El escándalo como impulsor ético.

Escribió Christian Johann Heinrich, poeta y ensayista alemán, perseguido en su país por ser seguidor del socialismo utópico (Sansimonismo):
“Todo delito que no se convierte en escándalo, no existe para la sociedad”
Esta cita, que data de mitad del siglo XIX, parece muy adecuada para la sociedad actual. Como si hubiese sido pronunciada ayer mismo. Porque nuestra sociedad viene asistiendo impasible a múltiples delitos que absorbe cuan bebida agradable, sin entender que esa “bebida” contiene el veneno de la mayor de las corrupciones, la corrupción intelectual. Esa corrupción que admite como lógico el delito de “cuello blanco”, que acepta, comprende y justifica el resto de las corrupciones, la económica, la política, la social.. De manera que en pocas ocasiones la sociedad se rebela contra ese “designio del destino”, que parece haber caído sobre nuestras cabezas. Han sido tantos los casos de corrupción que han sido absorbidos socialmente, que en ocasiones resulta complicado entender la pasividad con la que los mismos son aceptados.
Hay quienes achacan esto a la tradicional “picaresca española”.  Se producen multitud de situaciones, en las que el proceder no solo rompe las reglas éticas y morales, sino que constituyen delitos tipificados en el Código Penal, sin embargo son aceptados socialmente, incluso en aquellas ocasiones, que han sido objeto de condena penal. La sociedad “indulta” en vez de sancionar.
Nuestra historia está llena de casos, personajes, a los que se les ha premiado socialmente por los delitos que cometieran. Desde José de Salamanca (marqués de Salamanca) o Juan March, en épocas pasadas, hasta los Mario Conde, Jesús Gil o Ruiz Mateos, en épocas más reciente. Por no citar aquellos casos en los que políticos envueltos en flagrantes casos de corrupción, se han visto premiados con el voto de la ciudadanía, lo que permite el “envalentonamiento” de esos personajes y con ello la sensación de impunidad que se genera.
Sería justo reconocer que, en los últimos años, se ha generado una cierta dosis de conciencia social que está produciendo una reacción ante los casos de corrupción. Que no olvidemos que, no son otra cosa que delitos. Y como tal no solo deben ser castigados penalmente, sino que la sociedad debe mostrar su contundente rechazo y reprobación.
Quizás sea esto, lo que se ha producido en torno al “chanchullo Cifuentes”, pues independientemente de la reprobación penal que pudiera darse en un futuro, se ha puesto de manifiesto una concepción del ejercicio del poder que, necesariamente necesita de la condena social. Pues si ya es democráticamente inaceptable que un gobernante mienta, y más en sede parlamentaria, lo es mucho más que aproveche su cargo, para obtener beneficios personales en función del mismo. Que considere a las instituciones como algo de su propiedad, que le sirva para ir colocando “peones”, cuya labor consista en establecer una red clientelar donde impere la “cadena de favores”.
Tendrá que ser la justicia quien determine si se ha producido tráfico de influencia, falsedad en documento público o algún delito más, pero lo que parece que está meridianamente claro es que se le ha facilitado una “titulación” académica a la señora Cifuentes, sin que se hayan cumplido las condiciones necesarias para ello. Y esto es un claro desprecio al esfuerzo de miles de estudiantes que, sacrificando su tiempo y su dinero, han intentado obtener unas acreditaciones que les permita competir en mejores condiciones a la hora de optar por determinados puestos de trabajo.
Solo por ese desprecio, ya debería haber dimitido la señora Cifuentes, pero en vista de su enrocamiento, bien ha hecho el PSOE en presentar la moción de censura. Puede que no prospere, que los intereses mezquinos se impongan sobre la decencia, pero la condena social ya está en la calle y ese, es sin duda el camino que hay que continuar para acabar con estas formas de ejercitar el poder. Formas que se acercan más a una sociedad feudal que a una democracia avanzada del siglo XXI.
Rafael Valera 07-04-2018
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El fuero, el huevo y el desafuero.

El “fuero o el huevo” es un tópico español que, tiene diversas interpretaciones, una de ellas se aplica a los casos en que se entabla un pleito por una trivialidad, que no compensa económicamente el coste de plantearlo, pero que se hace por defender un principio que se considera más valioso, o por no sentar un precedente.
Algo así es lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid por el caso del “Master desaparecido”, ese que la señora Cifuentes debió de “extraviar” en una de sus varias mudanzas.
Porque si lo miramos bien, este asunto del “master”, no dejaría de ser una minucia comparado con lo que durante varias décadas ha venido ocurriendo en la capital del reino y sus aledaños. ¿Qué significa el master, comparado con los cientos, miles de millones, que se han dilapidado, se han evadido de las arcas públicas para terminar apareciendo en las cuentas de algunos dirigentes públicos? Podríamos decir que el master es “el chocolate del loro”, algo relativamente pequeño en comparación con las obras faraónicas llevadas a cabo y que luego no tienen utilidad, o que solo la han tenido para algunos empresarios. Esos empresarios que, “presuntamente” financian las campañas del PP, o que donan cantidades que, luego permite distribuir el sobre del “aguinaldo” entre los dirigentes de Génova, 13.
Seguramente se podría afirmar, que la cosa no hubiese llegado muy allá, si la señora Cifuentes hubiese comparecido el día en el que saltó el escándalo, hubiese reconocido que algo de “enchufe” tuvo en la consecución del Master y delante de cámaras y micrófonos hubiera entonado el “mea culpa”, solicitando a continuación el perdón del respetable. ¿Alguien cree que las exigencias de dimisión hubieran durado más de una semana? Seguro que no, que a los pocos días otra noticia hubiera desviado la atención y el “griterío” se habría dirigido para otro lado. Siempre quedaría Cataluña, o se vuelve a lo de la PPR, que tanto “juego” ha dado durante semanas. Y si esto no fuese suficiente, pues un video en el que se pongan de relieve las complicadas relaciones de las reinas. El sentir popular rolaría a estribor, aún más y el pobre master quedaría en el baúl de los recuerdos. Este país no es muy dado ni a la exigencia de responsabilidades, ni a ejercitar la memoria, sobre todo cuando se trata de evaluar el comportamiento de algún@s representantes públicos.

Pero las cosas no han ocurrido así. La señora Cifuentes de enrocó en su fuero, pues a ver quién era el “gracioso” de poner en entredicho su bien actuar en este asunto. La Universidad Rey Juan Carlos (“invento” de Gallardón y refugio de muchos familiares y amigos) por boca de su rector, se agarró también a su fuero, y de inmediato saltó a la palestra para defender a su Presidenta y dejar claro que la institución actuó conforme a normas. También la universidad quería salvar su fuero.

 A contrario sensu, el medio de comunicación que destapó el chanchullo, vio como se le atacaba y se le amenazaba con la clásica “querella criminal”, ¡como si las querellas pudieran ser de otra clase! Y abundó en la defensa de, en este caso, su fuero y de su huevo, pues además del prestigio podrían estar jugándose “el pan”; por lo cual no solo abundó en su investigación periodística y publicó nuevos documentos que avalaban su denuncia, sino que paralelamente, obligó el Rector de la URJC… quizás consciente de haberse pasado varios pueblos en la defensa de lo indefendible… a  poner en marcha una “investigación interna” para aclarar el embrollo.

Con este panorama, agravado con la publicación de nuevas pruebas que pudieran ser constitutivas de delito, se presentó la Presidenta de Madrid ante la Asamblea regional. De su intervención, por contenido y tono, mejor no hablar, quienes lo hayan visto, escuchado o leído, exceptuando a los hooligans Pperos, solo pueden extraer la conclusión de que realmente el Master que Cifuentes ha aprobado, con todo merecimiento y con calificación de “sobresaliente cum laude”, es el de “El cinismo y la mentira aplicado a la práctica política”.

Este desgraciado asunto, está poniendo sobre el tapete el grado de corrupción al que han llegado nuestras instituciones. Una persona que ostenta una representación pública, (Vicepresidenta primera del gobierno Regional de Madrid en el momento de matricularse en ese Master, y Delegada del Gobierno en Madrid durante la teórica realización del mismo)  que entra en juego de las arbitrariedades que, presumiblemente comete una Universidad Pública, para sacar beneficio propio y que además lo reconoce en sede parlamentaria.

Pero no acaba ahí el asunto, porque las personas que formaban el Tribunal, ante el que Cifuentes dice que defendió su Trabajo Fin de Master, saben perfectamente en la tesitura en la que se encuentran, porque hay serios indicios de que ese Tribunal nunca se llegase a reunir y que por tanto el trabajo nunca se llegara a defender. Y esto supondría que (algo que parece más que probable) el acta esgrimida por la Presidenta de Madrid para avalar su defensa del TFM está falsificada, y con ello la comisión de un delito. El de falsificación de documento público. ¿Defenderán ellas su fuero, u optarán por el huevo?

No sabemos que resultado tendrá la moción de censura que se presentará lpor parte del PSOE, es muy posible que salga derrotada, pues aquellos que venían a regenerar la vida política tienen poco interés en evitarla, sino más bien en ser el recambio de los corruptos.

Y llegados a  este punto, el asunto al que Rajoy calificaba de “polémica estéril”, tiene aun largo recorrido, porque los mecanismos de funcionamiento de las universidades van dejando “huellas” digitales en los registros de las mismas y de nada vale en mostrar teóricas actas confeccionadas ad hoc. Y toda la versión defendida por Cifuentes podría derrumbarse como  un castillo de naipes. Pero aún podría tener más enjundia el asunto, puesto que ya se han anunciado denuncias ante la fiscalía para que investigue este embrollo, por lo que durante varios meses el asunto estará en el “candelero”. ¿Será esta la razón por la que C’s se opone a la moción de censura, por la de sacar rendimiento electoral, aunque con ello continúe la corrupción y el descrédito de las instituciones?

Pero este asunto de “fueros y huevos” ha llegado a tal punto que solo puede resolverse con un “arrebato” de honestidad de los miembros de la Universidad Rey Juan Carlos, de una información transparente y documentada del recorrido histórico del expediente académico de Cristina Cifuentes (en lo que a este master se refiere), que quienes fueron los responsables de ese Master, antepongan el “fuero” al “huevo”. Porque si el crédito de esa universidad ya estaba bajo mínimos con los “doctor honoris causa” que ha venido concediendo (Rato, Conde…etc.) o porque uno de sus rectores se viese implicado en un asunto de plagio, aún puede verse más deteriorado con este chanchullo. Sin olvidar que quien fuese Rector en el tiempo en el que Cifuentes  cursa este teórico master, es hoy miembro del Tribunal Constitucional a propuesta del PP, por lo que hasta ese nivel podría salpicar el “lodo”.

De resolverse, de no aclararse este embrollo, habríamos pasado del fuero o el huevo, al desafuero, que no es otra cosa que la acción cometida por una persona en contra de la ley, de la justicia, de la razón o de la consideración hacia los demás.

Rafael Valera 05-04-2018

Largo Caballero. ¡Yunque, sonad!¡Enmudeced, Campanas!

Mañana, 23 de marzo, se cumple el setenta y dos aniversario de la muerte de uno de los hombres, de uno de los socialistas, más importantes de nuestra historia. Ese 23 de marzo de 1946, fallecía en París Francisco Largo Caballero. Socialista, sindicalista, histórico dirigente del PSOE y de la UGT (de la que fue Secretario General durante 20 años), ministro y Presidente del Gobierno  republicano entre septiembre de 1936, y mayo de 1937.

La semblanza biográfica de una persona como Largo Caballero es difícilmente condensable, he intentado hacerlo para que no sea extremadamente larga, y con ello cansada su lectura, espero que, tras ello resulte interesante la misma.

Largo caballero1

Había nacido Largo Caballero el 15 de octubre de 1869, en la Plaza Vieja del madrileño barrio de Chamberí, nombre que se le había dado al antiguo agrupamiento de Los Tejares.  Chamberí fue el barrio de mayor crecimiento demográfico en los decenios finales del siglo XIX y constituía el núcleo del Ensanche Norte, mientras que el barrio de Salamanca había constituido el Ensanche Este y la Arganzuela, el Sur.

En el Chamberí de esos años, se daba el «tradicional asentamiento de artesanos, pequeños comerciantes, trabajadores de la construcción, jornaleros y algún que otro trabajador de fabrica”.

Su infancia se vio condicionada por el desentendimiento que su padre hizo del hogar familiar, por lo que su madre, tras obtener el divorcio (recién aprobado en España por la Constitución de 1869) se enfrentó a la necesidad de cuidar a Francisco mientras buscaba el sustento familiar como sirvienta; quedando Francisco, en muchas ocasiones, bajo el amparo familiar de su tío, hermano de su madre y del mismo nombre que él.

Con pocos años, se traslada a Granada, donde su madre había aceptado el trabajo de empleada en un hotel de la ciudad. Es en esta ciudad, probablemente a la edad de cinco años, cuando Francisco es ingresado en el colegio de Los Escolapios. << El propio Largo Caballero, recuerda en sus memorias, que era una escuela fría y sombría» en la que los escolares —los gratuitos, se entiende— comían tras recibir el alimento en un plato que habían de sostener primero en la mano mientras hacían cola.>> También recoge en sus memorias Largo Caballero: “No puedo decir el tiempo que estuvimos en Granada, pero cuando regresamos a Madrid yo hablaba en andaluz, cosa que hacía mucha gracia a los madrileños.”

De nuevo en Madrid, la vida familiar siguió un ritmo semejante: el trabajo materno en el servicio doméstico y la residencia por el momento, en casa de la familia de Antonia en la plaza de Chamberí.  “Desde mi regreso de Granada, asistía a las Escuelas Pías de San Antón, situadas en la calle de Hortaleza”, recuerda Francisco.

Años después, Largo Caballero diría que, “muy lejos ya del período escolar, aprendió «en folletos, libros, periódicos, etc., especialmente en El Socialista, el problema de la lucha de clases.”

Cercana a la casa donde vivía con sus tíos, existía una fábrica de cajas de cartón; allí comenzó a trabajar ganando un real —veinticinco céntimos de peseta— todos los días que trabajaba. “Mi obligación consistía en dar engrudo al papel para forrar las cajas, y llevarlas a los comercios de Madrid, esto es, a los clientes.” “Este trabajo no era muy agradable porque se me cubrían las manos de sabañones ulcerados. Servir las cajas a la clientela me resultaba penoso, pues tenía que hacerlo lloviese o nevase, con frío o con calor, calzando alpargatas, casi siempre rotas aunque mi tío era zapatero. Se podía decir en mi caso el refrán: «En casa del herrero, cuchillo de palo».

Dejó Francisco, este empleo y encontró otro de aprendiz de encuadernador en un taller situado en la calle de la Aduana, donde no entraba más luz ni ventilación que la que permitía la puerta de entrada. Este oficio le gustaba, pues ¡manejar libros de ciencias! era toda una ilusión, pero la realidad era muy otra, solo se dedicaba a plegar papel, calentar los hierros para grabar las letras en las tapas de los libros y acompañar a la hija del maestro al mercado. Por esta labor recibía un jornal de dos reales (cincuenta céntimos) a la semana y todavía tenía que estar agradecido, pues en aquellos tiempos se consideraba como un favor que le enseñaran a uno el oficio. Estamos hablando de un niño de algo más de siete años, impensable hoy día, pero algo generalizado en aquella época.

Recoge Largo Caballero en el libro “Mis Recuerdos”: Un domingo, después de «recoger», esto es, dejarlo todo en orden para reanudar el trabajo el lunes, recibí el salario y me pareció que la moneda de dos reales tenía más cobre que plata. Hice la reclamación y una lluvia de improperios cayó sobre mí. ¡Cómo!, exclamó el patrón, ¿soy yo un monedero falso? ¿Un canalla o un granuja? ¡Eso lo serás tú, mocoso! Cansado de oír despropósitos y sandeces arrojé la moneda por la rejilla de la cueva y me marché para no volver.

Entraría luego a trabajar en un taller de fabricar cuerdas, donde el trato era denigrante y los insultos e improperios la norma de “comunicación” entre los encargados y los aprendices. Otro trabajo que dejaría.

Con nueve años, y después de mucho deambular por talleres de carpintería, marmolistas, cerrajerías…viendo a ver si necesitaban un aprendiz, el azar le conduce hacía un taller de zapatería, donde tras encontrar una nueva negativa, se entretiene un rato en charla con el anciano del mismo, la llegada del sobrino de este y tras conocer el deseo de Francisco, le ofrece la posibilidad de un nuevo trabajo: ¿quieres ser estuquista?  La respuesta fue inmediata, sí.

“Jamás había oído esa palabra”, reconocería mucho tiempo después Largo Caballero, pero ¡La necesidad acompañada de la inconsciencia, impulsa a la osadía! pues tanto el trabajo, no apropiado para un niño por el esfuerzo físico que se ha de hacer, como el generalizado maltrato que se infringía a los aprendices, le hacía hartamente penoso. Cambia de cuadrilla, se esfuerza y termina aprendiendo el oficio. De tal manera que a los diecisiete años ya es “oficial con dos peones”.

Ingresa, Largo Caballero, en la Sociedad de Albañiles “El Trabajo” de UGT en 1890, y relata de esta forma cómo se produjo su contacto con la UGT y la primera vez que escuchó a Pablo Iglesias en una intervención pública del 1º de mayo.

“Fue trabajando en la carretera de Tetuán de las Victorias a Fuencarral donde oí por primera vez hablar de la Fiesta del Trabajo, del Primero de Mayo y de su significación. Era el año de 1890 y se había celebrado en Madrid un mitin y una manifestación. En el primero hablaron Pablo Iglesias y otros, y el objeto de los discursos fue exponer el programa de reivindicaciones obreras acordado en el Congreso Internacional celebrado en París el año anterior y, muy particularmente, de la jornada de trabajo de ocho horas. Los oradores habían recomendado la unión de todos los obreros en sociedades de resistencia, con objeto de presionar a los gobiernos y obtener de los poderes públicos una ley implantando dicha jornada. Todo eso lo escuchamos a los trabajadores de Fuencarral cuando regresaban de asistir a los actos citados. Nosotros habíamos trabajado. La Diputación no permitió hacer fiesta ese día, que además era de pago de la última decena del mes de abril y el pagador no volvía hasta el siguiente 10 u 11; por consiguiente, los que faltasen a la lista, no cobraban y no podían pagar sus deudas a los suministradores de artículos de consumo. El día 2, después de liquidar mis cuentas, con los acreedores, regresé a mi casa con la obsesión de cumplir lo recomendado por los oradores del 1.° de mayo: asociarme. Lo que oí se me grabó con tal fuerza en mi espíritu, que consideré un deber inaplazable su realización. Teniendo en cuenta la inexistencia de una sociedad de mi oficio solicité el ingreso en la de Albañiles «El Trabajo» domiciliada en la calle de Jardines, 32, donde la Sociedad «El Arte de Imprimir» tenía alquilado un piso y cedía local a otras entidades como «Carpinteros de Taller», «Obreros en Hierro», “Marmolistas», etc. Desde ese día quedé afiliado a la Unión General de Trabajadores de España, a la cual pertenecía «El Trabajo»; desde ese momento estaba unido a millares de obreros españoles; desde ese instante consideré que había contraído deberes y obligaciones incompatibles con la indiferencia sobre cuestiones sociales. Había firmado voluntariamente el compromiso de defender y trabajar por unas ideas: por la emancipación de mi clase, la trabajadora, y me dispuse a cumplirlo. En la sociedad de albañiles «El Trabajo» había cuatro o cinco estuquistas asociados; inmediatamente nos reunimos, cambiamos impresiones y empezamos la propaganda. A los pocos días se habían inscrito cerca de la mitad de los obreros del oficio. La asamblea de constitución de la Sociedad de Estuquistas se celebró en el local cedido por las Escuelas Pías de San Antón, en un aula donde yo comencé a deletrear el Catón. Pablo Iglesias pronunció un discurso exponiendo las ventajas de la organización obrera. Era la primera vez que oía al fundador del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores. Excuso decir con el interés y atención que escuché la palabra sencilla, pero de una lógica y una dialéctica irresistibles del apóstol de las ideas marxistas en nuestro país. Sus palabras produjeron en mi inteligencia el mismo efecto que la luz en las tinieblas. Me parecía increíble que los trabajadores consintiéramos en seguir siendo víctimas de la explotación capitalista, cuando nuestra unión podía dar al traste con esa ignominia; después comprendí lo difícil que es esa unión donde el capitalismo directa o indirectamente usufructúa el poder político y económico, y el obrero, sea intelectual o manual, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo por lo que le quieran dar.”

En 1894, ingresa en la Agrupación Socialista Madrileña, organización en la que desempeña, al igual que en la UGT, diferentes cargos de representación, participando en los diferentes congresos de ambas organizaciones socialistas. En 1918, es elegido Secretario general de La Unión General de Trabajadores.

La entrada en las organizaciones socialistas, inciden de manera profunda en la personalidad de Largo Caballero. Así lo manifiesta en sus memorias: “Se produjo un cambio radical en mi vida. Abandoné toda diversión y distracción que no tuviera un objetivo cultural o instructivo.
Entregué todas las energías físicas e intelectuales de que podía disponer a la defensa y propaganda del ideal voluntariamente abrazado”

Recoge también en sus memorias: “He trabajado de estuquista treinta y dos años; muchos de ellos, simultaneando con el desempeño gratuito de cargos de responsabilidad en la organización obrera y en el Partido Socialista. Cuando comenzaba a emanciparme de trabajar por cuenta ajena, fui elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid, por el distrito de Chamberí, en unión de Pablo Iglesias y de Rafael García Ormaechea, y como tenía que dedicar todo el tiempo a la concejalía, me fue imposible continuar trabajando en el oficio, recibiendo como compensación, de la Agrupación Socialista Madrileña, un subsidio de cincuenta pesetas semanales.” 

Como concejal en el ayuntamiento de Madrid, fue elegido en varias ocasiones, ocupando el cargo entre 1905 y 1909, y entre 1915 y 1919. De la misma manera, fue elegido diputado provincial del PSOE por el distrito Latina-Chamberí de Madrid, ejerciendo el cargo hasta 1915. Ese año volvió a ser candidato por el mismo distrito y en 1921 por el distrito de Universidad-Hospicio sin resultar elegido en ambas ocasiones.

En 1917, sería procesado y encarcelado, junto con Daniel Anguiano, Julián Besteiro y Andrés Saborit, como miembro del Comité de la Huelga General llevada a cabo en agosto de ese año, siendo condenado a cadena perpetua. Su salida del penal de Cartagena, se produciría tras ser elegido diputado por Barcelona en 1918. De nuevo sería procesado por su implicación en el movimiento pro-republicano de diciembre de 1930. Siendo absuelto a finales de marzo de 1931, pocos días antes de proclamarse la República.

Así relata Largo Caballero la detención del Comité de huelga:

“La noche del 15 de agosto nos disponíamos a cenar cuando llamaron a la puerta. Abrió la mujer de Ortega. Eran el comisario y varios agentes. Como la habitación era pequeña nos vieron en seguida y el comisario, dirigiéndose a mí, dijo:

—¿Están ustedes aquí?
—¡Ya lo ve usted! —contesté yo.
—Tengo orden de detenerlos, vénganse conmigo.
—¿Nos permite usted cenar? —pregunté. Dudó un momento y contestó:
—¡Bueno!
Se marchó, dejando con nosotros a los agentes. Estando comiendo observé que uno de ellos se sonreía. No pude contenerme y le pregunté:
—¿Por qué se ríe usted?
—Me río —me contestó— porque comen ustedes como si no ocurriera nada.
—¡No hemos cometido ningún crimen! —le repliqué.
Los periódicos afirmaron que nos encontraron debajo de las camas, y a Virginia, metida en una tinaja.
El comisario debió ir a dar cuenta del hallazgo a sus superiores, y al volver nos invitó a seguirle. Al bajar la escalera observamos que estaba ocupada por soldados armados de fusil y con bayoneta calada. Salimos a la calle, donde nos esperaba un camión y guardia civil a pie y a caballo; las entradas de las calles estaban ocupadas por tropas. Subimos los cuatro al camión, yendo custodiados por guardia civil de a caballo hasta Prisiones Militares.
Pasado el viaducto vimos los bailes de la verbena de la Paloma, y le dije a Besteiro: «¡Qué contraste!»
Al descender del camión a la puerta de Prisiones Militares, el jefe de la prisión —un coronel— nos recibió lanzándonos una sarta de injurias: «¡Canallas! ¡Granujas! ¡Bandidos! ¡Criminales!…», y algo más que no puede transcribirse. Nos encerró separadamente en celdas de soldados, sucias, mal olientes, con centinelas a la puerta y en la ventana del patio con orden de disparar al menor movimiento que se hiciese. La impresión que me producía tanto aparato de fuerza armada era que aquella noche tratarían de liquidarnos.

Durante varios días  permanecieron incomunicados,Durante mi incomunicación pedí libros para leer y me trajeron de mi casa el primer tomo de la Historia General de España de Lafuente. A los tres días, el coronel, me recogió el libro sin decirme las causas. Insistía en el deseo de leer y el Jefe de la prisión me facilitó cuatro o cinco folletos, entre ellos uno de Víctor Hugo titulado: Las últimas veinticuatro horas de un condenado a muerte. ¿Verdad que el obsequio era propio de una persona fina, delicada, culta y humanitaria?

En el periodo de la II República, fue Ministro de Trabajo y Previsión Social entre 1931 y 1933, en el Gobierno de Manuel Azaña. Y Presidente del Gobierno y Ministro de Guerra desde el 4 de septiembre de 1936 al 17 de mayo de 1937.

Al finalizar la Guerra Civil, en 1939, se exilió en Francia, residiendo en París hasta que en junio de 1940, la ciudad es ocupada por los alemanes, por lo que marchó hacia el sur. En su periplo pasó por Albi, Trebas les Bains y Croq. En 1941, el gobierno franquista solicita su extradición, lo cual le lleva a ser encarcelado en Aubusson y Limoges, hasta que ésta petición fue denegada. Permance en libertad vigilada en Val les Bains y Nyoms (Drome) donde, en febrero de 1943, fue detenido por la Gestapo y tras pasar por la cárcel de Neuilly fue deportado al Campo de Concentración de Oraniemburgo, a las afueras de Berlín. Allí fue liberado el 24 de abril de 1945 por tropas polacas y conducido a Postdam, donde estuvo bajo custodia del ejército soviético hasta que el 15 de septiembre de ese año fue trasladado a París. Pocos meses después, debido a los padecimientos sufridos en el campo de concentración, y a la enfermedad renal contraída, sufre un rápido agravamiento que, obliga a intervenirle quirúrgicamente varias veces, hasta provocar su fallecimiento el 23 de marzo de 1946.

Largo Caballero fue una persona de profundas convicciones, ferviente seguidor de Pablo Iglesias; no fue un “teórico” del socialismo, sino un líder autodidacta fraguado en el movimiento obrero, con una visión muy clara sobre la necesidad que tenía la clase trabajadora de contar con fuertes organizaciones. Sin ellas, el trabajador estaba al albur de los deseos de los propietarios, de los dueños de las fabricas o de los cortijos, expuesto siempre a la explotación; de manera que su lucha no podría contar con una mínima posibilidad de triunfo.

Pero al igual que ocurre en nuestros días, el socialismo siempre fue atacado por la prensa burguesa, por los medios “asalariados” del capital, incluso contando con algunos que, procediendo de nuestras propias filas, se ven afectados por un repentino “síndrome revolucionario”. De esta forma se expresa Largo Caballero en 1921: “Es lamentable tener que dedicar una buena cantidad de tiempo y energías en salir al paso de las campañas difamatorias que se están realizando contra el Partido Socialista y la Unión General; pero la realidad es superior a nuestra voluntad, y la realidad es que la casta de difamadores tiene condiciones prolíficas asombrosas y que se suceden unos a otros sin solución de continuidad. Claro que no es posible entretenerse en tirar piedras, y perdóneseme la metáfora, a todos los calumniadores que salen al camino a ladrar a la Unión y al Partido; pero siempre hay que hacer alguna excepción. Fracasado el intento de apoderarse del Partido y de producir en él una grave escisión, algunos que hasta hace poco estuvieron en los puestos directivos de dichos organismos, sin que se les ocurriera una sola vez proponer y defender nuevos métodos de lucha, ahora, a falta de otros menesteres más en armonía con su temperamento revolucionario, emplean sus actividades periodísticas en colaborar en la obra demoledora de calumniar a la Unión General, sin duda para ir preparando el terreno al objeto de que si no pueden tampoco apoderarse de ella, por lo menos producir en sus files el asco, la confusión y la depresión de espíritu. ¡Gran labor revolucionaria!

Siempre mantuvo consciencia de su origen, del porqué de su representación y de a quienes se debía. En palabras propias pronunciadas en un mitin celebrado en Jaén el 5 de noviembre de 1933:  “Os digo que al dejar los cargos no he tenido que volver a la clase obrera, porque jamás salí de ella; me ha bastado con sustraerme a los halagos y las comodidades personales, sabiendo que mi puesto no podía estar más que en el campo obrero. Porque la redención de la Humanidad solo puede hacerla la clase obrera.”

Y esa grandeza y honestidad la mantuvo hasta el final de sus días. Incluso en momentos muy delicados, pues instalado en su condición obrera sin ambages de ningún tipo, en los años del exilio todavía hace constar su única profesión de estuquista en algunos documentos de identidad posteriores a 1939. Su condición de exjefe del Gobierno solo la utilizó alguna rara vez en intentos para salir de Francia con dirección a México.

Fue enterrado en el cementerio de Pere Lachaise con honores de Jefe de Estado.

Así se recogía su muerte en El Socialista

Largo caballero2

Rafael Valera 23-03-2018

Fuentes bibliográficas: “Mis recuerdos” (F. Largo Caballero) 
Largo Caballero (Arostegui, Julio) 
Archivos de la Fundación Pablo Iglesias

 

 

La tragedia y la farsa.

Desde hace algún tiempo, en España se ha repetido como un mantra la necesidad de cambiar la política. Implantar la “nueva política”. Todos podríamos convenir en valorar como “manifiestamente mejorable” el nivel de la clase política española. Todos podríamos aceptar que se ha llegado a una situación, donde el grado de desconfianza entre representados y representantes, aconseja una profunda reflexión sobre el fondo y la formas de hacer política. Y reconozcámoslo, en el fondo todos vimos una oportunidad para ello, con la entrada en escena de los llamados “partidos emergentes”, No ya por que pudiéramos coincidir o no con sus planteamientos, sino por lo que significaba ese “aldabonazo” en el tablero político existente y que necesariamente obligaría a repensar a los partidos tradicionales. Llegaron para “cambiarlo todo”, pero ya conocemos la famosa frase lampedusiana de “cambiarlo todo, para que nada cambie”. Y en esa estamos.

Si algo ha demostrado la historia contemporánea es que la esperanza y deseos de cambio de la gente se desenvuelve de formas diferentes, casi siempre en conflicto entre sí, y bajo modos de opacidad y desconocimiento de la propia sociedad que los origina. ¿Cómo explicarles a los bienintencionados militantes que su progresismo público escondía modos patriarcales absolutos de organizar la vida? Quizás Gil de Biedma, que no fue eceptado en el PCE (porque, decían los dirigentes, los homosexuales son más vulnerables a chantajes), pudiera explicar algo sobre cegueras y “metacegueras”.

La historia nos ha enseñado, o debería habernos enseñado,  que la idea que los movimientos sociales confluyen y convergen en una misma calle de dirección única no sólo es utópica, sino profundamente autoritaria. Se instala el autoritarismo en la oculta presuposición de que todo vale mientras sirva instrumentalmente, aunque solo sea para lograr unos cuantos votos más. No: el conflicto ha de admitirse como origen dramático de ese invento que llamamos democracia. ¿Cabría la democracia en una sociedad sin conflictos, sin el debate permanente sobre el caminar social? Si eso fuese así, tal vez habríamos entrado en esa sociedad que refleja Aldous Huxley en su obra “Un mundo feliz”, y que termina siendo una dictadura perfecta.  «Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.»    

Todos los momentos de cambios sociales, de cambios políticos, han venido precedido de los mismos eslóganes, de las mismas consignas, de los mismos gritos: “nos estáis dejando fuera”; “no nos representáis”; “nosotr@s también somos”, nuestra generación pide paso”, etc., pero una vez superada la fase del “griterío”, la realidad empieza a exigir demostración que había algo detrás de los gritos, detrás de los eslóganes, que ese proyecto etéreo se asienta sobre pies firmes y no sobre “castillos de naipes”.  Que ese “mundo feliz” está sólidamente pensado. Que era algo más que estar en contra de lo existente. Y es ahí donde empiezan a naufragar las ideas huecas, las inconsistentes, las que se han lanzado a voleo para satisfacer a cuantos más mejor, pero que a la hora de llevarlas a la práctica empiezan a ser contradictorias entre si. Y no digamos nada de todo aquellos aspectos que han servido como “azote para la crítica”, pero que se convierten en el “modus vivendi” de quienes antes criticaban.

Carlos Marx afirmaba que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa. El 2 y 4 de marzo de 2016, Pedro Sánchez se sometió a la sesión de investidura como Presidente del Gobierno, el resultado es de sobra conocido, su propuesta fue rechazada ampliamente con el voto negativo de 220 diputados. Unos por razones obvias y otros por simple cálculo electoral. Fue la “tragedia” de la que hablaba Marx.

Luego, ese voto negativo fue justificado con argumentos para todos los gustos, pero encima de la mesa se pusieron una serie de medidas que venían a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, que impulsaban una regeneración de la vida pública y que iniciaban el camino de la recuperación de la política como herramienta para mejorar la convivencia. Ese programa de investidura fue analizado por el Departamento de “Ciencias Políticas” de la Universidad de Madrid, llegándose a la conclusión que el 90% del mismo correspondía al compromiso adquirido por el PSOE en su programa electoral.

Dos años después, tras la consabida repetición de elecciones, con la convulsa legislatura iniciada tras la investidura de Rajoy, con el desastre de gestión que ha llevado a cabo el gobierno en el “asunto catalán”, en asuntos sociales, o en materia de libertades,  con el continuo deterioro de la calidad de vida social y política, se empiezan a expresar los deseos de que por medio de una moción de censura, Pedro Sánchez se pudiera convertir en Presidente de Gobierno. Pero como dejó escrito Heráclito: ” Nadie se baña dos veces en el mismo río…”  Las circunstancias de hoy no son las de hace dos años. Hoy se necesitan 176 votos para ser presidente, hace dos años hubiese bastado con muchos menos, hoy se necesita el voto afirmativo de 16 partidos, hace dos años bastaba que se hubiesen abstenido. Por eso resulta raro, muy raro, que se hable ahora de una moción de censura en la que participe C’s (Echenique dixit), cuando fue precisamente esa participación el argumento esgrimido para votar en contra de Pedro Sánchez, o que se hagan declaraciones diciendo que “Si el PSOE quisiera en dos semanas se echaría a Rajoy” (Pablo Manuel dixit),  porque existen dos razones fundamentales para considerar esas declaraciones como una “boutade”. Pablo Manuel sabe, que él solo podría hablar por su grupo parlamentario (y con dudas más que razonables) pero no lo puede hacer  por otros 20 diputados, de otros partidos, que serían necesarios, para alcanzar la mayoría de 176. Y la segunda razón, es de contenido ¿Qué programa de gobierno se podría acordar con 16 grupos, cada uno hablando de lo “suyo”?

Por tanto, los autores de esas citas, saben que están mintiendo (o al menos no diciendo toda la verdad). No dan los números, ellos lo saben pero juegan con que quienes les escuchan no lo saben. Tienen la experiencia de haber presentado una moción de censura, que más bien fue un “brindis al sol”, pues ni se había hablado con nadie antes de presentarla, ni daban los números, ni había acuerdo para ello, y eso produjo una frustración de la ciudadanía. Ahora parece que estamos en el mismo camino, volver a presentarla y volver a caer en la frustración. Ahora pretenden llegar a la “farsa”.

Este es el este contexto en el que se pretende montar otra operación de “marketing político”, buscando más el efecto mediático que el real, y  ya no hay espacio para la banalización de la política, que tiene que recuperar su supremacía como impulso cívico al servicio de los intereses generales.

Recomendaba Maquiavelo para la crisis de las repúblicas, que la única solución era emprender su rinovazione mediante la búsqueda de un nuevo comienzo. En eso ha de moverse hoy la acción política responsable, actuando para evitar en lo posible, el efecto dañino de las políticas del PP, haciendo pedagogía ante la sociedad para que entiendan que sus problemas tienen otras formas de ser abordados para darles solución. Que no es un “fatalismo divino” al que se ha sometido a nuestro país, sino que es la cara ideológica del capitalismo más salvaje la que ha propiciado el declive social de España. Y llegados a este punto, presentarse ante los electores con un catalogo de medidas que realmente sirvan para mejorar sus vidas. Será entonces, ante los resultados de ese depósito de confianza, cuando habrá que establecer los acuerdos necesarios para obtener la mayoría que permita la formación de un gobierno que ponga fin a los desmanes que, la derecha ha venido haciendo durante estos años.

Hay un viejo refrán que dice: “No dejes camino para coger veredas”. Sigamos pues el camino que ha de conducirnos a lograr la confianza de la ciudadanía, pues es ella la que más necesita de una herramienta que le devuelva la esperanza. EL PSOE ha de ser esa herramienta.

Rafael Valera 05-02-2018

El 4 de diciembre que yo viví.

Se cumple mañana, 4 de diciembre, el cuadragésimo aniversario de las manifestaciones llevadas a cabo en Andalucía para reivindicar su Autonomía en pie de igualdad con el resto de territorios españoles. Fue el 4 de 1977 el día en el que se fraguó la autonomía andaluza. Unos dos millones de andaluces salimos a las calles en las ocho provincias, para reivindicar la concesión de una autonomía plena que nos permitiera a los andaluces decidir y cambiar la situación de empobrecimiento que sufríamos.

El 4D

Muchos han sido los análisis que del significado de esta histórica fecha se han realizado. No voy, por tanto, a caer en la tentación de imitar, o criticar, ninguno de ellos, pero si exponer el error, que a mi juicio se está cometiendo en los últimos tiempos, a la hora de dar el sentido correcto de lo que ese acontecimiento significaba para los dos millones de personas, que expresamos por medio de esas manifestaciones los deseos de ser protagonistas en la decisión del futuro que como entidad territorial nos correspondía.

Digo error en los análisis porque se pretende enjuiciar con el contexto político de hoy la situación de hace cuatro décadas, porque se recurre en ocasiones a comparaciones no homogéneas y porque difícilmente se puede interpretar el sentimiento colectivo que embargaba a los manifestantes.

El 4 de diciembre de 1977, había llegado precedido de algunos “acontecimientos” que propiciaron, o mejor dicho provocaron, que se despertase en Andalucía el sentimiento de un nuevo agravio. Se había iniciado en las Cortes el debate Constitucional, se había restablecido la Generalitad de Cataluña en la figura de Josep Tarradellas y la derecha española, también la nacionalista vasca y catalana, estaban de acuerdo en el restablecimiento de los Estatutos autonómicos que habían entrado en vigor a la fecha de 18 de julio de 1936, día del golpe de estado de Franco. Es decir, se le concedía autonomía plena a Cataluña, País Vasco y Galicia, quedando el resto de comunidades con una mera descentralización administrativa. En otros territorios se debatía sobre la propia configuración territorial que debía establecerse. Se producían divergencias entre la antigua región de Murcia (Albacete y Murcia) debían configurar un ente autonómico o incluirse en otro de forma conjunta o separada. En la propia Andalucía existía un grupo social, aunque muy minoritario, que abogaba a la segregación en dos comunidades: Andalucía Oriental y Andalucía Occidental. Y sin olvidar otros como el llevado a cabo en la futura Castilla y León, que propició hasta la creación de un partido “nacionalista leonés”. Toda la configuración del estado autonómico estaba en el aire, pero algunas cosas iban quedando clara, la derecha española no estaba por la descentralización del poder.

Nos encontrábamos pues en Andalucía, ante una nueva agresión a una tierra ya bastante castigada por las derechas, política y económica, y a la que de nuevo se le relegaba a la dependencia de unos poderes que desgraciadamente concebían -¿Y conciben? esta tierra como el “granero” que proporciona alimentos, pero donde las personas son solo los elementos necesarios para su producción, pero carentes de valor (en sentido crematístico del término) y capacidad para salir de la postración histórica a la que se les había sometido.

No hubo por tanto, una “explosión nacionalista”, sino que se produjo una reacción colectiva contra un agravio, contra la nueva agresión a la que como pueblo (entendido este como el conjunto de ciudadanía que habita en un mismo territorio) nos veíamos venir. O se reaccionaba en ese momento, o estaríamos condenados a la dependencia de las políticas centralistas por muchos años.

Fue la izquierda la que movilizó a la ciudadanía, justo contra la propia burguesía andaluza, que se mostraba de acuerdo con la derecha tradicional española, como se vería luego en la posición tomada ante el Referéndum de Autonomía y su famoso “Andaluz, este no es tu referéndum”, desplegado ante el 28F de 1980.

Fueron PSOE, PCE, UGT, CC.OO y USO, quienes realizaron una fuerte campaña de movilización, a la que se unieron PSA (que en esos tiempos tenían el componente de izquierda que le impregnaba el PSP de Tierno Galván, con el que habían concurrido en coalición en las elecciones de junio), así como otros partidos de la izquierda extraparlamentaria.

Ese fue el componente político-social que condujo al 4 de diciembre. Nada que ver con esa comparación interesada y forzada, que a veces se realiza con la situación de hoy en Cataluña. Si todas las comparaciones son odiosas, esta es además incoherente planteada desde la izquierda.

Es por eso por lo que cuando leo, u oigo, a determinados “lideres” o “lideresas”, hacer análisis interpretativos de lo que ocurrió y significó ese 4D, me entra la duda de si en realidad no estarán más que buscando en esa mítica fecha, un “aval” que valide su posicionamiento político. Pero es muy complicado interpretar un sentimiento colectivo por quienes no lo vivieron, por quienes han nacido y vivido en otra realidad social, por quienes no conocieron la Andalucía de los años 70 del siglo pasado, por quienes se acercan a esa realidad solo por alguna “ojeada” a los libros de historia o al relato interesado de quienes si la vivieron, pero lo hicieron en un segundo plano de relevancia.

Yo solo la viví como ciudadano, como militante socialista que participó en esa campaña de movilización desde la modesta representación de ser el Secretario General de la UGT en mi localidad y miembro del Comité Local del PSOE, pero que junto con muchos compañer@s de estas organizaciones y las antes citadas, fuimos capaces de provocar el desplazamiento hasta Cádiz de miles de portuenses ese 4 de diciembre, posibilitando, seguramente, la mayor de las manifestaciones celebradas en la ciudad (solo le es comparable la llevada a cabo el 15 de febrero de 2003, contra la guerra de Irak)

Como anécdotas, quiero recordar, por un lado, la participación de la juventud en esa gran manifestación, y por otro la coincidencia de reivindicaciones que confluyeron aquel día. Quienes hubiesen viajado a Cádiz en esa época, recordarán que su acceso en vehículo a través del “Puente Carranza”, era de peaje, es decir, recorrer los dos kilómetros que tiene el puente significaba tener que abonar un mínimo de 35 pesetas en cada trayecto (el salario medio de la época podría estar en unas 450 pesetas/día), En meses anteriores se había llevado al Congreso la supresión de ese peaje y el gobierno de la UCD se negó a ello. Ante esta negativa se reivindicó en la calle la necesidad que suponía para las poblaciones de la bahía de Cádiz la supresión de este peaje, pues cada día eran miles los trabajadores que tenían la necesidad de desplazarse en un sentido u otro a través del puente, y muchos de ellos lo hacíamos en coches particulares (aunque se compartiera con otras personas). Para aquel día se solicitó a la empresa concesionaria que no aplicase el peaje, obteniéndose la negativa a esta petición, así que quienes viajábamos en nuestros coches, desplazando a otros compañer@s, (en esa época no había fondos para alquiler de autobuses, por lo que se hizo el desplazamiento en algún transporte público de los pocos que existían, o en coches particulares) decidimos no pagar el peaje, de forma que se organizó la caravana con varios coches encabezándola, que serían los que se saltarían primero el peaje, de forma que todos los que vinieran detrás siguiesen la dinámica y nadie se detuviera en el control. Así ocurrió a la ida con el consiguiente revuelo de los empleados que controlaban el peaje. A la vuelta ya no hubo necesidad de saltárselo, la empresa decidió suprimirlo durante esas horas.

Como todo suele tener consecuencia, tanto la participación de la juventud es este acto como el “salto del peaje”, también las tuvo. Justo después de esa fechas se organizaron las JJ.SS. en mi agrupación. Yo con 25 años, ya no llegué a militar en las juventudes, ya tenía otras responsabilidades destinada a “los mayores”. Y unos meses después el gobierno se vio obligado a suprimir definitivamente el peaje del Puente Carranza.

Son solo recuerdos, pero son mis recuerdos y me llega a ofender la manipulación que algun@s “pseudolideres/as” hacen de una fecha que nos llevó a cientos de miles de personas a decir que no estábamos dispuestos a soportar que la derecha rancia y casposa proveniente del franquismo, definiese nuestro futuro sin contar con nuestra opinión y participación. Por eso salimos a la calle, y lo hicimos con la alegría y capacidad de rebeldía que teníamos. Rebeldía que much@s han perdido, pero que otr@s seguimos manteniendo.

Rafael Valera 03-12-2017

Foto de portada obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez.

25 de noviembre

Se celebra mañana, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Quizás no vendría mal un repaso a la historia, a los hechos, que provocaron esta efemérides. Como siempre, son los hechos trágicos los que hacen que la sociedad reaccione.

El 20 de diciembre de 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que definió el término violencia contra la mujer como sigue:
“Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

Aprobando la Resolución 1/ Resolución 217 A (III). que más abajo se trascribe de forma literal.

El 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Con la elección de esta fecha, se venía a homenajear a las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa, llamadas también Mariposas) que habían sido asesinadas el 25 de noviembre de 1960, por orden del dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo.

El asesinato de “Las Mariposas”,  fue el principio de las desgracias del dictador, pues las muertes causó gran repercusión en la República Dominicana, provocando que el pueblo dominicano se mostrara cada vez más proclive a apoyar los ideales que las Mirabal representaban, contribuyendo a despertar conciencia en el pueblo, y finalmente culminó con el asesinato del dictador el 30 de mayo de 1961.

 

Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer.

La Asamblea General,
Reconociendo la urgente necesidad de una aplicación universal a la mujer de los derechos y principios relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos,
Observando que estos derechos y principios están consagrados en instrumentos internacionales, entre los que se cuentan la Declaración Universal de Derechos Humanos 1/, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos 2/, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales 2/, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer 3/ y la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes 4/,
Reconociendo que la aplicación efectiva de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer contribuiría a eliminar la violencia contra la mujer y que la declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, enunciada en la presente resolución, reforzaría y complementaría ese proceso,
Preocupada porque la violencia contra la mujer constituye un obstáculo no sólo para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz, tal como se reconoce en las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer 5/, en las que se recomendó un conjunto de medidas encaminadas a combatir la violencia contra la mujer, sino también para la plena aplicación de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer,
Afirmando que la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales e impide total o parcialmente a la mujer gozar de dichos derechos y libertades, y preocupada por el descuido de larga data de la protección y fomento de esos derechos y libertades en casos de violencia contra la mujer,
Reconociendo que la violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre,
Preocupada por el hecho de que algunos grupos de mujeres, como por ejemplo las mujeres pertenecientes a minorías, las mujeres indígenas, las refugiadas, las mujeres migrantes, las mujeres que habitan en comunidades rurales o remotas, las mujeres indigentes, las mujeres recluidas en instituciones o detenidas, las niñas, las mujeres con discapacidades, las ancianas y las mujeres en situaciones de conflicto armado son particularmente vulnerables a la violencia,
Recordando la conclusión en el párrafo 23 del anexo a la resolución 1990/15 del Consejo Económico y Social, de 24 de mayo de 1990, en que se reconoce que la violencia contra la mujer en la familia y en la sociedad se ha generalizado y trasciende las diferencias de ingresos, clases sociales y culturas, y debe contrarrestarse con medidas urgentes y eficaces para eliminar su incidencia,
Recordando asimismo la resolución 1991/18 del Consejo Económico y Social, de 30 de mayo de 1991, en la que el Consejo recomendó la preparación de un marco general para un instrumento internacional que abordara explícitamente la cuestión de la violencia contra la mujer,
Observando con satisfacción la función desempeñada por los movimientos en pro de la mujer para que se preste más atención a la naturaleza, gravedad y magnitud del problema de la violencia contra la mujer,
Alarmada por el hecho de que las oportunidades de que dispone la mujer para lograr su igualdad jurídica, social, política y económica en la sociedad se ven limitadas, entre otras cosas, por una violencia continua y endémica, ____________ 5/ Informe de la Conferencia Mundial para el Examen y la Evaluación de los Logros del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer: Igualdad, Desarrollo y Paz, Nairobi, 15 a 26 de julio de 1985 (publicación de las Naciones Unidas, No. de venta: S.85.IV.10), cap. I, secc. A.
Convencida de que, a la luz de las consideraciones anteriores, se requieren una definición clara y completa de la violencia contra la mujer, una formulación clara de los derechos que han de aplicarse a fin de lograr la eliminación de la violencia contra la mujer en todas sus formas, un compromiso por parte de los Estados de asumir sus responsabilidades, y un compromiso de la comunidad internacional para eliminar la violencia contra la mujer,
Proclama solemnemente la siguiente Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer e insta a que se hagan todos los esfuerzos posibles para que sea universalmente conocida y respetada:

Artículo 1
A los efectos de la presente Declaración, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

Artículo 2
Se entenderá que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos, aunque sin limitarse a ellos:
a) La violencia física, sexual y sicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación;
b) La violencia física, sexual y sicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada;
c) La violencia física, sexual y sicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.

Artículo 3
La mujer tiene derecho, en condiciones de igualdad, al goce y la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural, civil y de cualquier otra índole. Entre estos derechos figuran:
a) El derecho a la vida 6/; ———-6/ Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 3; y Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 6.
b) El derecho a la igualdad 7/;
c) El derecho a la libertad y la seguridad de la persona 8/;
d) El derecho a igual protección ante la ley 7/;
e) El derecho a verse libre de todas las formas de discriminación 7/;
f) El derecho al mayor grado de salud física y mental que se pueda alcanzar 9/;
g) El derecho a condiciones de trabajo justas y favorables 10/;
h) El derecho a no ser sometida a tortura, ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes 11/.

Artículo 4
Los Estados deben condenar la violencia contra la mujer y no invocar ninguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir su obligación de procurar eliminarla. Los Estados deben aplicar por todos los medios apropiados y sin demora una política encaminada a eliminar la violencia contra la mujer. Con este fin, deberán:
a) Considerar la posibilidad, cuando aún no lo hayan hecho, de ratificar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, de adherirse a ella o de retirar sus reservas a esa Convención;
b) Abstenerse de practicar la violencia contra la mujer;
c) Proceder con la debida diligencia a fin de prevenir, investigar y, conforme a la legislación nacional, castigar todo acto de violencia contra la mujer, ya se trate de actos perpetrados por el Estado o por particulares; ___________ 7/ Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 26. 8/ Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 3; y Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9. 9/ Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículo 12. 10/ Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 23; y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículos 6 y 7. 11/ Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 5; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 7; y Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
d) Establecer, en la legislación nacional, sanciones penales, civiles, laborales y administrativas, para castigar y reparar los agravios infligidos a las mujeres que sean objeto de violencia; debe darse a éstas acceso a los mecanismos de la justicia y, con arreglo a lo dispuesto en la legislación nacional, a un resarcimiento justo y eficaz por el daño que hayan padecido; los Estados deben además informar a las mujeres de sus derechos a pedir reparación por medio de esos mecanismos;
e) Considerar la posibilidad de elaborar planes de acción nacionales para promover la protección de la mujer contra toda forma de violencia o incluir disposiciones con ese fin en los planes existentes, teniendo en cuenta, según proceda, la cooperación que puedan proporcionar las organizaciones no gubernamentales, especialmente las que se ocupan de la cuestión de la violencia contra la mujer;
f) Elaborar, con carácter general, enfoques de tipo preventivo y todas las medidas de índole jurídica, política, administrativa y cultural que puedan fomentar la protección de la mujer contra toda forma de violencia, y evitar eficazmente la reincidencia en la victimización de la mujer como consecuencia de leyes, prácticas de aplicación de la ley y otras intervenciones que no tengan en cuenta la discriminación contra la mujer;
g) Esforzarse por garantizar, en la mayor medida posible a la luz de los recursos de que dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional, que las mujeres objeto de violencia y, cuando corresponda, sus hijos, dispongan de asistencia especializada, como servicios de rehabilitación, ayuda para el cuidado y manutención de los niños, tratamiento, asesoramiento, servicios, instalaciones y programas sociales y de salud, así como estructuras de apoyo y, asimismo, adoptar todas las demás medidas adecuadas para fomentar su seguridad y rehabilitación física y sicológica;
h) Consignar en los presupuestos del Estado los recursos adecuados para sus actividades relacionadas con la eliminación de la violencia contra la mujer;
i) Adoptar medidas para que las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y los funcionarios que han de aplicar las políticas de prevención, investigación y castigo de la violencia contra la mujer reciban una formación que los sensibilice respecto de las necesidades de la mujer;
j) Adoptar todas las medidas apropiadas, especialmente en el sector de la educación, para modificar las pautas sociales y culturales de comportamiento del hombre y de la mujer y eliminar los prejuicios y las prácticas consuetudinarias o de otra índole basadas en la idea de la inferioridad o la superioridad de uno de los sexos y en la atribución de papeles estereotipados al hombre y a la mujer;
k) Promover la investigación, recoger datos y compilar estadísticas, especialmente en lo concerniente a la violencia en el hogar, relacionadas con la frecuencia de las distintas formas de violencia contra la mujer, y fomentar las investigaciones sobre las causas, la naturaleza, la gravedad y las consecuencias de esta violencia, así como sobre la eficacia de las medidas aplicadas para impedirla y reparar sus efectos; se deberán publicar esas estadísticas, así como las conclusiones de las investigaciones;
l) Adoptar medidas orientadas a eliminar la violencia contra las mujeres especialmente vulnerables;
m) Incluir, en los informes que se presenten en virtud de los instrumentos pertinentes de las Naciones Unidas relativos a los derechos humanos, información acerca de la violencia contra la mujer y las medidas adoptadas para poner en práctica la presente Declaración;
n) Promover la elaboración de directrices adecuadas para ayudar a aplicar los principios enunciados en la presente Declaración;
o) Reconocer el importante papel que desempeñan en todo el mundo el movimiento en pro de la mujer y las organizaciones no gubernamentales en la tarea de despertar la conciencia acerca del problema de la violencia contra la mujer y aliviar dicho problema;
p) Facilitar y promover la labor del movimiento en pro de la mujer y las organizaciones no gubernamentales, y cooperar con ellos en los planos local, nacional y regional;
q) Alentar a las organizaciones intergubernamentales regionales a las que pertenezcan a que incluyan en sus programas, según convenga, la eliminación de la violencia contra la mujer.

Artículo 5
Los órganos y organismos especializados del sistema de las Naciones Unidas deberán contribuir, en sus respectivas esferas de competencia, al reconocimiento y ejercicio de los derechos y a la aplicación de los principios establecidos en la presente Declaración y, a este fin, deberán, entre otras cosas:
a) Fomentar la cooperación internacional y regional con miras a definir estrategias regionales para combatir la violencia, intercambiar experiencias y financiar programas relacionados con la eliminación de la violencia contra la mujer;
b) Promover reuniones y seminarios encaminados a despertar e intensificar la conciencia de toda la población sobre la cuestión de la violencia contra la mujer;
c) Fomentar, dentro del sistema de las Naciones Unidas, la coordinación y el intercambio entre los órganos creados en virtud de tratados de derechos humanos a fin de abordar con eficacia la cuestión de la violencia contra la mujer;
d) Incluir en los análisis efectuados por las organizaciones y los órganos del sistema de las Naciones Unidas sobre las tendencias y los problemas sociales, por ejemplo, en los informes periódicos sobre la situación social en el mundo, un examen de las tendencias de la violencia contra la mujer;
e) Alentar la coordinación entre las organizaciones y los órganos del sistema de las Naciones Unidas a fin de integrar la cuestión de la violencia contra la mujer en los programas en curso, haciendo especial referencia a los grupos de mujeres particularmente vulnerables a la violencia; f) Promover la formulación de directrices o manuales relacionados con la violencia contra la mujer, tomando en consideración las medidas mencionadas en la presente Declaración;
g) Considerar la cuestión de la eliminación de la violencia contra la mujer, cuando proceda, en el cumplimiento de sus mandatos relativos a la aplicación de los instrumentos de derechos humanos;
h) Cooperar con las organizaciones no gubernamentales en todo lo relativo a la cuestión de la violencia contra la mujer.

Artículo 6
Nada de lo enunciado en la presente Declaración afectará a disposición alguna que pueda formar parte de la legislación de un Estado o de cualquier convención, tratado o instrumento internacional vigente en ese Estado y sea más conducente a la eliminación de la violencia contra la mujer.

85ª sesión plenaria
20 de diciembre de 1993

Otro poquito de historia. Un Rey con “contrato eventual”

Se cumple hoy, 16 de noviembre el 147 aniversario de la elección como Rey de España de Amadeo de Saboya. Y recalco elección, porque fue elegido por Las Cortes Españolas para ocupar el trono de España.
La Revolución llevada a cabo en 1868, (conocida como La Gloriosa), provocó la salida de Isabel II, dando lugar a un gobierno provisional presidido por Francisco Serrano y del que formaban parte otros generales sublevados. El nuevo gobierno convocó Cortes Constituyentes, que con una amplia mayoría monárquica, proclamaron la Constitución de 1869, que establecía como forma de gobierno la monarquía constitucional.
Una dificultad inherente al cambio de régimen fue encontrar un rey que aceptase el cargo, ya que España en esos tiempos era un país que había sido llevado al empobrecimiento y a un estado convulso, y se buscaba un candidato que encajara en la forma constitucional de monarquía.
Finalmente las Cortes, encontraron a un posible monarca en la persona del duque de Aosta, Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia, que lo reunía todo para el cargo: procedente de una antigua dinastía (vinculada con la española) progresista, bautizado católico, pero masón.
Fue Amadeo el primer rey de España elegido en un Parlamento, lo que para los monárquicos de siempre suponía una grave afrenta. Ese 16 de noviembre de 1870, el Congreso realizó la votación entre los diputados, produciéndose el siguiente resultado: 191 votos a favor de Amadeo de Saboya, 60 por la República federal, 27 por el duque de Montpensier, 8 por el anciano general Espartero, 2 por la República unitaria, 2 por Alfonso de Borbón, 1 por una República indefinida y 1 por la duquesa de Montpensier, -la infanta María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II – hubo 19 papeletas en blanco.
De este modo el presidente de las Cortes, Manuel Ruiz Zorrilla, declaró: «Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta».
Tras la decisión de las Cortes, una comisión parlamentaria se dirigió a Florencia para dar traslado al duque de lo aprobado. Por fin el 4 de diciembre, Amadeo de Saboya acepta oficialmente esta elección y poco después embarca rumbo a España. Mientras viajaba a Madrid para tomar posesión de su cargo, justo el 30 de diciembre, día que desembarcaba en Cartagena, se produce la muerte del general Juan Prim, que había sido su principal valedor, muere como consecuencias de las heridas sufridas en un atentado tres días antes en la calle del Turco en Madrid.
Llego a Madrid el 2 de enero de 1871, dirigiéndose a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha para rezar ante el cadáver de Prim, trasladándose a continuación a las Cortes, donde realizó el preceptivo juramento:
«Acepto la Constitución y juro guardar y hacer guardar las Leyes del Reino».
Terminando el acto con la solemne declaración por parte del presidente de las Cortes: «Las Cortes han presenciado y oído la aceptación y juramento que el Rey acaba de prestar a la Constitución de la Nación española y a las leyes. Queda proclamado Rey de España don Amadeo I».
Su reinado duró poco más de dos años y estuvo marcado por la inestabilidad política, sucediéndose 6 gabinetes durante ese período, siendo incapaces de solucionar la crisis, agravada por el conflicto independentista en Cuba, y por una nueva guerra carlista.
Siempre contó con el rechazo de carlistas y republicanos, cada uno por razones inherentes a sus intereses; pero también de la aristocracia borbónica, que lo veía como un extranjero advenedizo. Tampoco la Iglesia le vio con buenos ojos, pues apoyó las desamortizaciones, siendo además el hijo del monarca que había clausurado los Estados Pontificios. Tampoco se ganó el favor del pueblo, pues carecía de “don de gentes”, a la vez que no llegó aprender el idioma español.
Tuvo la “habilidad” de unir a toda la oposición, desde republicanos a carlistas. Como ejemplo de ello baste reproducir unas líneas del discurso ante las primeras Cortes de la nueva monarquía del líder republicano Emilio Castelar y Ripoll:
“Visto el estado de la opinión, Vuestra Majestad debe irse, como seguramente se hubiera ido Leopoldo de Bélgica, no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano I de México” (en referencia a que este había sido fusilado)
Se asegura por algunos historiadores, así como la tradición madrileña, que al mediodía del 11 de febrero de 1873 al rey Amadeo I le comunicaron su «despido» mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos; anulando su pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono y, sin esperar la autorización de los diputados (según exigía el artículo 74.7 de la Constitución de 1869), se refugió en la embajada italiana, donde redactó su renuncia por medio de una carta dirigida al Congreso y cuyo texto literal se recoge en el libro de Carmen Bolaños Mejías “El reinado de Amadeo de Saboya y la monarquía constitucional” (texto que debido a su extensión no reproduzco).
El mensaje de su renuncia, dirigido a las Cortes y no al Presidente del Consejo de Ministros, fue leído por su esposa.
Ese mismo día, Congreso y Senado se reunieron en sesión conjunta a deliberar (contraviniendo el artículo 47 de la Constitución). Emilio Castelar y Ripoll redactó la respuesta de la Asamblea Nacional al mensaje de renuncia de la Corona, (texto que debido a su extensión no reproduzco), pero que está recogido en el libro de José Luis Fernández-Rua “1873. La primera república”
A pesar de los intentos de Ruiz Zorrilla por pedir tiempo para convencer al monarca de que regresara, la mayoría formada por republicanos y parte de los radicales, que eran mayoría en el Parlamento, dio por válida la renuncia al trono. Esa misma tarde del 11 de febrero de 1873, se proclamó la Primera República Española.
Sabemos que su reinado duró 2 años, 1 mes y 9 días, lo que desconocemos es si recibió indemnización por el “despido”.

Rafael Valera 16-11-2017

El diálogo como método.

Cuando se manosean las palabras y se prostituyen los conceptos, se corre el riego de no entender el verdadero significado de los términos y se suele caer en simplismos absurdos. Y con ello, provocar una verdadera distorsión de aquello que pretendemos definir.
Una de los conceptos más “manoseados” es Democracia
La democracia no solo tiene su origen en Grecia, sino que deriva de ese idioma.
Demos: Que significa pueblo.
Kratos: Cuyo significado es autoridad o poder.
Cien-preguntas_-Pero-era-de-verdad-democracia_Discurso_funebre_pericles
Por tanto el verdadero significado de Democracia es el de: “Gobierno o autoridad del pueblo”. De allí que se defina a la democracia como “la forma política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno y también al mejoramiento de las condiciónes del mismo”.
Pero esa definición teórica del concepto democracia, quedaría incompleta en la realidad social de hoy, no sería entendible la democracia tal como la entendieron en Atenas. La evolución social, las aportaciones realizadas a través de los siglos, con especial incidencia La Revolución francesa, hacen que la democracia no pueda quedar limitada solo a la forma de gobierno, sino que además ha de ir acompañada de un conjunto de reglas de conducta para la convivencia social y política. Eso que llamamos “ordenamiento jurídico”, de un Estado de Derecho, donde la aportación de Montesquieu y su “Espíritu de las Leyes” es un elemento fundamental.
* La democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción gubernativa por medio del sufragio y del control que ejerce sobre lo actuado por el mismo.
 
* La democracia es la organización, por medio de la política participativa, de la convivencia social. Respetando la separación de poderes, las leyes y los derechos de todos.
Pero la democracia no es solo votar. En el franquismo tambien se votaba. Incluso de elegían procuradores por el sistema del “Tercio familiar”. Y hasta hubo referéndum. ¡Pero no había Libertad!
Democracia no es solo la ley. En el franquismo también había leyes. En Arabía Saudi, Iran o Corea del Norte… también existen leyes, pero tod@s estaremos de acuerdo en no denominar a estos países como democráticos. ¡Porque no hay Libertad!
La democracia como estilo de vida es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de una comunidad.
Por tanto, cuando se vulnera alguno de los conceptos indisolubles de la democracia, esta sufre una agresión, y con ella el conjunto del pueblo. Y quienes cometen esa agresión dejan de ser dignos de ser llamados demócratas, aunque continuamente la invoquen para justificar sus tropelías.
Exigir el respeto a las leyes si estas no van acompañadas del respeto a los sujetos pasivos de la mismas, es de alguna manera iniciar la deriva hacia el autoritarismo. Imponer leyes que vulneren derechos de las minorías, aunque tengan apoyo parlamentario, es caminar hacia regímenes nada democráticos.
Conculcar el principio de separación de poderes, es pervertir el sistema y llevarlo hacia una situación de imprevisibles consecuencias.
Pues en esas circunstancias nos encontramos hoy día en esta “piel de toro” llamada España. Y lo que es aun peor, con una ciudadanía a la que una serie de políticos irresponsables, le exaltan los “bajos instintos” como método de fidelizarla a sus ideas. Donde cada cual se dirige a los “suyos” como si de una sociedad tribal se tratara. Donde el diálogo ha dejado de ser tal, para convertirse en monólogo, y donde parece que hemos entrado en la dialéctica de ver quién la “tiene más grande”, aunque sea esta la capacidad de sacar más gentes a las calles.
Y no, no son esos los caminos por los que hemos de transitar, No es ese el rumbo que como sociedad democrática moderna debemos emprender. Porque en una democracia las leyes no pueden utilizarse contra quienes son los sujetos de las mismas, pero tampoco pueden ser vulneradas por aquellos a los que no les gusta. En una democracia las leyes tienen que servir para organizar de forma respetuosa la convivencia social de acuerdo con los deseos del pueblo, pero también es imprescindible respetar el procedimiento para cambiarlas. Una cosa no puede ser excluyente de la otra, y si el ordenamiento de nuestra convivencia necesita de una adaptación a la realidad de hoy, nadie debería negarse a ello, pero al igual nadie debería vulnerar el procedimiento para hacerlo, porque en democracia el respeto a las normas es algo fundamental.
Nadie debería buscar la excusa de la vulneración de este concepto por algún actor político, para entender que tiene barra libre para “dinamitar” el sistema en su conjunto. Pues si esto ocurre, no solo se llevará por delante la democracia, sino que creará tal incertidumbre de futuro que quizás se produzca aquello que escribió Antonio Gramsci: “Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer“. “En el tiempo y en espacio donde esto ocurre, ahí se presenta una auténtica crisis orgánica, crisis histórica, crisis total”.
La única forma de evitar que se convierta en realidad la cita de Gramsci, es iniciar el diálogo entre los actores políticos. Diálogo sin limitaciones, pero con absoluto respeto a las normas. Diálogo para buscar fórmulas que permitan un acuerdo que sea capaz de organizar nuestra convivencia para unas cuantas décadas. Sin sacralizar lo actual ni demonizar lo futuro. Diálogo sin ventajismo, pero también sin oportunismos. Diálogo sin pretender que nada cambie, ni que cambie todo, sino para encontrar el equilibrio necesario, en el que la inmensa mayoría se sienta cómoda, en ese marco de convivencia y que a su vez permita a quienes no encuentren esa “comodidad”, poder seguir defendiendo sus posiciones con absoluta libertad.
En eso debemos posicionarnos de forma clara los socialistas, pero no hacerlo de forma pasiva, sino siendo activos en divulgar de forma pedagógica la importancia y significado que esta posición tiene para ser capaces de encontrar una solución a la grave crisis generada por el inmovilismo de unos y el aventurismo de otros. Sin olvidar que los responsables de este conflicto son “ramas del mismo árbol”. El árbol del nacionalismo rancio, del saqueo de lo público y de la corrupción sistémica. Responsables que no deberían tener cabida en el nuevo marco político que deba salir de ese diálogo.
Rafael Valera 24-09-2017
Foto de portada: Obra de la compañera Yolanda Iglesias, a la que agradezco su gentileza.

Lealtad y responsabilidad.

El diccionario de la lengua española define el significado de la palabra lealtad como: Firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a los demás“. Y en una segunda acepción: Sentimiento respecto a los propios principios o a otra persona”.

Se puede decir, por tanto, que la lealtad es una virtud que se desarrolla en la conciencia y que implica cumplir con un compromiso aun frente a circunstancias cambiantes o adversas.

¿Pero puede ser disociado el concepto de lealtad del concepto responsabilidad y de antónimo irresponsabilidad? ¿Se puede ser leal desde la irresponsabilidad? ¿En posible ser responsable desde la deslealtad?

Interrogantes sobre las que deberíamos reflexionar tod@s como personas. Pero reflexión, a la que estamos obligados quienes formamos parte de organizaciones que entre sus fines tienen la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia, como medios para transformar la sociedad.

Quizás sea necesario, que antes de continuar con el post, intentemos aclarar en qué sentido se debe entender “responsabilidad / irresponsabilidad“, pues estos vocablos, como ocurre con frecuencia en nuestro rico vocabulario, tienen diferentes significados e interpretaciones dependiendo del contexto donde se ubiquen.

Responsable:

  1. adj. Obligado a responder de alguna cosa o por alguna persona: el maestro es responsable de sus alumnos mientras están en clase.
  2. Culpable de alguna cosa: es el responsable del crimen.
  3. Que cumple sus obligaciones o pone cuidado y atención en lo que hace o decide: es responsable y no hace falta decirle que estudie.
  4. com. Persona que tiene a su cargo la dirección en una actividad: ¿podría hablar con el responsable de la tienda?

Irresponsable:

  1. adj. y com. Que actúa sin medir las consecuencias de sus actos:
    eres un irresponsable, no puedes salir si aún no has hecho los deberes.
  2. [Acto o situación] resultante de una falta de previsión.
  3. Persona a quien no se puede exigir responsabilidad.

Como vemos, no es lo mismo la “responsabilidad” que se define en la segunda acepción que en la tercera. En una se establece la responsabilidad como autor de algo reprochable, mientras que el la otra se elogia el comportamiento por la actitud.

Algo similar ocurre con el término “Irresponsable“, pues también es este caso, es muy diferente el significado de la acepción primera, que la tercera, pues en un caso se hace referencia a la insensatez, mientras que en el otro se exime a alguien de la “culpa” de algo.

Una vez determinados (y espero que aclarados) los diferentes significados que ambos términos (responsable e irresponsable) tienen, solo falta encuadrarlos de forma correcta en el contexto adecuado. Y es, justo ahí, adonde quiero llegar. A la reflexión sobre cuándo y a quienes hay que exigirle un comportamiento leal y responsable, entendiendo este como se define en su acepción tercera: Que cumple sus obligaciones o pone cuidado y atención en lo que hace o decide”.  Y cuando hay que rebelarse contra la deslealtad e irresponsabilidad, entendida esta como “actuar sin medir las consecuencias”.

 Entremos pues, en el “terreno de juego” y veamos:

Quienes pertenecemos a una organización asumimos, el día que entramos en ella, un compromiso de lealtad con la misma, son su filosofía y sus principios, a la vez que con todos y cada uno de los que formamos la misma. Llegando esa lealtad a un punto tal, como la aceptación voluntaria de defender cuestiones que democráticamente acordadas, puedan ser diferentes a lo que individualmente pensamos. Combinamos los términos lealtad con responsabilidad. Somos leales a los principios de la organización y actuamos con la responsabilidad de defenderlos por encima incluso de nuestra posición individual.

No se trata de renunciar a nuestros pensamientos, no. Se trata de defender el pensamiento conjunto de todos por encima del nuestro individual. A eso se llama lealtad con la organización y con el resto de compañeros. Y a eso se le llama responsabilidad para con el conjuntos de la organización.  Pero llegado el momento adecuado y en el foro correspondiente, lo leal y lo responsable es volver, insistir en la defensa de lo que pensamos, e intentar convencer al conjunto, que ese pensamiento es el más adecuado para todos. Esa es la lealtad y responsabilidad que, al menos yo, asumí cuando voluntariamente decidí integrarme en las organizaciones socialistas (PSOE y UGT).

Por tanto, sería conveniente que quienes nos llamamos socialistas practicáramos esa lealtad y responsabilidad. Porque haciéndolo, es la única forma de estar en condiciones de exigir a los demás, por muy “notables” que sean, el respeto y lealtad con quienes nos representan ante la sociedad, bien sea en órganos colegiados o de forma individual.

¿Pero ocurre de tal forma, se practica esa lealtad con responsabilidad?

Cualquier militante que siga el día a día de la vida del partido, puede fácilmente colegir que no siempre se tiene este comportamiento, no siempre se es leal con los principios, con las decisiones emanadas de una mayoría de forma democrática. Si ya tuvimos un claro ejemplo en los fatídicos acontecimientos de hace una año, práctica a la que se le dio continuidad durante el periodo de mandato de la Comisión Gestora, hoy seguimos asistiendo a situaciones muy parecidas en el desarrollo de los procesos de primarias. Procesos en los que se ha demostrado quienes han asumido lealmente lo emanado en del 39º Congreso, y quienes se han escudado en la transitoriedad de una norma, con fecha de caducidad, para no asumir con lealtad y responsabilidad lo acordado por la mayoría de la organización.

Recordemos cómo se regula esto en el artículo 5, apartado b) de los Estatutos aprobados en el 39º Congreso:

“Para lograr la consideración de candidato/a, será necesario conseguir los siguientes porcentajes de avales del censo: (i) un 1% de los avales de los militantes y afiliados directos, en su caso, a nivel federal; (ii) un 2% de los avales de los militantes y afiliados directos, en su caso, a nivel autonómico; y (iii) un 3% de los avales de los militantes a nivel provincial o insular.”

Como hemos podido ver por los procesos celebrados y los que están en curso, diferentes federaciones han puesto en valor lo acordado y se ha optado por aplicar lo que en las resoluciones del congreso se recoge. Hay incluso quien ha ido más adelante estableciendo la segunda vuelta para el caso de que ninguna candidatura alcance el 50% de votos en la primera. Por contra, también hay federaciones en las que se ha mantenido contra viento y marea el 20% mínimo de avales para poder optar a ser candidat@ en el proceso de primarias. Esto, que aparentemente puede parecer inocuo, es en la practica una barrera infranqueable para quienes desde fuera del poder orgánico/institucional pretenden presentarse, pretenden competir. Veamos las dificultades que est@s compañer@s encuentran para ello, en contraposición de quienes optan a competir desde el cargo que ya tienen, o desde los aledaños del mismo.

La primera dificultad que se encuentra un militante para recabar los avales, es no disponer de un censo de afiliados a los que solicitar su apoyo. Por contra, quienes lo hacen desde el cargo consolidado, no solo disponen de ese censo, sino que además disponen del aparato del partido para que se encargue de recogerle los avales. ¿Se compite entonces en igualdad? ¿Por qué si el partido es de todos, hay un@s que se adueñan de él?  ¿Quiénes así actúan, están siendo leales y responsables? ¿Se limita su concepto de lealtad a las personas que “mandan”?

El siguiente escollo que debe salvar un/a candidato/a es que normalmente solo dispone de sus horas libres para poder contactar con la militancia, y que como se ha dicho anteriormente desconoce la totalidad de quienes son . En un proceso que dura 15 días, apenas son 12 tardes en las que tiene que volcar su esfuerzo para conseguir miles de avales. Por tanto, no es lo mismo conseguir miles de avales, que unos cientos de avales, no el lo mismo el 20% que el 3%.  Entonces solo cabe pensar que quienes optan por el 20%, que además lo deciden desde los órganos de poder interno, no pretenden otra cosa que imposibilitar la celebración de las primarias, y que a falta de valentía para decir claramente que están en contra de las mismas, optan por poner el máximo de dificultades para que se celebren. Pero eso si, disponiendo de los recursos del partido, que son de todos, para el uso exclusivo de una parte. Ejemplos ya tenemos para ilustrarnos.,

Practicar la endogamia no es una buena opción en sociedades abiertas y democráticas y quienes la llevan a cabo, han de ser conscientes que produce rechazo, que genera desconfianza y que termina convirtiendo las organizaciones en algo alejado del sentir social. La endogamia puede ser útil durante un tiempo, pero termina “gangrenando” un cuerpo sano.

Pero además,  con esa práctica no solo vienen a  “cercenar” el derecho del simple militante, sino que de alguna manera defienden en la práctica algo así como un  “sufragio activo restringido” para cargos orgánicos e institucionales. Quedando la militancia reducida al “sufragio pasivo”.

¿Actúan con lealtad y responsabilidad quienes llevan a cabo estas prácticas? Desde mi punto de vista no. Puede aceptarse que se contempla en la norma, (norma con fecha de caducidad), pero no es leal ni responsable, ampararse en una norma finiquitada para no llevar a cabo lo que se acuerda mayoritariamente.

Por tanto, a mi parecer, se actúan con deslealtad e irresponsabilidad. Pues no puede definirse de otra forma a quienes, con una tremenda ceguera política, ignoran aquello que demanda la sociedad de mayor transparencia, mayor democracia interna y mejora de los cauces de participación dentro de las organizaciones políticas.

Y como todo es discutible, cómo no lo iba a ser mi opinión, dejo para la reflexión de mis amig@s que lean este post,  una especie de premonición con interrogantes. Premonición que deseo no se cumpla, pero que mi “intuición” me dice que ocurrirá.

¿Qué pasará cuando la sociedad harta de estas prácticas, de endogamia, de clientelismo y nepotismo (que también se da), nos castigue retirándonos la confianza? ¿Qué ocurrirá entonces con quienes en su ceguera, pero en una especie de “autodefensa”, han propiciado el desastre? ¿Por qué ha de ser el conjunto del partido y no ellos, quienes vean censuradas sus actuaciones?

Posiblemente entre l@s afectad@s haya quienes respondan con esa cita tan castiza de “A mí, que me quiten lo bailao”. Aunque much@s de ell@s piensen que les quedaba baile par unos cuantos años más, que aun no les llega la jubilación.

¡Ay, quién pillara una puerta giratoria! Porque no hay para todos.

Rafael Valera 12-09-2017

 

P.D. La fotografía de portada, obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez, a la que agradezco su amabilidad.

 

 

 

Tenemos un problema ¿Pero tenemos la solución?

Sin duda una de las mentes más claras con las que la naturaleza ha “premiado” a la humanidad ha sido la de Albert Einstein. Físico alemán de origen judío que es considerado el científico más conocido del siglo XX.
Quizás por lo que Einstein sea más conocido es por su “Teoría de la Relatividad“, pero fue por sus explicaciones sobre el “efecto fotoeléctrico” y sus numerosas contribuciones a la física teórica, por lo que se le concedió el premio Nobel en 1921. Curiosamente no se le concedió por la “Teoría de la Relatividad”, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla no la entendió, y temieron correr el riesgo de que luego se demostrase errónea.​ En esa época, esta teoría, era aún considerada un tanto controvertida.
Pero a parte de las dotes científicas, a Einstein hay que reconocerle, y agradecerle, el haber dejado para la posteridad una gran cantidad de citas que de alguna manera nos traslada su faceta como pensador, como filosofía de vida, lo que nos hace tener muchas referencias para la reflexión. Una de ellas es:
“No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos al crearlos.”
Bien, pues si analizamos la génesis del problema que hoy copa la actualidad política y social, “el asunto de Cataluña“, observaremos que el mismo se genera por una actuación absolutamente descabellada y ventajista del PP. Con un recurso, al Tribunal Constitucional, del Estatuto de Autonomía de Cataluña, acompañado de una recogida de firmas y de una campaña de boicot a los productos catalanes, lo que supuso “un hito”, en el devenir del crecimiento del independentismo en Cataluña, y del anti catalanismo en España. Su objetivo no era otro que exacerbar el nacionalismo español en el sentido más rancio del término para, por un lado atacar a los gobiernos de Zapatero y de Maragall, y por otro obtener un puñado de votos en el resto de España, ya que en Cataluña habían descartado toda posibilidad de ser mínimamente relevantes. Recurriendo además artículos del Estatuto, que son literalmente iguales a los recogidos en los Estatutos de Autonomía de otras comunidades, que por el contrario apoyaron y no recurrieron. Sin embargo su teórico éxito, al generar una crisis en el gobierno catalán y la renuncia de Pascual Maragall, hizo estallar un sentimiento de agravio en una parte importante de los ciudadanos de Cataluña.
Y  ese “hito” del PP, del que hablábamos antes se agravó con la llegada al gobierno de Cataluña de CDC, y del PP al gobierno de España.  Si por un lado, el PP siguió utilizando este asunto como forma de obtener votos, la deriva independentista de Convergencia Democrática de Cataluña se lleva a cabo con objeto de tapar su mala gestión, sus recortes, sus privatizaciones de servicios básicos y los casos de corrupción que le estallaron. Para ello, hizo lo que ha hecho siempre (al igual que en el caso de Banca Catalana), envolverse en la bandera y trasladar el mensaje de “nos atacan, nos roban, debemos separarnos de ellos”. Cuando en realidad a la mayoría de la sociedad catalana quienes la atacan y roban son los que la mal gobiernan y los que se llevan las comisiones del 3% a sus cuentas a Suiza o Andorra. En eso no hay ninguna diferencia entre los gobernantes de CDC  (o PDeCAT, que es su nuevo nombre) y los del PP. Hay uniformidad de criterio.
Por tanto, nos quedan unas semanas intensas, pero llegará el 2 de octubre y el problema no se habrá “evaporado”, seguirá muy presente y habrá que hacerle frente con la valentía necesaria y el objetivo de resolverlo. Y es justo aquí donde la cita del sabio Einstein adquiere toda su dimensión, todo su valor, porque no será posible que quienes generaron el problema y que además caminan cada día más hacia un “enrocamiento” de sus antagónicas posiciones, puedan resolverlo,
Se requiere por ello, un cambio de mentalidad y de interlocución para afrontar este asunto. Y llegados a este punto solo cabe una posibilidad, la convocatoria de elecciones en Cataluña, cosa que parece cantada, y en España, pues este gobierno ya ha dado muestras más que sobradas de su incapacidad para resolver problemas. Aunque hay que reconocerle la enorme capacidad para crearlos.
Solo espero que el pueblo español, independientemente del lugar en el que residan, no haga realidad ese pasaje de la obra de Albert Camus, “La peste“, que dice:
“Cuando estalla una guerra la gente dice: “esto no puede durar, es demasiado estúpido” y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre.”

Afortunadamente este problema no llega a la gravedad de una guerra, pero no tengo muy claro que los  estúpidos lo entiendan.

 

Rafael Valera 09-09-2017

 

P.D. La fotografía de portada, obra de la compañera Yolanda Iglesias Pérez, a la que agradezco su amabilidad.