientras viajaba a Madrid para tomar posesión de su cargo, justo el 30 de diciembre, día que desembarcaba en Cartagena, se produce la muerte del general Juan Prim, que había sido su principal valedor, muere como consecuencias de las heridas sufridas en un atentado tres días antes en la calle del Turco en Madrid.
Llego a Madrid el 2 de enero de 1871, dirigiéndose a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha para rezar ante el cadáver de Prim, trasladándose a continuación a las Cortes, donde realizó el preceptivo juramento:
«Acepto la Constitución y juro guardar y hacer guardar las Leyes del Reino».
Terminando el acto con la solemne declaración por parte del presidente de las Cortes: «Las Cortes han presenciado y oído la aceptación y juramento que el Rey acaba de prestar a la Constitución de la Nación española y a las leyes. Queda proclamado Rey de España don Amadeo I».
Su reinado duró poco más de dos años y estuvo marcado por la inestabilidad política, sucediéndose 6 gabinetes durante ese período, siendo incapaces de solucionar la crisis, agravada por el conflicto independentista en Cuba, y por una nueva guerra carlista.
Siempre contó con el rechazo de carlistas y republicanos, cada uno por razones inherentes a sus intereses; pero también de la aristocracia borbónica, que lo veía como un extranjero advenedizo. Tampoco la Iglesia le vio con buenos ojos, pues apoyó las desamortizaciones, siendo además el hijo del monarca que había clausurado los Estados Pontificios. Tampoco se ganó el favor del pueblo, pues carecía de “don de gentes”, a la vez que no llegó aprender el idioma español.
Tuvo la “habilidad” de unir a toda la oposición, desde republicanos a carlistas. Como ejemplo de ello baste reproducir unas líneas del discurso ante las primeras Cortes de la nueva monarquía del líder republicano Emilio Castelar y Ripoll:
“Visto el estado de la opinión, Vuestra Majestad debe irse, como seguramente se hubiera ido Leopoldo de Bélgica, no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano I de México” (en referencia a que este había sido fusilado)
Se asegura por algunos historiadores, así como la tradición madrileña, que al mediodía del 11 de febrero de 1873 al rey Amadeo I le comunicaron su «despido» mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos; anulando su pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono y, sin esperar la autorización de los diputados (según exigía el artículo 74.7 de la Constitución de 1869), se refugió en la embajada italiana, donde redactó su renuncia por medio de una carta dirigida al Congreso y cuyo texto literal se recoge en el libro de Carmen Bolaños Mejías “El reinado de Amadeo de Saboya y la monarquía constitucional” (texto que debido a su extensión no reproduzco).
El mensaje de su renuncia, dirigido a las Cortes y no al Presidente del Consejo de Ministros, fue leído por su esposa.
Ese mismo día, Congreso y Senado se reunieron en sesión conjunta a deliberar (contraviniendo el artículo 47 de la Constitución). Emilio Castelar y Ripoll redactó la respuesta de la Asamblea Nacional al mensaje de renuncia de la Corona, (texto que debido a su extensión no reproduzco), pero que está recogido en el libro de José Luis Fernández-Rua “1873. La primera república”
A pesar de los intentos de Ruiz Zorrilla por pedir tiempo para convencer al monarca de que regresara, la mayoría formada por republicanos y parte de los radicales, que eran mayoría en el Parlamento, dio por válida la renuncia al trono. Esa misma tarde del 11 de febrero de 1873, se proclamó la Primera República Española.
Sabemos que su reinado duró 2 años, 1 mes y 9 días, lo que desconocemos es si recibió indemnización por el “despido”.

Rafael Valera 16-11-2017

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El diálogo como método.

Cuando se manosean las palabras y se prostituyen los conceptos, se corre el riego de no entender el verdadero significado de los términos y se suele caer en simplismos absurdos. Y con ello, provocar una verdadera distorsión de aquello que pretendemos definir.
Una de los conceptos más “manoseados” es Democracia
La democracia no solo tiene su origen en Grecia, sino que deriva de ese idioma.
Demos: Que significa pueblo.
Kratos: Cuyo significado es autoridad o poder.
Cien-preguntas_-Pero-era-de-verdad-democracia_Discurso_funebre_pericles
Por tanto el verdadero significado de Democracia es el de: “Gobierno o autoridad del pueblo”. De allí que se defina a la democracia como “la forma política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno y también al mejoramiento de las condiciónes del mismo”.
Pero esa definición teórica del concepto democracia, quedaría incompleta en la realidad social de hoy, no sería entendible la democracia tal como la entendieron en Atenas. La evolución social, las aportaciones realizadas a través de los siglos, con especial incidencia La Revolución francesa, hacen que la democracia no pueda quedar limitada solo a la forma de gobierno, sino que además ha de ir acompañada de un conjunto de reglas de conducta para la convivencia social y política. Eso que llamamos “ordenamiento jurídico”, de un Estado de Derecho, donde la aportación de Montesquieu y su “Espíritu de las Leyes” es un elemento fundamental.
* La democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción gubernativa por medio del sufragio y del control que ejerce sobre lo actuado por el mismo.
 
* La democracia es la organización, por medio de la política participativa, de la convivencia social. Respetando la separación de poderes, las leyes y los derechos de todos.
Pero la democracia no es solo votar. En el franquismo tambien se votaba. Incluso de elegían procuradores por el sistema del “Tercio familiar”. Y hasta hubo referéndum. ¡Pero no había Libertad!
Democracia no es solo la ley. En el franquismo también había leyes. En Arabía Saudi, Iran o Corea del Norte… también existen leyes, pero tod@s estaremos de acuerdo en no denominar a estos países como democráticos. ¡Porque no hay Libertad!
La democracia como estilo de vida es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de una comunidad.
Por tanto, cuando se vulnera alguno de los conceptos indisolubles de la democracia, esta sufre una agresión, y con ella el conjunto del pueblo. Y quienes cometen esa agresión dejan de ser dignos de ser llamados demócratas, aunque continuamente la invoquen para justificar sus tropelías.
Exigir el respeto a las leyes si estas no van acompañadas del respeto a los sujetos pasivos de la mismas, es de alguna manera iniciar la deriva hacia el autoritarismo. Imponer leyes que vulneren derechos de las minorías, aunque tengan apoyo parlamentario, es caminar hacia regímenes nada democráticos.
Conculcar el principio de separación de poderes, es pervertir el sistema y llevarlo hacia una situación de imprevisibles consecuencias.
Pues en esas circunstancias nos encontramos hoy día en esta “piel de toro” llamada España. Y lo que es aun peor, con una ciudadanía a la que una serie de políticos irresponsables, le exaltan los “bajos instintos” como método de fidelizarla a sus ideas. Donde cada cual se dirige a los “suyos” como si de una sociedad tribal se tratara. Donde el diálogo ha dejado de ser tal, para convertirse en monólogo, y donde parece que hemos entrado en la dialéctica de ver quién la “tiene más grande”, aunque sea esta la capacidad de sacar más gentes a las calles.
Y no, no son esos los caminos por los que hemos de transitar, No es ese el rumbo que como sociedad democrática moderna debemos emprender. Porque en una democracia las leyes no pueden utilizarse contra quienes son los sujetos de las mismas, pero tampoco pueden ser vulneradas por aquellos a los que no les gusta. En una democracia las leyes tienen que servir para organizar de forma respetuosa la convivencia social de acuerdo con los deseos del pueblo, pero también es imprescindible respetar el procedimiento para cambiarlas. Una cosa no puede ser excluyente de la otra, y si el ordenamiento de nuestra convivencia necesita de una adaptación a la realidad de hoy, nadie debería negarse a ello, pero al igual nadie debería vulnerar el procedimiento para hacerlo, porque en democracia el respeto a las normas es algo fundamental.
Nadie debería buscar la excusa de la vulneración de este concepto por algún actor político, para entender que tiene barra libre para “dinamitar” el sistema en su conjunto. Pues si esto ocurre, no solo se llevará por delante la democracia, sino que creará tal incertidumbre de futuro que quizás se produzca aquello que escribió Antonio Gramsci: “Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer“. “En el tiempo y en espacio donde esto ocurre, ahí se presenta una auténtica crisis orgánica, crisis histórica, crisis total”.
La única forma de evitar que se convierta en realidad la cita de Gramsci, es iniciar el diálogo entre los actores políticos. Diálogo sin limitaciones, pero con absoluto respeto a las normas. Diálogo para buscar fórmulas que permitan un acuerdo que sea capaz de organizar nuestra convivencia para unas cuantas décadas. Sin sacralizar lo actual ni demonizar lo futuro. Diálogo sin ventajismo, pero también sin oportunismos. Diálogo sin pretender que nada cambie, ni que cambie todo, sino para encontrar el equilibrio necesario, en el que la inmensa mayoría se sienta cómoda, en ese marco de convivencia y que a su vez permita a quienes no encuentren esa “comodidad”, poder seguir defendiendo sus posiciones con absoluta libertad.
En eso debemos posicionarnos de forma clara los socialistas, pero no hacerlo de forma pasiva, sino siendo activos en divulgar de forma pedagógica la importancia y significado que esta posición tiene para ser capaces de encontrar una solución a la grave crisis generada por el inmovilismo de unos y el aventurismo de otros. Sin olvidar que los responsables de este conflicto son “ramas del mismo árbol”. El árbol del nacionalismo rancio, del saqueo de lo público y de la corrupción sistémica. Responsables que no deberían tener cabida en el nuevo marco político que deba salir de ese diálogo.
Rafael Valera 24-09-2017
Foto de portada: Obra de la compañera Yolanda Iglesias, a la que agradezco su gentileza.

Lealtad y responsabilidad.

El diccionario de la lengua española define el significado de la palabra lealtad como: Firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a los demás“. Y en una segunda acepción: Sentimiento respecto a los propios principios o a otra persona”.

Se puede decir, por tanto, que la lealtad es una virtud que se desarrolla en la conciencia y que implica cumplir con un compromiso aun frente a circunstancias cambiantes o adversas.

¿Pero puede ser disociado el concepto de lealtad del concepto responsabilidad y de antónimo irresponsabilidad? ¿Se puede ser leal desde la irresponsabilidad? ¿En posible ser responsable desde la deslealtad?

Interrogantes sobre las que deberíamos reflexionar tod@s como personas. Pero reflexión, a la que estamos obligados quienes formamos parte de organizaciones que entre sus fines tienen la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia, como medios para transformar la sociedad.

Quizás sea necesario, que antes de continuar con el post, intentemos aclarar en qué sentido se debe entender “responsabilidad / irresponsabilidad“, pues estos vocablos, como ocurre con frecuencia en nuestro rico vocabulario, tienen diferentes significados e interpretaciones dependiendo del contexto donde se ubiquen.

Responsable:

  1. adj. Obligado a responder de alguna cosa o por alguna persona: el maestro es responsable de sus alumnos mientras están en clase.
  2. Culpable de alguna cosa: es el responsable del crimen.
  3. Que cumple sus obligaciones o pone cuidado y atención en lo que hace o decide: es responsable y no hace falta decirle que estudie.
  4. com. Persona que tiene a su cargo la dirección en una actividad: ¿podría hablar con el responsable de la tienda?

Irresponsable:

  1. adj. y com. Que actúa sin medir las consecuencias de sus actos:
    eres un irresponsable, no puedes salir si aún no has hecho los deberes.
  2. [Acto o situación] resultante de una falta de previsión.
  3. Persona a quien no se puede exigir responsabilidad.

Como vemos, no es lo mismo la “responsabilidad” que se define en la segunda acepción que en la tercera. En una se establece la responsabilidad como autor de algo reprochable, mientras que el la otra se elogia el comportamiento por la actitud.

Algo similar ocurre con el término “Irresponsable“, pues también es este caso, es muy diferente el significado de la acepción primera, que la tercera, pues en un caso se hace referencia a la insensatez, mientras que en el otro se exime a alguien de la “culpa” de algo.

Una vez determinados (y espero que aclarados) los diferentes significados que ambos términos (responsable e irresponsable) tienen, solo falta encuadrarlos de forma correcta en el contexto adecuado. Y es, justo ahí, adonde quiero llegar. A la reflexión sobre cuándo y a quienes hay que exigirle un comportamiento leal y responsable, entendiendo este como se define en su acepción tercera: Que cumple sus obligaciones o pone cuidado y atención en lo que hace o decide”.  Y cuando hay que rebelarse contra la deslealtad e irresponsabilidad, entendida esta como “actuar sin medir las consecuencias”.

 Entremos pues, en el “terreno de juego” y veamos:

Quienes pertenecemos a una organización asumimos, el día que entramos en ella, un compromiso de lealtad con la misma, son su filosofía y sus principios, a la vez que con todos y cada uno de los que formamos la misma. Llegando esa lealtad a un punto tal, como la aceptación voluntaria de defender cuestiones que democráticamente acordadas, puedan ser diferentes a lo que individualmente pensamos. Combinamos los términos lealtad con responsabilidad. Somos leales a los principios de la organización y actuamos con la responsabilidad de defenderlos por encima incluso de nuestra posición individual.

No se trata de renunciar a nuestros pensamientos, no. Se trata de defender el pensamiento conjunto de todos por encima del nuestro individual. A eso se llama lealtad con la organización y con el resto de compañeros. Y a eso se le llama responsabilidad para con el conjuntos de la organización.  Pero llegado el momento adecuado y en el foro correspondiente, lo leal y lo responsable es volver, insistir en la defensa de lo que pensamos, e intentar convencer al conjunto, que ese pensamiento es el más adecuado para todos. Esa es la lealtad y responsabilidad que, al menos yo, asumí cuando voluntariamente decidí integrarme en las organizaciones socialistas (PSOE y UGT).

Por tanto, sería conveniente que quienes nos llamamos socialistas practicáramos esa lealtad y responsabilidad. Porque haciéndolo, es la única forma de estar en condiciones de exigir a los demás, por muy “notables” que sean, el respeto y lealtad con quienes nos representan ante la sociedad, bien sea en órganos colegiados o de forma individual.

¿Pero ocurre de tal forma, se practica esa lealtad con responsabilidad?

Cualquier militante que siga el día a día de la vida del partido, puede fácilmente colegir que no siempre se tiene este comportamiento, no siempre se es leal con los principios, con las decisiones emanadas de una mayoría de forma democrática. Si ya tuvimos un claro ejemplo en los fatídicos acontecimientos de hace una año, práctica a la que se le dio continuidad durante el periodo de mandato de la Comisión Gestora, hoy seguimos asistiendo a situaciones muy parecidas en el desarrollo de los procesos de primarias. Procesos en los que se ha demostrado quienes han asumido lealmente lo emanado en del 39º Congreso, y quienes se han escudado en la transitoriedad de una norma, con fecha de caducidad, para no asumir con lealtad y responsabilidad lo acordado por la mayoría de la organización.

Recordemos cómo se regula esto en el artículo 5, apartado b) de los Estatutos aprobados en el 39º Congreso:

“Para lograr la consideración de candidato/a, será necesario conseguir los siguientes porcentajes de avales del censo: (i) un 1% de los avales de los militantes y afiliados directos, en su caso, a nivel federal; (ii) un 2% de los avales de los militantes y afiliados directos, en su caso, a nivel autonómico; y (iii) un 3% de los avales de los militantes a nivel provincial o insular.”

Como hemos podido ver por los procesos celebrados y los que están en curso, diferentes federaciones han puesto en valor lo acordado y se ha optado por aplicar lo que en las resoluciones del congreso se recoge. Hay incluso quien ha ido más adelante estableciendo la segunda vuelta para el caso de que ninguna candidatura alcance el 50% de votos en la primera. Por contra, también hay federaciones en las que se ha mantenido contra viento y marea el 20% mínimo de avales para poder optar a ser candidat@ en el proceso de primarias. Esto, que aparentemente puede parecer inocuo, es en la practica una barrera infranqueable para quienes desde fuera del poder orgánico/institucional pretenden presentarse, pretenden competir. Veamos las dificultades que est@s compañer@s encuentran para ello, en contraposición de quienes optan a competir desde el cargo que ya tienen, o desde los aledaños del mismo.

La primera dificultad que se encuentra un militante para recabar los avales, es no disponer de un censo de afiliados a los que solicitar su apoyo. Por contra, quienes lo hacen desde el cargo consolidado, no solo disponen de ese censo, sino que además disponen del aparato del partido para que se encargue de recogerle los avales. ¿Se compite entonces en igualdad? ¿Por qué si el partido es de todos, hay un@s que se adueñan de él?  ¿Quiénes así actúan, están siendo leales y responsables? ¿Se limita su concepto de lealtad a las personas que “mandan”?

El siguiente escollo que debe salvar un/a candidato/a es que normalmente solo dispone de sus horas libres para poder contactar con la militancia, y que como se ha dicho anteriormente desconoce la totalidad de quienes son . En un proceso que dura 15 días, apenas son 12 tardes en las que tiene que volcar su esfuerzo para conseguir miles de avales. Por tanto, no es lo mismo conseguir miles de avales, que unos cientos de avales, no el lo mismo el 20% que el 3%.  Entonces solo cabe pensar que quienes optan por el 20%, que además lo deciden desde los órganos de poder interno, no pretenden otra cosa que imposibilitar la celebración de las primarias, y que a falta de valentía para decir claramente que están en contra de las mismas, optan por poner el máximo de dificultades para que se celebren. Pero eso si, disponiendo de los recursos del partido, que son de todos, para el uso exclusivo de una parte. Ejemplos ya tenemos para ilustrarnos.,

Practicar la endogamia no es una buena opción en sociedades abiertas y democráticas y quienes la llevan a cabo, han de ser conscientes que produce rechazo, que genera desconfianza y que termina convirtiendo las organizaciones en algo alejado del sentir social. La endogamia puede ser útil durante un tiempo, pero termina “gangrenando” un cuerpo sano.

Pero además,  con esa práctica no solo vienen a  “cercenar” el derecho del simple militante, sino que de alguna manera defienden en la práctica algo así como un  “sufragio activo restringido” para cargos orgánicos e institucionales. Quedando la militancia reducida al “sufragio pasivo”.

¿Actúan con lealtad y responsabilidad quienes llevan a cabo estas prácticas? Desde mi punto de vista no. Puede aceptarse que se contempla en la norma, (norma con fecha de caducidad), pero no es leal ni responsable, ampararse en una norma finiquitada para no llevar a cabo lo que se acuerda mayoritariamente.

Por tanto, a mi parecer, se actúan con deslealtad e irresponsabilidad. Pues no puede definirse de otra forma a quienes, con una tremenda ceguera política, ignoran aquello que demanda la sociedad de mayor transparencia, mayor democracia interna y mejora de los cauces de participación dentro de las organizaciones políticas.

Y como todo es discutible, cómo no lo iba a ser mi opinión, dejo para la reflexión de mis amig@s que lean este post,  una especie de premonición con interrogantes. Premonición que deseo no se cumpla, pero que mi “intuición” me dice que ocurrirá.

¿Qué pasará cuando la sociedad harta de estas prácticas, de endogamia, de clientelismo y nepotismo (que también se da), nos castigue retirándonos la confianza? ¿Qué ocurrirá entonces con quienes en su ceguera, pero en una especie de “autodefensa”, han propiciado el desastre? ¿Por qué ha de ser el conjunto del partido y no ellos, quienes vean censuradas sus actuaciones?

Posiblemente entre l@s afectad@s haya quienes respondan con esa cita tan castiza de “A mí, que me quiten lo bailao”. Aunque much@s de ell@s piensen que les quedaba baile par unos cuantos años más, que aun no les llega la jubilación.

¡Ay, quién pillara una puerta giratoria! Porque no hay para todos.

Rafael Valera 12-09-2017

 

P.D. La fotografía de portada, obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez, a la que agradezco su amabilidad.

 

 

 

Tenemos un problema ¿Pero tenemos la solución?

Sin duda una de las mentes más claras con las que la naturaleza ha “premiado” a la humanidad ha sido la de Albert Einstein. Físico alemán de origen judío que es considerado el científico más conocido del siglo XX.
Quizás por lo que Einstein sea más conocido es por su “Teoría de la Relatividad“, pero fue por sus explicaciones sobre el “efecto fotoeléctrico” y sus numerosas contribuciones a la física teórica, por lo que se le concedió el premio Nobel en 1921. Curiosamente no se le concedió por la “Teoría de la Relatividad”, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla no la entendió, y temieron correr el riesgo de que luego se demostrase errónea.​ En esa época, esta teoría, era aún considerada un tanto controvertida.
Pero a parte de las dotes científicas, a Einstein hay que reconocerle, y agradecerle, el haber dejado para la posteridad una gran cantidad de citas que de alguna manera nos traslada su faceta como pensador, como filosofía de vida, lo que nos hace tener muchas referencias para la reflexión. Una de ellas es:
“No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos al crearlos.”
Bien, pues si analizamos la génesis del problema que hoy copa la actualidad política y social, “el asunto de Cataluña“, observaremos que el mismo se genera por una actuación absolutamente descabellada y ventajista del PP. Con un recurso, al Tribunal Constitucional, del Estatuto de Autonomía de Cataluña, acompañado de una recogida de firmas y de una campaña de boicot a los productos catalanes, lo que supuso “un hito”, en el devenir del crecimiento del independentismo en Cataluña, y del anti catalanismo en España. Su objetivo no era otro que exacerbar el nacionalismo español en el sentido más rancio del término para, por un lado atacar a los gobiernos de Zapatero y de Maragall, y por otro obtener un puñado de votos en el resto de España, ya que en Cataluña habían descartado toda posibilidad de ser mínimamente relevantes. Recurriendo además artículos del Estatuto, que son literalmente iguales a los recogidos en los Estatutos de Autonomía de otras comunidades, que por el contrario apoyaron y no recurrieron. Sin embargo su teórico éxito, al generar una crisis en el gobierno catalán y la renuncia de Pascual Maragall, hizo estallar un sentimiento de agravio en una parte importante de los ciudadanos de Cataluña.
Y  ese “hito” del PP, del que hablábamos antes se agravó con la llegada al gobierno de Cataluña de CDC, y del PP al gobierno de España.  Si por un lado, el PP siguió utilizando este asunto como forma de obtener votos, la deriva independentista de Convergencia Democrática de Cataluña se lleva a cabo con objeto de tapar su mala gestión, sus recortes, sus privatizaciones de servicios básicos y los casos de corrupción que le estallaron. Para ello, hizo lo que ha hecho siempre (al igual que en el caso de Banca Catalana), envolverse en la bandera y trasladar el mensaje de “nos atacan, nos roban, debemos separarnos de ellos”. Cuando en realidad a la mayoría de la sociedad catalana quienes la atacan y roban son los que la mal gobiernan y los que se llevan las comisiones del 3% a sus cuentas a Suiza o Andorra. En eso no hay ninguna diferencia entre los gobernantes de CDC  (o PDeCAT, que es su nuevo nombre) y los del PP. Hay uniformidad de criterio.
Por tanto, nos quedan unas semanas intensas, pero llegará el 2 de octubre y el problema no se habrá “evaporado”, seguirá muy presente y habrá que hacerle frente con la valentía necesaria y el objetivo de resolverlo. Y es justo aquí donde la cita del sabio Einstein adquiere toda su dimensión, todo su valor, porque no será posible que quienes generaron el problema y que además caminan cada día más hacia un “enrocamiento” de sus antagónicas posiciones, puedan resolverlo,
Se requiere por ello, un cambio de mentalidad y de interlocución para afrontar este asunto. Y llegados a este punto solo cabe una posibilidad, la convocatoria de elecciones en Cataluña, cosa que parece cantada, y en España, pues este gobierno ya ha dado muestras más que sobradas de su incapacidad para resolver problemas. Aunque hay que reconocerle la enorme capacidad para crearlos.
Solo espero que el pueblo español, independientemente del lugar en el que residan, no haga realidad ese pasaje de la obra de Albert Camus, “La peste“, que dice:
“Cuando estalla una guerra la gente dice: “esto no puede durar, es demasiado estúpido” y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre.”

Afortunadamente este problema no llega a la gravedad de una guerra, pero no tengo muy claro que los  estúpidos lo entiendan.

 

Rafael Valera 09-09-2017

 

P.D. La fotografía de portada, obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez, a la que agradezco su amabilidad.

 

 

A río revuelto…

“A río revuelto, ganancia de pescadores” es un refrán popular que se refiere a aquellas personas que medran para sacar provecho de las situaciones de revueltas o trastornos.  Según parece, por la experiencia de los asiduos a la pesca, cuando las aguas de un río se encuentran revueltas es cuando más pesca se puede sacar. Tal vez porque los peces en agua turbia no vean el peligro de picar el anzuelo o caer en las redes. De ahí nació la expresión “pescar en agua turbia”. Pero esta, como la anterior, son sinónimos de hacer negocios y aprovecharse de un desorden, que tal vez se haya promovido con ese fin.

Es más que evidente que la llamada crisis financiera, posteriormente convertida en crisis económica global, tuvo unos responsables que se han “ido de rositas”, cuando no más ricos de lo que eran antes de la crisis. Y para ello han contado con la complicidad de los  gobiernos de diferentes países, quienes en nombre de la “santa estabilidad” han dedicado su esfuerzo a salvaguardar los intereses financiero empresariales en detrimento de los de la gran mayoría social.

Si bien en cada país se han dado circunstancias distintas, en todos se ha producido resultados similares: “la pérdida de derechos y el empobrecimiento de las clases populares”. Los estragos producidos se han cebado más con los más pobres y han convertido en pobres a millones de personas que antes tenían ingresos para llevar una vida digna.

En España, la crisis ha tenido un “valor añadido” que fue la burbuja inmobiliaria, y quienes se venían enriqueciendo con el negocio que les proporcionó la famosa “ley del suelo” que les regaló Aznar, rápidamente pusieron ahorros particulares a buen recaudo y afloraron pérdidas empresariales. Es decir, se llevaron para si lo ganado durante unos años y dejaron para “socializar” las pérdidas que tenían las empresas. Como quiera que estas empresas y las entidades financieras tenían un entramado de intereses comunes, las cuentas de resultado de los bancos se vieron notablemente afectadas. Y es ahí donde salta la alarma, donde se nos dice que está en peligro el sistema y que todos debemos contribuir a salvarlo. La contribución que se nos impuso a trabajadores, pensionista, autónomos, profesionales liberales…no fue otra que la devaluación de salarios, pensiones e ingresos y una consabida contribución impositiva en “solidaridad” con las debilitadas cuentas de resultados de empresas y bancos. “Solidaridad” que en muchos casos produjo la pérdida de la vivienda de muchas familias. Pero los malos datos de las cuentas de resultados, no fue óbice para que sus dirigentes se jubilaran o abandonaran los Consejos de Administración, con un buen puñado de millones como compensación a su “innegable entrega”.

Les hemos regalado a los bancos más de 42.000 millones de euros, se ha despojado a los pensionistas de 60.000 millones que tenía la “hucha de las pensiones”,  la deuda pública se ha incrementado, entre 2008 y 2017, en casi 700.000 millones (500 mil entre 2011 y 2017), se ha producido una devaluación de los salarios y un incremento en la precarización del empleo, mientras por el contario el número de millonarios se ha incrementado en España, en este periodo, en más de 15.000.

Pagina Roja2Estafa

 

Este es, a groso modo, el resultado de algo que han llamado crisis, de algo que ha revuelto el río, y con ello propiciado que los “pescadores” hayan incrementado sus ganancias.

Los griegos decían: “enturbiar el agua del lago para pescar anguilas”, modismo que Aristófanes aplicaba al mal ciudadano que provocaba desordenes con el objetivo de enriquecerse a expensas del público. Sin duda Aristófanes, además de educado, no conocía la recua de delincuentes que se mueven en torno al “río” para enturbiar sus aguas.

Hoy podríamos decir que unos delincuentes agitaron las aguas del río con el objetivo de incrementar la pesca y que unos gobiernos serviles les ayudaron a tirar las cañas y extender las redes. Y después de dejarnos el río esquilmado, pretenden que les recojamos las redes, les limpiemos las cañas y les acarreemos la pesca hasta sus “palacios”.

Es necesario tener el temple y la educación de Aristófanes, para no reaccionar con ira y hacerlo con acciones. Y la primera acción es rebelarse contra la injusticia y la aplicación que de ella hacen nuestros gobernantes.

Rafael Valera 08-09-2017

P.D. La fotografía de portada, obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez, a la que agradezco su amabilidad.

 

 

 

El maquiavelismo en la política.

Sentenció Nicolás Maquiavelo: “La política es el arte de engañar”
 
Como cada texto tiene su contexto, la cita de Maquiavelo y su pensamiento sobre la actividad política, hay que encuadrarla en en una época histórica donde quienes intervenían en la política era una clase dirigente “selecta“, integrada por la nobleza y los burgueses ricos que aspiraban a entrar en ella. Era una “clase” que se movía en pro o en contra del Rey de turno. Es decir el pueblo llano, la mayoría de los habitantes del reino, estaba ausente, de forma forzada, pero ausente de la vida política.
Por tanto esta cita de Maquiavelo, establece el “arte” de engañarse entre ellos, de utilizar las habilidades personales de cada cual para “enredar” al contrario o al aliado. Fue una época en la que las traiciones, las intrigas palaciegas las persuasiones bajo amenazas e incluso los asesinatos, eran cosa frecuente y regla cuasi aceptada, como algo inherente a la propia actividad.
 
Hoy, casi quinientos años después, hay políticos que utilizan en su literalidad la cita, pero no para intentar engañar a otr@s que se mueven en torno al “mundillo” compartido, sino para intentar engañar a la ciudadanía, a la mayoría social que asiste atónica, cuando no indignada, a esta “tragicomedia” que nos montan en Parlamentos, en platós de televisión o en declaraciones públicas.
 
Los causantes del desastre se olvidan que lo son y en un alarde de travestismo se convierten en adalides de defensa de lo que ellos mismos han provocado. Juegan con las palabras, con los sentimientos y con la “hacienda” de las personas, como si de un juego macabro se tratara. Con un claro aprovechamiento del desconocimiento que la mayoría ciudadana tiene de los asuntos en debates, retuercen las palabras, manosean los conceptos hasta prostituir su verdadero significado, para con ello establecer una corriente de opinión favorable a sus tesis. Parece como si la batalla política debiera trasladarse al debate en la calle, pero haciéndolo con informaciones inexactas, medias verdades o con mentiras absolutas, y no en los foros establecidos para ello, como son los parlamentos. No son conscientes que con ello, están renunciando de forma tácita a la función que se les asigna cuando obtienen el respaldo de la voluntad popular, que no es otro que el de abordar los asuntos públicos con rigor, con voluntad de resolver los problemas que acucian a la sociedad y no para crear de forma artificial otros problemas que desvíen la atención de los fundamentales.
 
En esa espiral infernal del todo vale, se les olvida, o pretenden que lo olvidemos los demás, lo que hace un tiempo decían. Las posiciones que defendían y para las que solicitaban apoyo, quedan en el baúl de los recuerdos porque ahora no interesa recordarlas, o no les viene bien hacerlo para atacar las tesis del contrario. El “malabarismo” se ha convertido en toda una técnica política aunque con ella queden al aire sus “vergüenzas”.
Parece que se ha producido una completa y repentina conversión marxista de toda la clase política. Pero no de una conversión al marxismo de don Karl, sino de don Groucho, que mantenía: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”  
 
Quienes han robado a manos llena las arcas públicas, los que han esquilmado derechos sociales y recortado libertades, se envuelven en banderas para ocultar sus incapacidades, sus miserias y sus delitos. Como si la tela de la bandera pudiera ocultar las vergüenzas y limpiar sus fechorías.
 
Otra cita de  Maquiavelo nos dice: “Todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y tendremos que convenir que don Nicolás tenía y, a las pruebas me remito, sigue teniendo razón.
Particularmente soy mas seguidor de Juan de Mairena que de Nicolás Maquiavelo, sin desmerecer a este. Y por ello como hablaba Mairena a sus alumnos:
“Recordemos otra vez el consejo maquiavélico, que olvidó Maquiavelo: “Procura que tu enemigo no tenga nunca razón. Que no la tenga contra ti. Porque el hombre es el animal que pelea con la razón; quiero decir que embiste con ella. Te libre Dios de tarascada de bruto cargado de razón”.
Por ello creo que gran parte de nuestra clase política ha perdido la razón frente a la ciudadanía y puede llegar un momento que la ciudadanía, cargada de razón, suelte sus “tarascadas”. 
¡Y ojala sea pronto!
Rafael Valera – 06-09-2017

El Ser, el Estar, el Parecer y el Aparentar.

Escribió Antonio Machado: “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”
 
Me permitirán mis amig@s que con el máximo respeto y admiración hacia D. Antonio, utilice esta cita, aunque a mi manera, para intentar explicar lo que muchas personas practican dentro de la política. de ahí el trueque de la frase por: “Si es bueno ser, todavía es mejor estar, muy bueno parecer, y lo mejor de todo aparentar”.
 
Porque dentro de la actividad política hay variadas formas de comportarse, diferentes maneras de implicarse en su actividad y múltiples modos de aparecer en sociedad. De esas formas, maneras y modos, es de lo que pretendo escribir en este post.
¿Porque, qué es el “Ser” en política?. Cada cual se define, se identifica con una forma de ser en la vida, ante la política, ante las religiones, ante las ideologías…y con ello, de alguna manera está eligiendo la parcela de actividad social, que como ser humano desarrolla en la vida. Quienes deciden militar políticamente, de acuerdo con ese posicionamiento, eligen la organización con la que se sienten identificados. Pero en política sé es independientemente de estar o no. Y cada cual es lo que practica, los hechos con los que es identificado socialmente, al margen de la “etiqueta” que se ponga o le pongan. Es decir, la militancia “etiqueta” al individuo con unas siglas, pero solo son sus actuaciones, sus hechos, su praxis en definitiva, lo que le definen ideológicamente.
¿Y qué es el “Estar”? El estar es opción con la que cada persona decide, o no, pertenecer a una organización, asumir sus valores e identificarse públicamente con ellos. Es por tanto aceptar voluntariamente la “etiqueta” con la que seremos identificados socialmente y por la que otras personas podrán tener referencia de lo que representa la organización a la que pertenecemos. Y es en este punto, donde se plantea el interrogante del por qué se está, en la política y en una organización concreta. Porque si hemos aceptado que la pertenencia a una organización se determina por la afinidad de pensamientos, resultan muchas veces un “misterio” el intentar comprender cómo se pertenece a una organización y sin embargo se actúa de forma contraria a los valores y principios de la misma.
Es, por tanto, en el “estar“, donde se encuentra el nudo “gordiano” para la comprensión de algunas actuaciones que resultan contradictorias, incongruentes, cuando no llamativas. Descartando las incoherencias propias que cada persona llevamos como “mochila”, la cuestión se plantea en si la participación política se hace desde un punto de vista “altruista”, o si por el contrario se está por intereses poco “decorosos”. Porque no es lo mismo llegar a la vida política “ya comido” que hacerlo con “ganas de comer“. Como recientemente comentaba, de forma jocosa, un  amigo: << de lo que se trata es de saber si la persona en concreto “tomó su primer biberón, siendo ya concejal”.>> Y no es que este amigo esté en contra de la participación de la juventud en la política, ni mucho menos, lo que con razón planteaba es si las personas se integran en la actividad política pública con la idea de aportar su experiencia en un campo concreto de actividad, por su capacidad y visión de los asuntos públicos para mejorar la vida de sus conciudadanos, avaladas por su experiencia profesional, o si por el contrario, lo hace como una forma más de “buscarse la vida”. Porque ese “estar“, será muy diferente en función de haber llegado de una forma u otra.
Tod@s conocemos el término “arribista” con el que definimos a esas personas que se acercan al poder, sin decoro alguno, para intentar sacar provecho del mismo. Unas lo hacen de forma directa y otras por el subterfugio del ofrecimiento a asumir responsabilidades de forma “desinteresada”. Y si el Arribismo consiste en el acto de intentar demostrar ser algo que no se es. También podemos calificar con este término a quienes carente de escrúpulos no dudan en usar medios poco éticos con tal de lograr obtener lo que quiere en la vida, valiéndose para ello de sus influencias y cercanía al poder. No se trata de poner nombres pero… ¿A que a tod@s se nos vienen a la mente una serie de nombres? Porque en torno al poder, se mueve toda una fauna humana que ilustra la tipología de los conspiradores, de los traidores, de los viles, capaces de venderse siempre al mejor postor. Y lo que es peor, que en muchas ocasiones no solo se mueven en torno al poder, sino que lo tienen en sus manos.
¿Por qué se quiere “parecer”? Quienes llegan a la política con intereses espurios, sienten la necesidad de ser tenidos rápidamente en cuenta y con tal objetivo, no dudan en parecer una cosa y, si fuese necesario, la contraria. Hay que demostrar que se es, aunque no se sea, o al menos, parecer que se es. Se comparten las opiniones de quienes pudieran ser “aliados necesarios”, se batalla contra los “enemigos” de mis “amigos”, que por supuesto son los que mandan,  y siempre se está en condiciones de ofrecer la opinión más adecuada al momento, o al asunto concreto. Se pretende parecer que todo es altruismo, pero en verdad todo es puro interés personal. Esto del “parecer” va muy ligado al arribismo y una cosa es complementaria de la otra para asegurar el “éxito”. Si además el “parecer” se acompaña del “don de oportunidad”, entonces no hay duda: “Éxito asegurado”.
¿Entonces, qué es aparentar? ¡Ay, aparentar!. Aparentar es el “culmen” de todo personaje político llegado a esta actividad con el “sano objetivo” de medrar. Los hay que se conforman solo con la apariencia de influencia. Con el solo hecho de que se les relaciones con el poder por vía de la amistad, del posicionamiento político, de la capacidad de ser “escuchado”… por quienes realmente tienen poder. Estos personajes se convierten por “motu propio” en intermediarios entre la sociedad y el poder, son los “conseguidores”, los hacedores de favores de forma altruista, y se consideran bien “pagados” con el reconocimiento de esa aparente influencia. Pero como recoge el refrán: “del dicho al hecho…”
Pero no quedan ahí los “ejemplares de la apariencia”, no, también los hay que desde el mismo poder, pero en escalones inferiores, pretenden aparentar sobre la enorme influencia y capacidad que tienen para determinar, para condicionar decisiones. Son los que de forma casi imperceptible dejan caer el comentario de la cercanía y complicidad que tienen con el alcalde, el consejero o el ministro, dependiendo el territorio que abarque este ejemplar de la “fauna humana”,  y que las decisiones de importancia no se toman sin su necesario concurso. No solo alardean de la “amistad con…”, sino de la cuasi dependencia emocional que ese alcalde, consejero o ministro tiene de su persona. Se trata, en definitiva, de establecer a su alrededor una aureola de “Very Important Person”. 
Y si estos ejemplares “faunísticos” son ya de por si una forma de descrédito de la política, lo son aún más, quienes accediendo al poder desde el voto popular, tratan de ser y aparentar, influencia en un campo social que le es ajeno. Son los que “intercambian favores” en pos de ganar esa apariencia de influencia en un “mundo ajeno” que en el fondo repudia la ideología que este personaje representa y solo el cargo es lo que le abre algunas puertas. Este tipo de personajes son los primeros en olvidar el por qué y por quién están donde están, y en el fondo no son lo que debieran ser.  
Quizás todos compartamos en análisis y el diagnostico del actual descrédito de la llamada “clase política”, de su mediocridad. Y aquí como en toda generalización se estará cometiendo una injusticia. Pero no hablamos de particularidades, que las hay, sino de la opinión que la mayoría ciudadana tiene de quienes se dedican a la actividad pública. Y si esto es así, se debe en gran parte a los personajes descritos anteriormente, pues a pesar de que no sean mayoría, son sin embargo quienes mas notoriedad alcanzan. Notoriedad intrínsecamente necesaria para sus fines, pues de qué sirve aparentar en la “intimidad”.
Pero en la política, como en todos los aspectos de la vida, nada dura para siempre, nada es eterno y todo, además, suele exigir contrapartidas. Y las contrapartidas con las que estos personajes suelen compensar sus “andanzas”, no son otras que la traición a los valores y el descrédito de la organización a la que pertenecen.
Como se expresa en la cita de Karl Kraus: “Aparentar tiene más letras que ser”, estos personajes aparentan mucho más de lo que son. Aunque estén y parezca que son.
Pero letra es un término que también significa Documento de crédito por el que un acreedor ordena a su deudor el pago de una cantidad determinada, a él mismo o a la persona o entidad en cuyo poder está la letra”. Y esto es lo peor de todo, que quienes pagan esas “letras” que dejan esos “ejemplares faunísticos“,  no son quienes contrajeron el compromiso de hacerlo, ni quienes disfrutaron de los “favores” por estar, parecer y aparentar. No, quienes realmente pagan “las letras” son aquell@s que realmente Son
Rafael Valera – 03-09-2017

 

El gato de Schrödinger y la coherencia intelectual.

Hace unos días y a raíz de la publicación en un grupo de WhatsApp de un “meme”, de los muchos que sobre los inmigrantes han circulado por las redes como consecuencia de los atentados de Barcelona y Cambrils, un compañero y amigo me “animaba” a escribir algo sobre el gato de Schrödinger aplicado al inmigrante.
Por aquello de que “cada texto tiene su contexto”, veamos la secuencia de la conversación en cuestión, para que de esa forma pueda entenderse el objetivo de este post.
El meme se publica, por “Pepe”, origina la “conversación” siguiente:
Moro
Comentario de mi amigo (quien me anima a este post, llamémosle Emilio): “¡Ojú Pepe!
Comentario por mi parte: “Joder Pepe, estás propagando todas las ideas de la extrema derecha”.
Respuesta de Pepe: “Pues quien me lo envió es de I.U.”
Cometario de Emilio: “El gato de Schrödinger ha pasado a ser el inmigrante de Schrödinger” “lo mismo cobra subvenciones por no hacer nada, que nos roban el empleo”
Comentario por mi parte: “Algún día tendríamos que revisar la coherencia entre las ideas, los pensamientos, los comportamientos y las siglas. Porque creo que algunos tienen un <<galimatías mental>> de mucho cuidado”
Comentario de Emilio: “Rafael, te animo a que escribas algo del gato de Schrödinger aplicado al inmigrante. Tienes buena pluma y mucho sarcasmo en tus comentarios”
Comentario por mi parte: “Tomo nota”
En torno a esta conversación “cibernética”, se realizan una serie de comentarios por otras personas intervinientes, pero que, al no incidir en la causa de este post, omito de transcribir.
Bien, pues vayamos al fondo del asunto, y si mis amig@s me permiten la licencia y perdonan la comparación, diré que se me vino a la mente el inicio del soneto de Lope de Vega: “Un soneto me manda hacer Violante/que en mi vida me he visto en tal aprieto…”. Aunque en este caso lo de Emilio solo fue una sugerencia.
Como supongo que tod@s somos “poco expertos” en física cuántica (yo al menos me declaro de “ignorancia supina”), expliquemos algo al respecto:
El experimento del gato de Schrödinger o paradoja de Schrödinger es un experimento imaginario concebido en 1935 por el físico austríaco Erwin Schrödinger para exponer una de las interpretaciones más contra intuitivas de la mecánica cuántica.
Erwin Schrödinger plantea un sistema que se encuentra formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere.
Al terminar el tiempo establecido, la probabilidad de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto es del 50%, y la probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y el gato esté vivo tiene el mismo valor. Según los principios de la mecánica cuántica, la descripción correcta del sistema en ese momento (su función de onda) será el resultado de la superposición de los estados «vivo» y «muerto». Sin embargo, una vez que se abra la caja para comprobar el estado del gato, este estará vivo o muerto.
Según el experimento, el gato está vivo y muerto a la vez, debido una propiedad que poseen los electrones, de poder estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, pudiendo ser detectados por los dos receptores y dándonos a sospechar que el gato está vivo y muerto a la vez, lo que se llama superposición. Pero cuando abramos la caja y queramos comprobar si el gato sigue vivo o no, perturbaremos este estado y entonces veremos realmente si el gato está vivo o muerto. Ahí radica la paradoja.  El gato está vivo y muerto a la vez pero en ramas diferentes del universo: ambas son reales, pero incapaces de interactuar entre sí debido a la decoherencia cuántica.
Desisto de seguir por este camino porque seguro que mis amig@s  no solo no acabarían la lectura del post, sino que seguramente me bloquearían también en el Facebook. ¿Quién querría tener de amigo a un “majadero”?
Pero si observáis, ha aparecido un término “decoherencia”, que es un “palabro” que la RAE no reconoce como palabra, pero que viene a tener el significado de los diferentes comportamientos entre los sistemas microscópicos y los macroscópicos, es decir de los que exhiben efectos cuánticos. Y es esto precisamente (los diferentes comportamientos) lo que realmente me animó a aceptar el reto de mi amigo Emilio.
Pero no podía hacerlo sobre el asunto que él proponía, (el gato de Schrödinger aplicado al inmigrante), so pena de parecer repetitivo e incluso caer en el “plagio”, pues ya se había publicado el día 8 de agosto un post sobre este asunto, y lo hacía en su blog personal “René Behoteguy Chávez, economista boliviano”. Post, que recomiendo leer.
Así que se estrechaba el campo y se reducían las posibilidades, aunque en verdad, y si se repasa la conversación se puede observar, que yo de lo que realmente proponía hablar es de  la coherencia entre las ideas, los pensamientos, los comportamientos y las siglas” , y el “meme” en cuestión da pie para ello.
Lo primero que habría que preguntarse es cómo una persona que se encuadra en las filas de la izquierda, da cobertura propagandística a ese tipo de “memes”.
¿Lo hace porque realmente comparte la idea implícita en el mensaje?
¿Lo hace dejándose llevar por la corriente anti-inmigrantes que los atentados ha producido?
¿Lo hace de una manera irreflexiva y sin detenerse a pensar en el significado y el mensaje que traslada?
Podríamos seguir planteándonos dudas sobre el por qué de su actuación, y quizás la persona en cuestión nos daría una explicación al respecto. Pero el asunto no dejaría de ser una anécdota, si no fuera porque no es una persona, sino cientos, miles, las que manifestándose progresistas, dan cobertura a este tipo de mensajes. E incluso el problema tendría cierta acotación, si fuese solo este tema el que resaltase la incoherencia entre el “estar y el ser”. Porque se puede estar y no ser, porque las simpatías, e incluso la militancia bajo unas siglas, no siempre se corresponde de forma coherente con los pensamientos, con las ideas y con el comportamiento, es decir hacer coincidir la “tesis con la praxis”, el “dicho con el hecho”.
En esa senda de los interrogantes podríamos preguntarnos cómo es posible abogar por la mejora de los servicios públicos, sanidad, educación, transportes, etc., y a la vez decir que hay que pagar menos impuestos. Reclamar la mejora y el incremento de las pensiones públicas y defender la privatización de las mismas. Reclamar que nuestras calles estén más limpias y a la vez no querer abonar la tasa de recogida de basuras, o lo que es aún peor, ir tirando papeles, colillas o restos de comida al suelo. Y así podríamos continuar hasta cansarnos. 
Habrá quienes inmediatamente respondan que ya pagamos bastante, que lo que se tiene que hacer es gastar mejor. Y parte de razón llevarían, pero una cosa es el control y la exigencia que como ciudadanos tenemos para con nuestros gobernantes y que estos sean escrupulosamente honestos y gestionen con rigor, y otra bien distinta la defensa de unas posiciones en política económica que se encaminan en sentido contrario a lo que demandamos.
Seguramente tod@s nos hemos encontrado en ocasiones con la actuación incoherente de personas a las que conocemos o que nos trasladan sus pensamientos a través de los medios, e incluso en ocasiones hemos sido incoherentes en nuestras propias actuaciones. Y sería perdonable. Nadie puede exigir la coherencia absoluta pues ello podría conducir a un pensamiento rígido, inalterable y sujeto al dogmatismo. Pero eso es una cosa y vulnerar los principios y valores éticos-ideológicos, que voluntariamente, decimos compartir, es cosa bien distinta. 
Bastaría una mirada al “patio comunal” que componen las Redes Sociales, para poder desarrollar toda una “tesis doctoral” al respecto. Y cuanto más controvertido es el asunto mayor incoherencia se delata en el comportamiento. Pero esa incoherencia no debería significar más que un síntoma general del comportamiento, si quedase reducida al ámbito personal, si no fuese unida a la defensa en nombre de la misma de posicionamientos políticos. Porque al tomar un posicionamiento político se hace extensiva, esa posición defendida, al conjunto de personas que pueden ser coparticipes de la ideología que la ampara y es ahí donde se produce el verdadero “choque de trenes”. Porque quien se siente de izquierdas, en sus diferentes variables ideológicas, difícilmente podría aceptar que se asocie inmigración, con delincuencia, que se utilice el término “moro”, o que se propague la xenofobia, la homofobia, la islamofobia… o cualquier tipo de fobia que haga prevalecer la superioridad de una persona sobre otra en función de la raza, religión, lugar de nacimiento, inclinación sexual…etc
Desgraciadamente son muchos los casos en los que eso ocurre, Y no, no se trata de defender el pensamiento único ni las verdades absolutas.  Nada más alejado que ello de quienes defendemos la pluralidad, el libre pensamiento y la duda como elemento fundamental para que por medio del debate la sociedad avance y progrese. Pero todo pensamiento, toda idea y toda ideología ha de estar sustentada en unos valores y principios éticos acorde con la filosofía política que la inspira, con el modelo social que defiende.
Si algo ha calado en los últimos tiempos en el pensamiento social colectivo, ha sido la idea del “decrepito de las ideologías”. Y nada más falsa y contradictoria en si misma, esta idea, pues justamente ese pensamiento es impulsado por quienes desde posiciones neoconservadoras, pretenden imponer este pensamiento como único. Es decir “mueren las ideologías” pero mantenemos la que somete a la sociedad a la mayores desigualdades, mayores injusticias y antepone el beneficio de unos pocos al bien social de la mayoría.
Pero a ese mensaje de la “muerte de las ideologías”, se ha contribuido también desde muchas posiciones en el campo de la izquierda. Unos cuando en nombre de la “eficacia”, han puesto la sociedad al servicio de la economía en vez de la economía al servicio de la sociedad, o han arrinconado los valores que dieron paso a los mayores avances sociales conocidos. Rompieron los necesarios equilibrios que posibilitaron la creación del estado de bienestar, el progreso social y ese tácito Contrato social emanado de los valores socialdemócratas. Y otros negando toda posibilidad de progreso si no es como consecuencia de posiciones populistas. El resultado: una sociedad desideologizada o absolutamente desorientada en su propia ubicación ideológica. Con personas que materializan sus inquietudes sociales en las organizaciones políticas, pero que carecen, y no por su culpa, del asentamiento intelectual ideológico que les permita encuadrar sus pensamientos, valores e ideas con los principios y objetivos políticos de la organización con la que simpatizan o militan. 
Y es, la sociedad desideologizada, el mejor caldo de cultivo para el crecimiento del populismo de uno u otro signo. Y la historia nos enseña que la implantación del populismo es la puerta de entrada del fascismo. En esa espiral estamos, España, Europa…el mundo.
 
Cuando las personas dejamos de ser consideradas ciudadanos para ser simples consumidores, cuando de alguna manera somos inducidos de forma inconsciente a tener unos comportamientos predeterminados, se nos impone un estilo y ritmo de vida, unos hábitos de consumo y una determinada manera de hacer las cosas, entonces es que, posiblemente el experimento imaginario de Erwin Schrödinger, haya sido puesto en práctica con nuestro mundo actual por medio de la psicología de masas. Y la mayoría de las personas somos el “gato” del experimento, que encerrado en la caja, la de nuestras propias conciencias, alternemos el estado “vivo/muerto” en función de esa propiedad que poseen los electrones para poder estar en dos lugares distintos al mismo tiempo. Pero ocurre que las personas no tenemos la propiedad de los electrones y que nuestras conciencias son las que ordenan nuestros comportamientos, así que si alternamos el “vivo/muerto”, quizás sea debido a que alguien (los poderes estructurales) disponga del resorte para hacer cambiar nuestro estado de acuerdo con las necesidades que sus interese conllevan. Somos activos o pasivos en función de los intereses de esos “poderes estructurales”. Son ellos los que determinan nuestro estado de “vivo/muerto”, y de ahí nuestra propia “decoherencia” para defender una cosa y la contraria y además hacerlo bajo el mismo paragua ideológico, (metidos en una caja, al igual que el gato) amparados por unas siglas que dan “empaque” a nuestras opiniones.  Se ha conseguido por fin la superposición de ideas en nuestras conciencias y, sin “complejo” alguno, defendemos una cosa y la contraria, todo dependerá del “input” que hayamos recibido en nuestras mentes. En otra ocasión hablaremos de cómo nos llega ese “input”.
Solo me cabe la duda (que en realizad es una certeza), que de haberse efectuado realmente el experimento del “gato de Schrödinger”,  al abrir la caja el gato estaría muerto, porque la capacidad de alternar de estado solo se da en el mundo de la física microscópica, es decir, en el de la física cuántica, y el gato, al igual que los humanos, nos movemos en el mundo macroscópico, en el de la física clásica.
Así amig@s, que rechacemos la “superposición” y la “decoherencia” y apostemos por la coherencia de los valores, por la ideología. Que nadie quiera reducirnos a “partículas cuánticas”, que poseen todos los valores al mismo tiempo y se mueven en un mundo microscópico. Porque si no lo hacemos, al abrir nuestras conciencias nos daremos cuenta que intelectualmente estamos muertos. Nos ha matado la “superposición” y la “decoherencia”.

Rafael Valera 25-08-2017

Incrementar la participación, mejorar la democracia.

 


Con cierta frecuencia aparecen en los medios de comunicación, en blog personales e incluso se publican algunos ensayos, que vienen a plantear el debate sobre la crisis del sistema de representación, de la llamada democracia liberal, entendiendo esta como  una forma de gobierno basado en la representación, donde la capacidad para la toma de decisiones reside en los electos. si bien, sujetos estos al derecho que regula las libertades individuales y colectivas. Encuadrada su actuación, por tanto, en las “reglas de juego” determinadas por el llamado “Estado de derecho”.

Últimamente el debate se ha dirigido hacia una parte esencial del sistema de participación y representación. Se teoriza sobre si lo más adecuado es reafirmar la primacía del electo sobre el elector o, por el contrario, reforzar el poder del elector de manera que encorsete la actuación del elegido.

No es mi intención con este post refutar ninguna de las muchas “teorías” expuestas, sino reflexionar sobre el problema de fondo. Problema que no es otro que el alejamiento de los electores de quienes fueron depositarios de su confianza. Del por qué de la desconfianza, que una parte importante del cuerpo electoral manifiesta hacia quienes han de representarle. Unas veces no participando en el acto de elección y otras rechazando sus actuaciones incluso cuando se ha depositado la confianza en algunos de los electos.

Tendríamos que partir estableciendo que la democracia, entendida tal como determina su origen en la antigua Grecia:  “Gobierno del pueblo”,  es un “cuerpo vivo”. Un cuerpo que se ha ido “adaptando al medio”, no solo para sobrevivir, sino para ir perfeccionándose como tal. Y si estableciéramos una comparativa entre la democracia griega, la de la República Romana, o la nacida a raíz de la Revolución francesa, comprobaríamos que tanto el “cuerpo electoral”,  como las reglas y métodos de funcionamiento e incluso los fines de uso de la democracia son notablemente distintos. Mas adelante veremos algunos ejemplos.

(Hay historiadores que cuestionen si realmente la República Romana fue una democracia, porque no todos los votos tenían el mismo valor y había una sobre representación de las tribus rurales sobre las urbanas. Pero esto de alguna manera también se produce hoy en nuestras democracias) 

Pero es evidente que la brillante idea de Clístenes, (que es considerado el verdadero fundador de la democracia, aunque él utilizara el término “Isonomíay Aristóteles “politeía”) no es utilizada hoy como lo fue en Atenas. El Consejo de los Quinientos que ejercía el poder en la ciudad ateniense, se componía por ciudadanos mayores de treinta años, elegidos por sorteo por un periodo de un año,  y solo se podía pertenecer al mismo una vez en la vida, y a no ser que todos los ciudadanos hubiesen pasado ya por el Consejo, solo entonces, cabía la posibilidad de ser miembro por segunda vez. No es necesario recordar el sistema de representación actual para ver la diferencia.

De igual manera el cuerpo electoral del sistema democrático ha ido cambiando-evolucionando, de forma que el limitado cuerpo electoral griego, fue ampliado en la República romana, aún más en la Revolución francesa, hasta llegar al llamado sufragio “universal” de nuestros días. Y entrecomillo universal, porque esa universalidad, que se ha ido ampliando a lo largo del tiempo, está limitada a un mínimo de edad, y hoy se empieza a debatir sobre la conveniencia o no de reducirla. Sin olvidar por supuesto, la lucha por el sufragio femenino, que si bien se ejerció por vez primera en 1776, en el estado de Nueva Jersey (EE.UU), no fue hasta finales del siglo XIX, en algunos países, o principios del siglo XX en otros, cuando alcanzó cierta universalidad. Concretamente en España la mujer ejerce su derecho al voto por vez primera el 19 de noviembre de 1933  Vemos por tanto, que la democracia es dinámica, aunque haya quienes la prefieran “estática”.

¿Por qué entonces, esa aparente crisis de legitimidad? 

El esquema funcional de la democracia representativa consolidado en el siglo XIX, se fundamenta en una separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), y estos tienen diferentes esferas de actuación:

• Poder Legislativo: “Elaboración y aprobación de las leyes”.

• Poder Ejecutivo: “Administración y ejecución de las leyes”.

• Pode Judicial: “Aplicación de sanciones a quienes incumplen las leyes y resolución  de  conflictos

Si bien el legislativo, como representante de los ciudadanos y depositario de la soberanía popular, ha venido ampliando, como ya hemos visto, su base de representación con el incremento de su cuerpo electoral a través del tiempo, los otros dos poderes básicamente conservan, prácticamente, su “status de nacimiento”. Incluso hay cierta similitud entre la elección de los miembros de los Tribunales atenienses, que eran elegidos entre ciudadanos de más de treinta años que se presentaban voluntarios para el cargo, con la elección de determinados cargos judiciales que se realizan en algunos Estados de Norteamérica; si bien estos requieren de formación académica acorde con el puesto.

Como hemos visto hasta ahora, la democracia como ejercicio carecía del elemento fundamental que la distingue y la legitima: La existencia de “agrupaciones” que aglutinen los intereses de grupos de electores y que estos puedan defender los mismos. Es decir los partidos políticos. Porque la idea de poder legítimo no puede fundarse ni operar sin incorporar la voluntad popular; y esta adquiere su expresión por medio de la participación en organizaciones en las que ejercer y/o depositar la voluntad de representación. Y no es hasta mediados/finales del siglo XIX, con la creación de los partidos políticos, cuando realmente se puede decir que el “pueblo inicia su participación en la democracia”. ¡Veinticinco siglos después se alcanza la participación “universal”!

¿Empezamos a estar de acuerdo en el “dinamismo” de la democracia y en su continua evolución y perfeccionamiento?

De ahí que la teórica “crisis” por la que se dice atraviesa la democracia representativa, haya que verla, en mi opinión, como una oportunidad de perfeccionamiento, de adaptación a una sociedad que ha evolucionado en los últimos veinte años casi tanto como en los dos siglos anteriores. Donde la revolución tecnológica ha introducido un nuevo factor de “poder”. Y si a los tres tradicionales poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) se le añadió el “cuarto poder”, para definir la influencia que los medios de comunicación iban adquiriendo, sobre todo a raíz de la aparición de la radio y la televisión <<Esta expresión “Cuarto poder”, adquiere relevancia en el siglo XIX,  cuando el escritor y filósofo escocés Thomas Caryle  hizo referencia al discurso pronunciado por el político anglo-irlandés, Edmund Burker en la sesión de apertura de la Cámara de los Comunes, dijo que había tres poderes en el parlamento; y señalando que en la tribuna de prensa (que ocupaba el cuarto espacio de los escaños) era donde se sentaba el cuarto poder, de lejos, más importante que todos ellos. Con el paso del tiempo, se popularizó el término y hoy todo el mundo identifica de esta forma a los medios de comunicación>>. Hoy día podríamos ampliar los poderes a un quinto, las Redes Sociales, y no sería yo capaz, emulando a Burker, de asegurar que este “quinto poder” no termine siendo más importante que los otros. Justo por esto, es por lo que el sistema democrático, las normas que regulan la participación y los mecanismos para ello, no deberían ignorar su existencia y su relevante presencia. Y si un sistema democrático no se concibe como tal sin una prensa libre e independiente, cosa que en estos momentos es más que discutible en muchos países con regímenes democráticos, el futuro nos va a obligar a preservar la independencia y la libertad de las RR.SS. y que estas no sean monopolizadas por los poderes económicos-financieros, tal como ocurre con una parte importante de los medios de comunicación.

Pero volvamos al asunto inicial, el por qué de la crisis. Ciñéndonos a nuestro país, la “crisis democrática”, que ya había dado algunas señales anteriormente, se agudiza a raíz del estallido de la crisis financiera, que se extiende a la economía en general y que termina siendo una crisis social y por ende política. Si a ello le añadimos los innumerables casos de corrupción ligados a los partidos y/o gobernantes, que estallan de forma paralela a la crisis económica, los recortes de derechos, la pérdida de poder adquisitivo de la clase media y trabajadora,  que produce con ello el empobrecimiento de la mayoría social y que agudiza con ello la desconfianza en la clase política. Son estos los elementos que propician la aparición de organizaciones que ponen en duda la legitimidad del sistema y que aprovechan la coyuntura para ocupar espacios políticos que o bien han sido abandonados por los partidos tradicionales, o bien se han abierto como consecuencia del descontento social.

Pero recordemos lo recogido en el artículo 6 de nuestra Constitución: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

La experiencia y el análisis podría llevarnos a afirmar que, efectivamente, los partidos políticos españoles cumplen con el precepto establecido en el citado artículo. ¿Pero cumplen de acuerdo a las exigencia de la sociedad de hoy día? Porque al igual que no dudamos en calificar como democracia la forma de gobierno de Atenas hace veinticinco siglos, o las formas de participación política nacidas inmediatamente después de la Revolución francesa, nadie aceptaría que esos fuesen los cánones de funcionamiento por los que debiéramos regirnos hoy día.

No es, según mi parecer, tanto una crisis del sistema democrático, que sin duda hay que mejorarlo, sino más bien una mala praxis de sus “actores”, y la incapacidad de los mismos para adecuar el funcionamiento a las exigencias sociales. Esto ha llevado a generar tal desconfianza hacia la clase política, que ha puesto en cuestión el sistema. Pero si se repasan todos los estudios sociológicos y de opinión, la inmensa mayoría se declara y decanta por el sistema democrático.  

Como reacción a lo anterior, la sociedad exige nuevas formas de hacer y estar en la política. Reclama, entre otras cosas, una mayor participación en asuntos que le afectan de forma directa, quiere ser consultada en temas que conciernen a su calidad de vida, y se muestra muy vigilante en la utilización de los recursos públicos. La sociedad aboga por un mayor compromiso ético en el comportamiento de la clase política, se demanda una nueva regulación de las normas de participación y se desea u​na adecuación de los derechos y libertades recogidos en nuestro ordenamiento jurídico.

¿Tan difícil es entender que la sociedad quiera participar en los asuntos públicos? ¿Por qué ese temor a consultar sobre asuntos de trascendencia? ¿Deteriora eso la “calidad democrática”, como algún@s defienden? ¿Es de mejor calidad la democracia española, reacia a las consultas, que la de Suiza, donde está tan arraigada la consulta, o la de muchos Estados que integran los Estados Unidos de América, donde es frecuente la coincidencia de varias consultas simultáneas con la elección de Gobernadores, Senadores o miembros de la Cámara de Representantes? No, no creo que nadie se atreva a mantener que la “nuestra es la mejor”.

Y si todo lo anterior es exigible como conjunto, a los partidos políticos les afecta por partida doble. Por una lado como parte integrante de la sociedad y por otro como organizaciones que pretenden canalizar las aspiraciones de una mayoría social que permita, desde el gobierno poner en marcha un programa político. Es por ello, por lo que las formas, las normas y los compromisos deben estar en consonancia con esas exigencias. ¿Cómo si no, se puede afrontar  una demanda social de más democracia, si no es profundizando en ella en el interior de los partidos? ¿Cómo se ha de actuar para responder a esa exigencia ética que pide ejemplaridad de los cargos público, si no es siendo ejemplares en los cargos internos? ¿Cómo se genera confianza de la ciudadanía, si no es con el ejemplo de quienes se identifican como un partido?

En ese reto se mueve el debate y en él han de encuadrarse los cambios que se hacen necesarios. Los socialistas hemos afrontado ese reto de una manera adecuada. Dando una respuesta democrática, en mi opinión ejemplar, consolidado el sistema de primarias, como método de elección de cargos y candidatos. Sistema que, al igual que la democracia irá perfeccionándose con el tiempo, pero que le guste o no a una parte del partido, las primarias han venido para quedarse. Porque quienes no son partidarios del sistema, aduciendo diferentes causas, han de entender que esa profundización democrática exige, y responde a su vez, a una participación mas activa de la militancia. Quienes argumentan que la elección directa puede derivar hacia liderazgos “cesaristas”, deberían explicar el por qué de esa teoría y si, por el contrario no resulta más “cesarista” la elección de un/a responsable acordada entre unos pocos, sin oposición posible y refrendada luego por el sistema “a la búlgara”. No, el “cesarismo” no está en el método, sino en la práctica. Y lo más parecido al “cesarismo” es el rodearse de cohorte de fieles “acríticos”, pero no la elección directa por la militancia.

Por último, para no cansar a mis amig@s, solo plantear una reflexión en forma de pregunta, para que sobre ella intentemos ver el origen del problema. Porque si no analizamos bien el origen y las causas de los problemas, difícilmente seremos capaces de encontrar las soluciones adecuadas. La pregunta no es otra que la siguiente: ¿Cuándo la ciudadanía se aleja de la política, no será debido al incumplimiento de los compromisos adquiridos, a una práctica alejada de los valores que se dicen defender y a un cierto desprecio por el sentir de la misma? Si ya sé que es una interrogante múltiple, pero seguramente tendrán la misma respuesta.

Como escribió Platón: “Uno de los castigos por rehusar a participar en política, es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti”. Tal vez hemos estado demasiado tiempo “rehusando la participación”.

Si habéis llegado hasta aquí, mi doble agradecimiento amig@s, por la lectura y por la paciencia.

Rafael Valera – 22-08-2017

 

Me siento cabreado.

En ocasiones nos cuesta trabajo encontrar la palabra adecuada para expresar con claridad nuestro estado de ánimo. Nos surge la duda. Y en esa situación me encontraba esta mañana. Dudaba si el término adecuado era enfadado, colérico, enfurecido, iracundo…, optando al final por el de “cabreado”. Porque este vocablo, una de sus acepciones según la RAE, es la de “enfado, mal humor”, pero además es un término más coloquial que los anteriores, y como de lo que se trata es de “hablar entre amig@s”, qué mejor que hacerlo de forma coloquial.  Y si, me he levantado cabreado, aunque para ser más exacto, habría que decir que ya me acosté cabreado anoche.

Me siento cabreado por lo ocurrido ayer en Barcelona, por la actuación de unos descerebrados, de unos fanáticos asesinos, que se han llevado por delante la vida de trece personas inocentes y que han enviado al hospital a un centenar más. Y ni siquiera expresando mi condena sobre este acto terrorista y mi solidaridad con las victimas y sus allegados, baja la intensidad del cabreo.

Me siento cabreado porque he recordado las declaraciones que nuestro “ínclito” ministro del Interior, Sr. Zoido, realizó el pasado mes de enero, a raíz del atentado ocurrido durante las Navidades en Berlín.

Decía Zoido “Lo que ha sucedido en Berlín aquí no puede suceder. La coordinación es extrema cada día y me asombra la discreción con la que se trabaja”.

Comprendo que este tipo de actos terroristas, como otros muchos, no siempre es evitable, pero mi cabreo viene por la frivolidad con la que estos personajes tratan cuestiones tan serias.

Me siento cabreado, porque nada más tenerse las primeras noticias sobre que un vehículo había atropellado a varias personas en Barcelona, cuando aún la opinión pública no tenía la certeza de que ello fuese un atentado terrorista, algún@s indeseables intentaran sacar rédito político y dieran rienda suelta a su xenofobia, islamofobia, catalanofobia…y todas las fobias que anidan en el interior de su cerebro, donde el espacio que han dejado libre las neuronas, lo ocupan ¡y de qué manera! el odio. Y no me cabreo solo por ver lo que algún@s decerebrad@s trasladan a las RR.SS., digamos que ese es el “precio” que se paga por pertenecer a este mundo globalizado. No, el mayor cabreo es cuando se le da pábulo a todo tipo de insidias, mentiras y rumores interesados que salen de la “boca, o pluma” de lo más granado del facherío patrio. Personajes que aprovechan el disponer de las tribunas que le ofrecen algunos medios de comunicación, para dar riendas suelta a todos los “demonios” que llevan dentro.

Me siento cabreado por la falta de empatía que demuestran las personas que se dedican a convertir en viral las imágenes de la tragedia tras el atentado. Mostrar imágenes de las personas muertas o heridas en el atentado viola, en mi opinión, no solo el derecho de esas personas, sino que atenta contra la más elemental ética del comportamiento. ¿Se han planteado quienes difunden las imágenes, cual sería su reacción si en las mismas apareciese un familiar, un allegado, un amigo…? ¿Entenderían que se hiciese lo que ellos hacen, o condenarían esa forma de actuar?

Me siento cabreado por la cantidad de “cerebros vacíos” que inmediatamente relacionan el atentado con una determinada creencia religiosa o con una raza, tratando de generalizar la condena y culpabilidad al conjunto de la misma. De nada vale que el atentado haya sido condenado por las asociaciones de quienes al parecer profesan la misma religión que los asesinos. De nada vale que hayan sido muchos musulmanes los que han caído bajo las bombas de este tipo de terrorismo, de nada vale que entre nuestr@s amig@s tengamos quienes practican esa religión y sean excelentes personas. No, no sirve de nada, la condena es general y no hay “perdón de Dios”.

Nosotros, los españoles, nos llevamos muchos años sufriendo el terrorismo etarra, pero cuando ETA asesinaba de un tiro en la nuca o poniendo una bomba lapa en los bajos de un coche, hacíamos pedagogía insistiendo en separar a la banda terrorista del conjunto de los vascos. No hubiese sido ni justo ni real, porque la inmensa mayoría del pueblo vasco no compartía las actuaciones de la banda y, además, fueron muchos los vascos asesinados por los terroristas. A nadie se le ocurrió entonces, dado que los militantes etarras profesaban en su mayoría la religión católica, exigir que los católicos, como organización, se pronunciase públicamente para condenar los atentados, sino que éramos el conjunto de la sociedad la que manifestábamos de forma conjunta nuestra condena. Ahora parece que las creencias y el lugar de nacimiento determinan la “bondad” de la persona, y el nacer en España y ser católico, viene a significar el modelo de persona que debería “poblar el mundo”. Con lo cual y de acuerdo con esa “teoría”, deberíamos reclamar la aprobación de una ley universal que obligue a toda mujer, del país que sea, el dar a luz en España, que el “vástago” sea inmediatamente bautizado y con ello adquiera los dones necesarios para andar por el mundo de los buenos. Y quizás si afináramos algo más, para que la ley fuese realmente buena, deberíamos pensar qué lugar de España es el más adecuado, porque seguro que en eso existen diferentes opiniones.

Yo no soy creyente y considero que todas las religiones tienen un fondo de fanatismo que puede anidar en las mentes “poco estructuradas”, pero respeto las creencias de cada cual y admiro la coherencia y entrega de muchas personas que las practican. Pero ese mismo respeto se ha de tener con quienes no practicamos ninguna y repudiamos el fanatismo. No obviemos la cita de Voltaire que dice:
”Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro la enfermedad es casi incurable”.

Y he dejado para el final el último de los motivos de mi cabreo. Dirigido este hacia quienes gobiernan el Estado y la Generalitat. Pues ni siquiera en una situación tan dramática como la ocurrida en Barcelona, han tenido la gallardía de aparcar sus diferencias y afrontar conjuntamente la situación. Se crean dos “gabinetes de crisis” ¿Por qué no uno solo y de forma conjunta? ¿Por qué no una comparecencia conjunta?

Un atentado que tiene lugar minutos antes de las 5 de la tarde, y que como se puede comprobar por las audiciones de los “Mossos de Escuadra”, se cataloga como atentado terrorista desde el primer momento. El Presidente Puigdemont comparece ante la prensa, y por consiguiente ante la ciudadanía, pasadas las nueve de la noche. El Presidente Rajoy lo hace pasadas las doce de la noche, es decir entrado ya el día 18 de agosto.

Me importa muy poco que la comparecencia de Puigdemont, conjuntamente con la Alcaldesa de Barcelona, se hiciese en catalán. Quizás porque si se habla despacio, soy capaz de entenderlo, y si no pues para eso se acompañó de la traducción simultanea que realizaban los presentadores de los diferentes medios. Si se estuviese tratando este asunto desde el punto de vista de la mercadotecnia, se podría decir que es un error, pues delimita mucho el “mercado potencial”, pero también habría quienes podrían aducir que es ese el mercado al que se dirige el mensaje. En cualquier caso no entiendo ni comparto que de este asunto se genere todo un debate en el que aparecen de nuevo las fobias y los odios, intentando algunos arrimar el “ascua a su sardina”. Lo que realmente debería preocuparnos es que exista una verdadera coordinación policial para detener a quien parece ser el autor material del atentado, así como evitar en lo posible que algo igual se repita. Esa debe ser la preocupación y en pos de ese objetivo deberían trabajar.

La verdad amig@s, es que tras esta “breve charla”, me siento algo menos cabreado. Así que gracias por vuestra paciencia.

Rafael Valera 18-12-2017